Jerome David Salinger (1919 – 2010), autor de El Guardián entre el centeno.
Es difícil no asociar el nombre de J.D. Salinger y su magistral obra, El guardián entre el centeno, con la generación de la década del cincuenta, con esa generación que sembró las semillas de la rebelión de los años sesenta donde la cultura de la sociedad de consumo capitalista fue puesta en jaque por casi quince años. Su lectura hoy en día (o relectura, según el caso) puede parecer un acto de inquisición histórica pero es una experiencia que dista mucho de la aquella que causó en quienes caía el libro durante esos turbulentos años.
Pero más que señalar una época, lo que marca El guardián entre el centeno, y lo hace con profundo desgarro, son los años de desconcierto que todos hemos vivido mientras construimos el puente que nos llevará a los desconocidos años de la adultez. Esto probablemente explica en parte su actual vigencia. Un verdadero clásico del siglo XX.
El protagonista de la novela, Holden Caulfield, un adolescente en constante guerra contra el mundo de los adultos, devino casi instantáneamente en el símbolo de la alienación de los jóvenes estadounidenses frente al escenario en que les tocó vivir. Un símbolo que no se demoró en llegar al otro lado del Atlántico.
Lo que hace fascinante a la obra –sencilla, por lo demás, en su trama– es que ella no solo navega en los contrapuntos del joven Holden con su entorno histórico, sino que dichas contradicciones son prácticamente las mismas, aunque con diferentes matices, de las que iba a encontrarse la siguiente generación. Las serias dificultades que sentía y que aún siente la mayoría de los jóvenes para mantener una relación positiva no solo con sus padres, sino con sus amigos y con todo lo demás.
El enigmático título de la novela Catcher in the Rye (traducido al español como Guardían entre el centeno) cobra sentido al avanzar la trama. Holden llega a la conclusión de que su misión es la de evitar que otros niños como él caigan en la vulgaridad e hipocresía de los adultos. Su tarea es agarrarlos (como el catcher en el béisbol) antes de que esto suceda. Lo del campo del centeno (rye, en inglés) hace referencia a un verso del poeta escocés Robert Frost que Holden escucha de boca de un niño.
J.D. Salinger no solo supo captar una época, sino un párrafo de nuestra existencia. El éxito editorial (llegó a venderse un cuarto de millón por año) de la obra lo venció prácticamente a J.D. Salinger. Luego de ella no publicó casi nada y optó por retirarse a New Hampshire, donde vivió en una verdadera reclusión. Lejos de los críticos, de los actos sociales, de la prensa, lejos de todo. Su última entrevista la dio en 1980.
Además de su inmediata familia, los únicos con los que J.D. Salinger tuvo un contacto regular fue con sus abogados. Durante muchos años se dedicó a defender con todo celo sus derechos de propiedad sobre su obra ante intentos de aprovecharse de ella. Se dio el lujo de negarle inclusive a Steven Spielberg los derechos para una adaptación fílmica.
J.D. Salinger, quien vivió la paradoja de ver crecer su fama escapando de la fama, falleció en enero de este año a la edad de 89 años. Hay varias versiones en español de El guardián entre el centeno. Una de ellas es la de Alianza Editorial del 2007.
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