Fernando Vallejo R. (1942), escritor y cineasta colombiano naturalizado mexicano.
Guardo en mi memoria imágenes como aquella en que dice que los pobres no deben reproducirse, porque pobre que se reproduce, produce más pobres. Otra en que llama a los animales sus hermanos, mientras cepilla los dientes de un perro que habita con él. Y una tercera en la que confiesa que le gustan los jovencitos y que entre menos edad tienen, mejor.
Todas son imágenes del documental La desazón suprema, filme sobre Fernando Vallejo, el escritor colombiano irreverente, provocador, que con su narrativa descoloca a una sociedad que resguarda como sus bienes preciados a la familia, la iglesia, las virtudes, justo lo que él hace trizas. O que critica sin piedad lo mismo a García Márquez que al Papa. Por ese motivo, el escritor mexicano Carlos Monsiváis lo conceptuaba como “un pastel envenenado”, ya que con dulzura es capaz de decir las cosas más atroces.
Las imágenes vinieron a mí mientras leía El don de la vida, libro de este escritor nacido en Medellín, Colombia, y residente en México, país del que tomó la nacionalidad. Es un volumen más bien breve. De apenas 162 páginas y cuyo título llama la atención, pues parece amable frente a otros del mismo autor, que han sido como dardos directos, como balazos a instituciones y también al público. Basta recordar La puta de Babilonia.
Parecería que este nombre (El don de la vida) es un contrasentido, porque en realidad en este texto no habla de la vida sino de la muerte. Pero es correcto, porque para hablar de muerte, necesariamente debe haber vida. Es, de alguna manera, una obra a medio camino entre vida y muerte.
Vallejo, cineasta graduado en Roma (ha realizado varias películas) y también biógrafo, es uno de los autores colombianos de renombre. Con su obra La Virgen de los Sicarios, por ejemplo, mostró la realidad de un país inmerso en la violencia. Esta obra fue posteriormente llevada al cine, con lo cual la narrativa de este creador llegó a nuevos públicos. La literatura de Vallejo es bastante autorreferencial, parte de un yo, que puede ser el escritor, pero asimismo una total invención del autor. Hay un diálogo que ilustra este detalle:
- “Pero dígame una cosa, maestro: ¿cuando usted dice “yo” en sus novelas es usted?
- “No, es un invento mío. Como yo. Yo también me inventé”.
La narrativa del colombiano nunca es complaciente, ni edulcorada, ni políticamente correcta. Así como tampoco él lo es. Cada una de sus declaraciones y acciones generan reacciones, como cuando ganó el Premio Rómulo Gallegos de Novela y el dinero del galardón decidió donarlo a la Sociedad Protectora de Animales. Hubo controversias sobre el tema. La obra de Vallejo, escrita en México básicamente, se nutre de Colombia, de ese país del que él reniega, pero que es su materia prima.
Y es que muy a su pesar, Vallejo es tan colombiano como el tintico. “Esa mala patria de Colombia ya no es la mía y no quiero volver a saber de ella. Lo que me reste de vida lo quiero vivir en México y aquí me pienso morir”, señalaba hace cuatro años.
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‘Mis novelas son una ventana a la esperanza’
Tras el clamoroso éxito de La cena secreta, traducida a 43 idiomas y top ten de la lista de los libros más vendidos en EE.UU., el español Javier Sierra vuelve con El ángel perdido, una novela con intriga y adrenalina, que cuestiona mitos y creencias y con la que quiere “dar esperanza”.
“En un mundo como este, cada día más materialista, creo que mis novelas son ventanas a la esperanza. Juego con las estrategias: hay intriga, acción, porque la sociedad es adicta a la adrenalina, pero continuamente estoy inyectando elementos para la reflexión”, explicó Javier Sierra.
Una declaración de intenciones hecha en la plaza del Obradoiro de la emblemática ciudad de Santiago de Compostela (noroeste español), lugar donde arranca la acción de El ángel perdido.
Una presentación a lo grande, a la americana, porque Sierra ya tiene experiencia en ello; no en vano ya hizo una ruta norteamericana con La cena secreta y los derechos de El ángel perdido los compró antes la acreditada editorial estadounidense Simon & Schuster que Planeta.
A Javier Sierra le interesan los relatos esenciales de la humanidad y para ello busca en los símbolos y arquetipos, de los que ya habló el psicoanalista Jung. “En esta novela, además de los ángeles y las piedras milenarias, está, entre otras cosas, el relato del diluvio, y es que la repoblación de la Tierra después de la catástrofe tiene mucho que ver con el tiempo que estamos viviendo”, dijo. Efe
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