El granito donde se encuentra tallada la filosofía de Rockefeller.
John D. Rockefeller Jr. en una fotografía de 1941.
Fotografía de 1941. Una vista actual de una de las plazas de Rockefeller Center.
El Rockefeller Center, situado en la Quinta Avenida de Manhattan, Nueva York, es un espectacular complejo de 19 edificios, dentro de los que se encuentran prestigiosas importantes sedes, estudios de televisión, oficinas, tiendas, restaurantes, bares, conectados entre sí subterráneamente por túneles. Parte del complejo son Radio City Music Hall, el edificio de Associated Press, el de la casa editorial Simon & Schuster, el International Building con su famosa escultura de Atlas, el jardín Channel Gardens, el British Empire Building, La Maison Française y la Lower Plaza, con su pista de hielo para patinaje y la escultura Prometeo.
En Rockefeller Center de Nueva York se encuentra grabado el pensamiento de John D. Rockefeller, Jr., una expresión elocuente de su filosofía personal.
Pero nada en todo el complejo resulta tan conmovedor y sólido como una placa a la entrada, sobre la que hay grabado el texto de un discurso de John Rockefeller Jr. Es su credo personal, ante el cual toda la física dimensión del complejo queda reducida a una simple labor de faro, al que se le ha asignado la humilde tarea de señalizar y guiar hasta allí a todo el que visite la Gran Manzana, para mostrar el sueño de un hombre, su humana magnitud, muy alejada de la aparente ostentación conque se alzan los edificios.
En aquella placa radican los más altos ideales de igualdad, dignidad, respeto, tolerancia, amor y servicio. Palabras que reflejan la pasión y el idealismo en la acción. Una joya de pensamiento, una gran declaración de principios y, en fin, toda una inspiración de conducta para la vida, independientes de la riqueza o el éxito personal.
¿Quién era?
John Davison Rockefeller Jr. (29 de enero de 1874 - 11 de mayo de 1960) heredó una gran fortuna que su padre había construido a través de la empresa Standard Oil. Nació en Cleveland, Ohio, hijo de John D. Rockefeller. Asistió a la Escuela Browning en la ciudad de Nueva York y luego se graduó de la Universidad Brown, en 1897.
Tras graduarse, ingresó en la oficina de Nueva York de la empresa familiar, Standard Oil Company, en gran medida para complacer a su padre.
Junto con él estableció varias notables filantrópicas, incluyendo el Instituto Rockefeller para la Investigación Médica, la Fundación Rockefeller y el Consejo General de Educación.
También es recordado por encabezar la construcción del Rockefeller Center en la ciudad de Nueva York; la financiación de la restauración del barrio histórico de Colonial Williamsburg, Virginia; y la donación de los terrenos donde actualmente se levanta el edificio de las Naciones Unidas en Manhattan. Su intención original en 1928 era construir una nueva casa de ópera metropolitana. El resultado fue Rockefeller Center, un conjunto de edificios de oficinas de 89.000 metros cuadrados de espacio que costó $ 100 millones, lo cual lo convirtió en el mayor poseedor de inmuebles en la ciudad de Nueva York.
Durante la Primera Guerra Mundial, Rockefeller recorrió los campamentos militares, habló ante las tropas en servicio activo y dio asesoramiento a las personas que la buscaron. Él ayudó a establecer las Organizaciones de Servicios (USO) en 1941, antes del ataque a Pearl Harbor. Participó activamente en esa organización.
Dos años más tarde colaboró en la formación, junto con la USO, del Fondo Nacional de Guerra, el aumento de 321 millones dólares para los militares, infantes de marina mercante, y otros involucrados en la guerra. También ayudó a recaudar 35 millones de dólares, como presidente de la Campaña de la Guerra de trabajo en Nueva York, para las organizaciones privadas que ayudaron a las tropas durante la Segunda Guerra Mundial.
www.rockefellercenter.com
CREDO
En 1941, Rockefeller declaró su filosofía de vida. Él escribió:
• Creo en el valor supremo del individuo y en su derecho a la vida, la libertad y a la búsqueda de la felicidad.
• Creo que todo derecho implica una responsabilidad; toda oportunidad, una obligación; toda posesión, un deber.
• Creo que la ley fue creada para el hombre y no el hombre para la ley; que el Gobierno es el servidor del pueblo y no su amo.
• Creo en la dignidad del trabajo , ya sea intelectual o manual; que el mundo no le debe a ningún hombre la subsistencia, pero que le debe a cada hombre una oportunidad de ganarse la subsistencia.
• Creo que el ahorro es esencial para llevar una vida ordenada y que la economía es un requisito primordial de una sólida estructura financiera, en el gobierno, los negocios o en la vida privada.
• Creo que la verdad y la justicia son fundamentales para un orden social perdurable.
• Creo en el carácter sagrado de una promesa, que la palabra de un hombre debe tener tanto valor como su firma; que el carácter –no la riqueza, el poder o la posición– es el bien supremo.
• Creo que la prestación de servicios útiles es el deber común de la humanidad y que solo en el fuego purificador del sacrificio es consumida la escoria del egoísmo y se libera la grandeza del alma humana.
• Creo en un Dios todo sabiduría y todo amor, con cualquier nombre con que se le conozca, y que la entrega más alta de toda persona, la mayor felicidad y la utilidad más amplia provienen de vivir en armonía con su voluntad.
• Creo que el amor es la cosa más grande del mundo; que solo él puede vencer al odio; que la justicia puede y triunfará sobre la fuerza.
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