Marie-Henri Beyle (1783-1842), escritor francés del siglo XIX, autor de Los recuerdos de egotismo.
“Las únicas cosas que he amado apasionadamente en mi vida son Cimarosa, Mozart y Shakespeare. En Milán, en 1820, quería poner estas palabras en mi tumba. Cada día pensaba en esta inscripción, creyendo firmemente que no tendría paz en mi mente excepto en mi tumba. Quería una lápida de mármol con la forma de una baraja de naipes...”. Esta frase de Marie-Henri Beyle (1783-1842), mejor conocido como Stendhal, se la encuentra en su breve autobiografía Los recuerdos de egotismo, y es un buen espejo de su vida personal y literaria.
Por supuesto que la lista de amores apasionados de Stendhal no se limitó a las óperas de Cimarosa, la música de Mozart y la poesía de Shakespeare. Sus numerosos y convulsionados romances y su profunda admiración por las artes bien podrían incluirse en el corazón de este gran escritor francés.
Su confesada “azarosa vida privada” –narrada con su particular estilo en este libro– ofrece una inusual oportunidad para explorar la mente de quien se ha dicho fue el primer novelista moderno.
En el recuento que hace de su vida durante los años 1821 y 1830, Stendhal da un pincelazo aquí y allá de sus impresiones sobre los hechos políticos, sociales y artísticos que lo rodearon, sin que haya una aparente lógica entre los unos y los otros. Y, sin embargo, no tanto desde un ángulo histórico, Stendhal logra captar en estas líneas la esencia de la experiencia humana.
Desde los retratos que hace de sus amigos y colegas en el oficio de escribir, hasta sus sentimentales recuerdos de jardines y representaciones de óperas, así como sus tiernas descripciones de té con prostitutas en Londres, Stendhal ubica lo mundano junto con lo más extraordinario, dándole a esta coexistencia un asombroso efecto.
A lo largo de su opus literario Stendhal parece convencido de que la felicidad puede desvalorarse si se intenta atraparla en la escritura. De allí la melancolía que se encuentra al final de sus grandes novelas (La Cartuja de Parma y Rojo y Negro, fundamentalmente), donde la juventud, la belleza, el talento alcanzan una fugaz y muchas veces silenciosa felicidad para luego morir, dejando al novelista la terrible carga de registrar su fatal destino en detalle.
Hegel observaba que las páginas felices de la historia están en blanco. Los personajes de Stendhal parecen condenados, como el propio Stendhal en su vida, a intentar llenarlas, aunque con relativo éxito. Hay varias ediciones en español de esta obra que, aunque no es muy conocida, creemos que es esencial para apreciar la obra de este gran escritor francés.
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Rinconcillo
Mark Twain y la censura
Mark Twain era el tipo de persona que podía contar un chiste grosero y luego disculparse sentidamente, que escribía cosas que sabía iban a resultar ofensivas para muchos y se guardaba otras por la misma razón.
Un siglo después de su muerte, Mark Twain continúa luchando con los críticos de su lenguaje. Al escritor y humorista le preocupaba tanto el impacto de lo que decía en público que se abstuvo de publicar ensayos contra la religión y dispuso que debían pasar 100 años de su muerte antes de que se publicase su autobiografía. El primero de tres volúmenes de la versión íntegra, publicada en el 2010 y con comentarios mordaces sobre los empresarios y los militares, resultó todo un best-seller.
Twain creía en la búsqueda de la verdad. Las aventuras de Huckleberry Finn irritaron a mucha gente cuando fue publicado por primera vez y sigue haciéndolo 126 años después.
La novela más famosa de Twain está siendo publicada junto con Las aventuras de Tom Sawyer por NewSouth Books en un volumen que saldrá a la venta en febrero. En esa edición se reemplazó la palabra nigger (negro, en tono despectivo), de uso común por el año 1880.
“Era un caballero victoriano, o trataba de serlo”, comentó el biógrafo de Twain, Ron Powers. “Le importaba el que su esposa aprobase lo que escribía y quería complacer al público. Pero había ciertos terrenos, como el de la raza, en el que era intrépido”, manifestó.
“Caminaba por una línea muy tenue y podía terminar en cualquier lado, y resultar muy conservador o ir demasiado lejos y decir cosas en
broma que no causaban ninguna gracia”, dijo Robert H. Hirst, editor general del Proyecto Mark Twain en la sede de Berkeley de la Universidad de California. AP
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