Max Brod, editor de la obra de Franz Kafka y custodio de su controvertido legado, está siendo objeto de un creciente interés en la República Checa, su país natal, donde destacadas obras suyas aún no han visto la luz.Escritor judío de habla alemana, como Kafka, Max Brod (Praga 1884, Tel Aviv 1968) popularizó también la cultura checa más allá de sus fronteras con sus traducciones y sus novelas históricas.
Además de judío creyente, aunque no ortodoxo, y de sionista convencido, fue un amante ferviente de lo germano, una cultura de la que nunca pudo desvincularse pese a la tragedia que supuso el ascenso al poder en Alemania del partido nazi, que propagó la superioridad de la raza aria, dijo el germanista Jiri Munzar.
Brod fue homenajeado en la sede de la Sociedad Franz Kafka, de Praga, donde estudiosos acercaron también al público episodios menos conocidos de su vida.
Entre ellos, Munzar glosó la novela Der Meister (El maestro, 1952), escrita poco después de la muerte de su hermano y de su mujer, Elsie, y en la que refleja su acercamiento al cristianismo tras haber llegado a Tierra Santa. “Sin religión no puede haber liberación social. (...) La dignidad sola no llega y sin devoción a Dios no se puede alcanzar nada”, destacó de su obra Munzar. Brod no encontró a Jesús en la Europa cristiana, sino en la Palestina judía”, dijo Munzar.
Otro de los manuscritos sin ver la luz y que ha espoleado el interés de los “kafkianos” ha sido la carta que el autor escribió en 1919 a su autoritario padre. Efe
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