Tiger Woods.
Lindsay Lohan.
Michael Douglas.
Dr. Rodolfo Rodríguez Carrión, ginecólogo
La adicción sexual es más frecuente en los hombres que en las mujeres, pero menos conocida y visible en todas las sociedades y culturas del mundo.
A inicios de este año, el famoso golfista estadounidense Tiger Woods fue protagonista de mucha publicidad mundial. La novedad: su supuesta adicción al sexo y el haber ingresado a una clínica de rehabilitación en Misisipi para tratarla. Pero no es el único conocido que ha tenido tales problemas. En varias páginas de internet se menciona a los actores Michael Douglas, David Duchovny, Charlie Sheen, Hugh Grant, Lindsay Lohan, Amy Winehouse o Whitney Houston, entre otros.
En ellos, como en otros individuos, la hipersexualidad se caracteriza por una necesidad incontrolable de tener relaciones sexuales. En los hombres se conoce científicamente como satiriasis y en las mujeres se denomina ninfomanía dentro del grupo de las parafilias (todas las patologías sexuales).
Tener adicción sexual es considerado, por algunos especialistas en psiquiatría, psicología o sexología, como cualquier otra dependencia, ya sea al alcoholismo, a las drogas o al juego, entre otras. También se la puede entender como una pérdida del control de los impulsos, como una obsesión-compulsión o un trastorno de la personalidad.
Según Eduardo Santillán Sosa, Ph.D, neuropsicólogo y terapeuta individual, de parejas y familias, si una persona ha tenido una infancia demasiado represiva, una violación, prácticas incestuosas o malos tratos en su niñez y adolescencia, puede presentar desórdenes en su apetito sexual y llegar a la adicción sexual. Incluso el consumo de pornografía y la inexistencia de valores o principios es un factor determinante en muchos casos.
“Una persona con adicción sexual padece de una necesidad incontrolable de actividad sexual de todo tipo, que sin ser satisfactorio crea malestar y culpa. Se angustia por repetir relaciones sexuales con una sucesión de amantes que son solo utilizadas (os) como objetos”.
También sostienen que necesitan tener relaciones sexuales cuando están estresados, enojados, deprimidos, ansiosos o eufóricos. En nuestro medio, en una mayoría alta, no llegan más allá de la masturbación compulsiva, el intenso uso de la pornografía o el cibersexo. Otros establecen numerosas relaciones extraconyugales sin protección o acuden a citas a ciegas, según Santillán.
Las diferentes formas de adicción sexual tienen algo en común: su comportamiento es secreto.
La adicción sexual, agrega, es una de las dependencias menos conocidas y visibles en todas las sociedades y culturas del mundo, la mayoría sufre en silencio. Es un padecimiento gigante que se sufre aislado y por lo tanto no disfrutan.
Para el neuropsiquiatra Pedro Posligua Balseca, otra causa podría ser las conductas de escapismo frente al estrés laboral o de otra categoría. Este comportamiento tiene una situación cíclica para los fines de semana y es sin discriminación.
Frecuente en hombres
El sexólogo-psiquiatra Germánico Zambrano Torres refiere que la hipersexualidad es más frecuente en los hombres. Por cada 100 varones no más de 8 mujeres la padecen. Un joven adicto al sexo puede tener entre cinco y diez relaciones sexuales al día, manteniendo esos niveles por largo tiempo o la frecuencia un poco menor, pero compensándolo con la masturbación o fantasías vívidas que interfieren en otros aspectos de su vida familiar, social o laboral (chateo sexual desde su oficina).
En cambio, las mujeres en general son multiorgásmicas, sin que por ello se las considere ninfómanas. Por lo tanto, la característica de adicta al sexo es que a pesar de estar exhaustas físicamente por tener relaciones, piensen inmediatamente en otras.
Según la sexóloga-psiquiatra Consuelo Camacho, el imaginario colectivo de naturaleza machista cree que una ninfómana es ideal. Pero en la práctica resulta difícil o casi imposible saciar su apetito porque queda el componente afectivo de vacío existencial. Lo que buscan algunas adictas al sexo es afecto y quieren compensarlo con la actividad sexual, a veces logran momentáneamente saciarse o fingen orgasmos, pero pronto aunque sea mentalmente ya están pensando en experimentarlas nuevamente.
“Esta adicción hace que generalmente sean promiscuas. Sin embargo, algunas sí se mantienen con una sola pareja, ya que recurren a la masturbación compulsiva, adicción a pornografía o al cibersex”, dice Camacho.
Posligua afirma que por los cambios que se han dado en lo social y cultural con respecto a la sexualidad femenina cada día se detectan más casos de mujeres que presentan hiperestesia sexual (hipersensibilidad) a las necesidades sexuales y también al aumento de la actividad sexual que puede generar problemas a nivel del hogar.
“Al igual que todas las conductas adictivas, el eje del cerebro donde se generan estos comportamientos comprende la corteza cerebral, el área tegmental central y el núcleo accumbens, corresponden al circuito del placer. Parecería ser que un déficit de neurotransmisores, especialmente dopamina, en estos circuitos genera la necesidad de activarlo. El paciente solo lo logra a través de la actividad sexual. Lo que representaría una especie de estimulante biológico interno”.
Afecta a las relaciones de pareja
El psicólogo clínico Jorge Luis Escobar Tobar, miembro de la Asociación Ecuatoriana de Psicólogos, dice que la adicción sexual como cualquier otra afecta seriamente a las relaciones de pareja, más en sociedades en las que la conducta sexual, desde la mirada conservadora, hace que de cada diez hombres, nueve se vean como unos insaciables, enfermos, retorcidos o viciosos, entre otros. Desde este discurso social, cualquier conducta que no se apegue al modelo “normal” es considerado una aberración, esto desmejora más la condición de quien padece adicción sexual, porque además se la ve asociado al concepto de infidelidad.
“Difícilmente un ser humano que padezca esta condición podrá mantener su compromiso de exclusividad en la relación de pareja y no solo compromete la salud afectiva personal
sino del compañero o compañera, también la vida en todos sus componentes (bio-psico-social)”, asegura Escobar.
Santillán cree muy difícil que los adictos al sexo puedan desarrollar estabilidad y equilibrio en su vida afectiva. La sexualidad, dice, es una parte importante de la relación, pero su carácter patológico no contribuye a la armonía y concordia familiar. Siempre habrá una víctima y un victimario insatisfecho.
Según Zambrano, cuando la cónyuge se entera de que su compañero es hipersexual se siente muy defraudada y desvalorizada, afectando su autoestima, lo que la lleva a un cuadro depresivo-ansioso que la desmotiva para recuperar una vida sexual “normal” con su esposo.
Mientras que si el hombre la descubre, dice Posligua, le genera frustración, rabia y al mismo tiempo impotencia psicológica, porque dentro de su personalidad con tendencia machista latina se siente humillado de no poder satisfacer adecuadamente a su esposa o compañera por falta de competencia a las necesidades sexuales de ella. “El machismo es generado múltiples veces porque la madre induce al hijo a pensar que es el más bello, hermoso, el príncipe y que va a tener muchas mujeres”.
Pero ¿qué hacer con un cónyuge adicto al sexo? Santillán sugiere tener tranquilidad, identificar que este padece de un trastorno y que tiene tres dimensiones: la física, la emocional y la espiritual; por lo tanto, la curación tiene que producirse en las tres, para lo cual se requiere ayuda especializada, no solo para el enfermo, sino para la pareja. “También debe saber que convivir con todo adicto es tremendamente frustrante y con un hipersexual en mayor grado”.
El adicto al sexo se siente inferior, despreciable y aislado, padece de sentimientos de culpabilidad y remordimientos, se desvaloriza, siente un vacío interior cada vez mayor y dolor. También se aleja de la realidad y del amor verdadero; incluso desea muy internamente el verdadero amor, pero lo rehúye, dado que el veraz es responsable y comprometido.
Tratar la adicción
Los sexólogos Zambrano y Camacho indican que por ser el origen de la adicción el sexo multifactorial, el tratamiento que puede ayudarles son las terapias biológicas, psicológicas, familiares o sociales. El objetivo es que la persona afectada vuelva a gozar de una vida sexual saludable.
Es imprescindible, dice Santillán, que el hipersexual admita que tiene un problema. La mayoría niega su adicción lo que dificulta que busque o acepte tratamiento.
Zambrano asegura que los hombres adictos al sexo generalmente llegan a la consulta por enfermedades de transmisión sexual, embarazos no deseados, por quiebra económica, ya que gastan su dinero en las trabajadoras sexuales, pornografía, licor. En otras ocasiones acuden porque sus esposas los descubrieron y ponen como condición para reconciliarse la terapia.
En cambio, dice Posligua, las mujeres llegan a consulta porque presentan problemas de tipo afectivo, porque se sienten culpabilizadas por su actividad que mantienen oculta.
La psicoterapia cognitivo-conductual, agrega Zambrano, ha dado resultados favorables, porque ayuda a cambiar las distorsiones cognitivas, entrenamiento en habilidades sociales y de comunicación, prevención de recaídas, entre otras.
Incluso, en ocasiones, se emplean fármacos (ISRS inhibidores de la recaptación de serotonina) que también se usan en las obsesiones-compulsiones. Muy raramente antiandrogénicos, que como su nombre indica son para frenar la testosterona; complementando con terapia familiar y de grupo.
Otra opción de tratamiento, dice Camacho, es acudir a Grupos de Adictos Sexuales Anónimos, que siguen los mismos lineamientos de los AA (los 12 Pasos y las 12 Tradiciones), pero aplicados a su problema sexual. Existen varios centros de tratamiento en los Estados Unidos, donde además capacitan a profesionales que se quieran dedicar a este campo.
Actualmente varias personas han demostrado su interés en formar un grupo del AA para hipersexuales en Guayaquil. Los interesados pueden dirigirse a Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla .
Referente profesional
El DSM IV (manual Diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales), de la Asociación Americana de Psiquiatría de los Estados Unidos, referente casi obligatorio de los psiquiatras, no contempla la adicción al sexo (hipersexualidad) dentro de su categoría diagnóstica, pero en la V (nueva edición pendiente) se ha propuesto que conste en la categoría de los trastornos obsesivos-compulsivos.
Pero en la clasificación CIE-X, de la Organización Mundial de la Salud (OMS), sí consta la hipersexualidad como un impulso sexual excesivo, tanto en varones como en mujeres. Lo consideran como un problema en sí mismo, generalmente durante el final de la adolescencia o en el comienzo de la edad adulta.
Adicción sexual
Dr. Rodolfo Rodríguez Carrión, ginecólogo
La adicción al sexo no existe médicamente. Los trastornos en exceso del deseo sexual humano tienen:
La versión masculina o satiriasis definida como “estado de excitación morbosa de las funciones genitales, propio del sexo masculino”.
La versión femenina o ninfomanía, “deseo violento e insaciable en la mujer de entregarse a la cópula”.
Son poco conocidas y visibles, pues los y las que la padecen lo ocultan muy bien. Se estima que alrededor del 6% de la población lo padece y de estos, el 2% son mujeres.
Inusualmente, cuando la presentación es súbita, en mujeres mayores de 40 años se han detectado tumores cerebrales como desencadenantes del trastorno compulsivo.
Los que sufren este trastorno de deseo sexual excesivo-compulsivo suelen terminar teniendo problemas laborales, familiares, económicos y sociales, su comportamiento sexual los obliga a frecuentar trabajadoras sexuales, comprar artículos pornográficos, llamadas a líneas eróticas, mantener relaciones sexuales de riesgo capaces de terminar en embarazos no deseados y enfermedades de transmisión sexual, así como actos de violencia y abuso sexual ocasionalmente.
En resumen, puede alterar la salud del que padece el trastorno (hombre o mujer) en los ámbitos biológico, psicológico y social.
¿Es o no adicto (a) sexual?
1. ¿Utiliza el sexo para huir de la realidad, aliviar la ansiedad o porque no sabe resolver los problemas que la vida le plantea?
2. ¿Se ha vuelto más compulsiva su búsqueda de sexo?
3. ¿Se ve obligado a recurrir a imágenes o a recuerdos durante el acto sexual?
4. ¿Está siempre saltando de pareja en pareja o de amante en amante?
5. ¿Cree que “el amor verdadero” le ayudaría a liberarse de la lujuria, a abandonar la masturbación o a dejar de ser tan promiscuo?
6. ¿La búsqueda de sexo hace que no preste atención a sus necesidades o al bienestar de su familia y de los demás?
7. ¿Le entran ganas de alejarse lo más rápidamente posible de la otra persona una vez finalizado el acto sexual?
Respuesta: Es altamente probable que sea un adicto sexual si responde positivamente a cualquiera de estas preguntas, menos la 3 y la 7, ya que dependen más del contexto e intensidad de cada caso, se las cataloga solo como sospechosas.
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