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La vida de cada día

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Carmen Amoraga, autora de la novela  El tiempo mientras tanto.


Tal como frente a la carta de un restaurante una se decide por un plato que nunca ha probado solo por los ingredientes que se citan y por el afán de experimentar, entre la oferta librera de estos días me decidí por una autora que nunca había leído y que ni siquiera conocía, únicamente por una breve reseña de solapa y por el afán de saber qué tal escritora era.

Su nombre: Carmen Amoraga, y el título de su obra, El tiempo mientras tanto, libro con el que resultó finalista del Premio Planeta de Novela 2010. El vencedor del certamen fue Eduardo Mendoza, con Riña de gatos Madrid 1936, un libro que también estaba frente a mí. Pero entre Mendoza y Amoraga opté por esta última. Elecciones de lectora que pasan por el gusto o por el ánimo de ese preciso instante en que toca escoger.

Periodista de radio, televisión y prensa, finalista del Premio Nadal con la obra Algo tan parecido al amor, Carmen Amoraga entrega en El tiempo mientras tanto una historia bastante cinematográfica, que recuerda, de cierto modo, a la película Hable con ella, del cineasta Pedro Almodóvar, a la que incluso cita en sus páginas. De hecho, esta escritora pertenece a la generación de españoles que vieron consagrarse al realizador manchego y volverse un referente.

La protagonista es María José, quien sufre un accidente y está al borde de la muerte, internada en un sanatorio. La novela repasa su vida y la vida de la gente que la rodea: su madre, una mujer peleada con sí misma que nunca valoró los instantes que habitó con su hija, salvo ahora, en retrospectiva; su padre, un ser deslucido que la comprendió siempre, en silencio; Joaquín, el hombre del que se enamoró desde niña y con el que finalmente se casó; Marga, su mejor amiga, su cómplice; Cleopatra, la cubana que la cuida, una migrante en España.

El lector, paso a paso, reconstruye la vida de María José. No es ella la que habla. Son los otros, con sus acciones, con sus recuerdos, los que configuran la existencia de esta mujer que nunca se sintió bella y que luchó contra el sobrepeso. De esta mujer que desde niña se enamoró con frenesí de su vecino, para luego descubrir, con dolor, que esos amores de telenovelas, de películas, difícilmente se dan en la vida real.

Su madre, su padre, su mejor amiga, todos confluyen alrededor de María José, y a la par, el lector se va enterando de detalles de cada uno de ellos, protagonistas de vidas sin matices, que creyeron tener entre sus manos su destino, pero que en algún momento lo extraviaron. Ahora los convoca una enfermedad, la amenaza de una pérdida, pero las pérdidas para ellos sucedieron mucho antes: cuando se eximieron de soñar, cuando decidieron no batallar y dejaron que la rutina los arrastrara hacia donde ella quisiera. Cuando siendo amigos, o esposos, o familiares, se impuso entre ellos la distancia, la indiferencia.

La enfermedad de María José es como una segunda oportunidad para todos. Es el tiempo de los recuerdos, de los balances y tal vez de las acciones para estos seres que están inconformes con sus vidas, pero que no habían hecho nada por cambiarlas.

El tiempo mientras tanto es una novela emotiva, de lectura rápida, que convoca al lector a la reflexión sobre su propia existencia. ¿La vida que llevamos es la que realmente queremos o es a la que nos hemos acostumbrado? Es una obra que aprecié leer. Fueron 294 páginas.

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Reeditan ‘La siesta de M. Andesmas’, la obra más poética de Marguerite Duras

La escritora francesa Marguerite Duras dijo que nunca escribió una sola línea que no hubiese vivido. Ahora se reedita en castellano uno de sus libros tempranos La siesta de M. Andesmas, una joya poética, donde ya están sus obsesiones, las dependencias pasionales, la enajenación o el olvido.

Así lo valora la española Amelia Gamoneda, traductora de este texto, que saldrá en España, editado por Demipage, a finales de este mes de enero, y en Colombia, México, Chile, Argentina y Perú a finales de febrero.

Gamoneda conoce y ama este libro desde su adolescencia, cuando se lo regaló su padre, el poeta leonés y premio Cervantes Antonio Gamoneda, para quien esta novela es emblemática y fascinante.

El título del libro, que se llamó en su primera traducción al castellano Una tarde de M. Andesmas, es un juego, un anagrama y un guiño y crítica a los tres hombres que compartían la vida de Duras cuando escribió la novela, en los años sesenta, dos amantes y un amigo: Antelme, Des Forts y Mascolo (Andesmas).

En cuanto a la narración, Amelia Gamoneda precisa que “tiene toda la sensibilidad discursiva de su temática y sus peculiaridades narrativas; pero es un libro discordante en el conjunto de la obra de su obra”.

Y es que en el libro no hay un erotismo explícito, pero es un elemento que subyace, y el lector está esperando que en cualquier momento se desate alguna situación sexual. EFE
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