Se estima que las montañas ecuatorianas albergan alrededor de 1.500 especies de plantas vasculares, como esta Gentiana en la Reserva Ecológica Antisana.
Especies de saltamontes, como el Boja, se encuentran en la Reserva Siempre Verde.
Un nuevo libro celebra las infinitas maravillas de la naturaleza en nuestro país después de cuatro años de trabajo e investigación.
Una flor que brota del hielo, un paisaje tropical con un cielo rosado como fondo, un sapo que parece extraterrestre hollywoodiano, una abeja que bebe la lágrima de una tortuga o un grupo de chinches hediondos que se asemeja a un delicado diseño textil...
Las palabras se quedan cortas frente al deleite y asombro que suscitan las más de 200 fotografías recogidas en el libro Biota máxima, un homenaje a la biodiversidad del Ecuador.
Cuatro años de investigación y recolección de fotografías y datos se encadenan a la síntesis de unos 600 artículos científicos para mostrar que detrás de la biología hay mucho más en juego.
Detrás de esa sensibilidad que despierta lo gráfico está la palabra, pero para contarnos la utilidad y el servicio de esa biodiversidad tan propia de lo andino y amazónico, vital para el ecosistema del que todos dependemos.
Un proyecto en el que se embarcaron los franceses Olivier Dangles y Francois Nowicki, con el diseño de la ecuatoriana Belén Mena.
El libro, coeditado por la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE) y el Instituto francés para Investigación y Desarrollo (IRD), es una iniciativa sin fines de lucro, por lo que los ingresos por los derechos de autor se destinarán a la investigación científica del Yasuní.
Una obra que presenta la naturaleza, para regocijarse con ella, pero que también apela a despertarnos una conciencia de conservación y una reconexión con este extraordinario mundo que está más allá del cemento de las ciudades.
Libro disponible en las principales librerías del país.
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