Hernán Rivera Letelier (1950), autor de la novela Los trenes se van al Purgatorio.
Hernán Rivera Letelier es el escritor de los olvidados. Recupera la memoria de los pueblos y de la gente común, de la que vive en los márgenes, casi en silencio.
Me alegró que ganara el año pasado el Premio Alfaguara de Novela por la obra El arte de la resurrección, en la que el protagonista es El Cristo de Elqui. Y disfruté, hace poco, un reencuentro con este personaje en la novela Los trenes se van al Purgatorio, un trabajo del año 2000 que se ha reeditado en la colección Punto de Lectura y que recién leo.
El Cristo de Elqui es un personaje recurrente en la literatura del autor chileno. En Los trenes se van al Purgatorio es uno de los pasajeros de los vagones que van a la pampa. No es el protagonista, porque en realidad aquí lo que hay es un abanico de personajes e historias articulados por el tren. En los vagones viaja una diversidad de personas indigentes, algunas de las cuales acuden a trabajar a las salitreras, un espacio que Rivera Letelier, nacido en Talca en 1950, conoce muy bien, pues él laboró en estas.
Es en esos parajes que el narrador instala muchas de sus obras, entre ellas La contadora de películas, que tiene como protagonista a María Margarita, una niña de memoria prodigiosa que narra a los pobladores los filmes que ve. Esa novela recorre la vida de la joven, la de su padre, la de su madre ausente, la de sus hermanos y la de los habitantes.
También en Los trenes se van al Purgatorio, Rivera Letelier da cuenta de la gente, de un conjunto de personas anónimas, marginales, que no se conocen entre sí, pero que están emparentadas por las carencias de diversa índole. Y por la complicidad y cercanía que da el viajar durante varios días y noches en un transporte atestado, que es un micromundo. Va allí la madre inconsolable en búsqueda de su hijo, que –según le han dicho– ha muerto en las salitreras; la madre que llora el fallecimiento de su pequeña hija enferma; la niña que es violada; el ciego que canta las canciones de Julio Jaramillo; la pareja de enamorados que se transporta ilusionada con su amor y con el espejismo de un mejor porvenir; el bandoneonista que recuerda al amor de su vida; el grupo de gitanos, la cartomántica que lee el destino de los viajeros, y tantos otros personajes.
Rivera Letelier se revela como un profundo observador de las vidas cotidianas, de esas pequeñas historias de las que está poblada la existencia. Y el lector es un viajero más del tren. Conmueven esas vidas. Atrae la forma como el autor narra los hechos. Hay poesía hasta en el dolor, en las ausencias o en la desolación.
“Soy un amante de las palabras. Me encanta buscar el vocablo preciso para que la frase quede musicalmente perfecta. Soy un poeta que escribe novelas”, ha afirmado alguna vez Rivera Letelier. Y luego de leer obras como Los trenes se van al Purgatorio o La contadora de películas, no se puede sino estar totalmente de acuerdo con esa afirmación. Y celebrarla.
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Presentan ‘El libro de las nubes’
La escritora estadounidense de origen mexicano Chloe Aridjis presentó la versión en español de su primera novela, El libro de las nubes, una visión de la ciudad de Berlín a través de la mirada de su protagonista, una mujer que vive sola en la capital alemana intentando desprenderse de su pasado.
El libro de las nubes fue publicado originalmente en Estados Unidos bajo el título Book of Clouds, en el 2009, y ve ahora la luz en español por la editorial Fondo de Cultura Económica.
La protagonista de la novela, Tatiana, es una mexicana proveniente de una familia en la que el autoritarismo se alza sobre todas las cosas y que se instala en Berlín para escapar del yugo familiar.
Su soledad se ve interrumpida cuando empieza a transcribir los textos de un viejo historiador.
“No soy Tatiana, pese a que siempre existe una línea borrosa entre el autor y sus personajes, sobre todo cuando se comparte geografía, como es el caso”, comentó Chloe Aridjis, quien en el pasado vivió cinco años en Berlín, al igual que la protagonista.
La historia de El libro de las nubes centra su atención en la importancia que tiene el pasado en la cimentación y construcción del ser humano y de una ciudad como Berlín. El libro de las nubes obtuvo en el 2009 el Premio a la Mejor Primera Novela Extranjera publicada en Francia.
EFE
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