Gregorio Marañón (1887-1960), autor de la novela Tiberio, historia de un resentimiento.
No es difícil entender por qué ha ido creciendo en los últimos años el interés por el resentimiento. En tiempos marcados por profundos conflictos, tanto individuales como colectivos, es natural ponerle atención a una actitud tan propensa a la destrucción del que lo experimenta como de terceros.
Una de las más antiguas muestras de lo pernicioso del resentimiento la encontramos en la decisión de Eróstrato de incendiar el templo de Diana en Éfeso en el 356 a.D., resentido –según el mismo lo admitió luego– por el menosprecio que sentía de sus pares y a la poca notoriedad que había alcanzado. Shakespeare dejó un cuadro magistral del resentimiento en la figura de Yago, quien resentido por la forma como había sido desplazado por Casio en sus relaciones con Otelo decide destruirlo tanto a este último como a su esposa, Desdémona.
Pero uno de los mejores aportes al estudio del resentimiento es, sin duda, la biografía de Tiberio, el segundo emperador romano, escrita por Gregorio Marañón (Madrid, 1887-1960) allá por 1939 (Tiberio. Historia de un resentimiento), que ha sido reeditada en el 2006 por Espasa-Calpe.
Considerado por muchos años como una suerte de monstruo por el grado de maldad que llegó a engendrar cuando alcanzó el poder, Tiberio –quien fue un emperador renuente a ser tal– es revelado en sus profundidades del alma por Marañón, en un esfuerzo por explicar su conducta dentro de un patrón más general del comportamiento.
Las difíciles experiencias de su niñez, así como de su adolescencia, explicadas por Marañón, fueron creando un arsenal de sentimientos que habrían de estallar posteriormente.
Para el escritor español, “el resentimiento es una pasión que tiene mucho de impersonal, de social. Quien lo causa puede haber sido no este o aquel ser humano, sino la vida, la ‘suerte’. La reacción del resentido no se dirige tanto contra el que pudo ser injusto o contra el que se aprovechó de la injusticia, como contra el destino…”. Es una suerte de combustible que suele acumularse en ciertas almas, pero no en otras.
Y luego agrega: “Pero, si alguna vez alcanzan a ser fuertes, con la fortaleza advenediza que da el mando social, estalla tardíamente la venganza, disfrazada hasta entonces de resignación. Por eso son tan temibles los hombres débiles –y resentidos– cuando el azar les coloca en el poder...”.
Aunque médico de profesión y científico de vocación –sus estudios de endocrinología constituyeron un avance importante en su época– Marañón fue un ensayista y escritor de primera línea. Es el autor de un interesante estudio psicológico sobre Don Juan, así sobre la vida del Conde de Olivares, que también recomendamos.
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Boris Izaguirre y su última novela
Dos monstruos juntos, la última novela de Boris Izaguirre, responde fielmente a su espíritu de ‘cronista’ y a su sentimiento de que, ante una debacle económica como la actual, no podía dejar pasar la oportunidad de indagar en los peligros que acechan a la corrupción.
Aunque el escritor en una entrevista con Efe advirtió de que no era “juez de nada”, reconoce que la novela tiene moraleja: “No podemos seguir pasando por la vida creyendo que individualmente no somos responsables de nada de lo que sucede en el mundo”.
En su opinión, la responsabilidad de la actual crisis mundial no es exclusivamente de los presidentes y los banqueros, por lo que considera que todo el mundo debería reflexionar como ciudadano sobre su propia responsabilidad.
Dos monstruos juntos se adentra en el universo de los negocios sucios, la corrupción, el dinero fácil y los paraísos fiscales, y en ella, a través de la crítica social, traslada al lector a la decadencia del mundo de los valores de la mano de una pareja de éxito, Alfredo y Patricia, dos empresarios hosteleros que ascienden en la escala social mientras caen por la pendiente de la corrupción.
La obra, según su autor, no habla tanto del amor como de la pareja, que forma por sí misma un personaje e invita a reflexionar sobre “el peligro de formar una pareja” porque, según la particular visión de Izaguirre, “toda pareja de larga duración está destinada a hacer una serie de arreglos y asumir condiciones que terminan por convertirlos en dos monstruos juntos”.
EFE
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