“Solo a Emilio Bruzzone se le podía ocurrir abrir una cafetería para servir caldo de manguera en un hotel de cinco estrellas, idea que luego todos querrán adoptar”.
“Saben guardar los secretos de la cocina ancestral, la que comían nuestras abuelas, también imaginar presentaciones actualizadas”.
En esta bombonera que es La Canoa quedaron atrapados miles de recuerdos: jóvenes que allí se reunieron y ahora son grandes ejecutivos, parientes o amigos que nos acompañaron y ya no están con nosotros. Viento en popa, aquella canoa desafía temporales, cruza como dieciocho gobiernos, conoce problemas, enfrenta desafíos.
Solo a Emilio Bruzzone se le podía ocurrir abrir una cafetería para servir caldo de manguera en un hotel de cinco estrellas, idea que luego todos querrán adoptar. Los inicios del Hotel Continental fueron arduos, en una época políticamente inestable. Emilio se endeudó a diez años de plazo con tres millones de dólares en la Corporación Financiera Nacional. Se levantó la construcción.
Se ingresaba por la calle Aguirre. Recuerdo haber estado allí en compañía de Leo Marini, Julio Iglesias, Alberto Cortez, y a través de los años innumerables veces, pues quien no conoce esta zona probablemente no sabe de Guayaquil. Frente a la Catedral con su parque de las iguanas se halla el nuevo acceso.
Emilio Bruzzone es hombre de carácter fuerte, exigente, lo que, de cierto modo, explica su éxito. Cuando el ingeniero encargado de la construcción fallece de un infarto, Emilio toma a su cargo la obra, los planos.
En 1974 se inauguró el primer hotel realmente moderno de la ciudad. El famoso salón Los Candelabros marcará una época presentando a grandes artistas nacionales e internacionales, el restaurante El Fortín se convierte en el mejor de la ciudad. El ‘rinconcito’ bautizado como Santa Ana acoge a los noctámbulos ávidos de escuchar música romántica, éxitos de Rocío Jurado o Rocío Dúrcal en la voz privilegiada de Luz Marina Zuloaga. Creo que todo eso es historia.
Pero si las paredes de La Canoa pudieran hablar, nos contarían la historia de parejas que aquí se formaron para culminar en romances casuales, matrimonios formales, desayunos de negocios en los que se tomaron importantes decisiones. Abierto las veinticuatro horas del día, se me hace que a La Canoa llegan más clientes de madrugada que al mediodía. ¿Dónde más se puede culminar una farra?
¿Qué se puede esperar de este restaurante? Pues los manjares tradicionales de la gastronomía ecuatoriana. Los apurados hallarán sándwiches y hamburguesas.
Saboreé un excelente caldo de manguera. En La Canoa saben guardar los secretos de la cocina ancestral, la que comían nuestras abuelas, también imaginar presentaciones actualizadas. Fue el caso del dulce de tres leches que escogí como postre.
Les recomiendo el bufé desayuno en el que podrán comer y repetir las veces que quieran por $14. Hay días en que uno desea el clásico huevo frito con jamón, otros en que nos apetece un bolón de verde con café, muchines, humitas o panqueques.
Emilio, hombre perfeccionista (recuerdo la época en que elaboraba su propio prosciutto) debe a estas características suyas el empeño que le permitió vencer todos los obstáculos, culminar sus sueños. Hiperactivo, culto, escribe en varias revistas, me dio un curso de ictiología mientras comíamos albacora, lo recuerdo como organista en casa de nuestro común amigo Mike Gordon.
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Comentarios (2)

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felicitaciones al dueno de este restaurant por su perseverancia.
Norma Hidalgo