SEBASTIÁN UMPIERREZ Y MARÍA CRISTINA ANDRADE
María Cristina y Sebastián durante la celebración de uno de sus cumpleaños.
JUAN JAIRALA, FERNANDO ORTIZ, JOSÉ LUIS TROYA Y MAURICIO MARTÍNEZ
Hace 13 años, en el matrimonio de Fernando Ortiz (i), los cuatro estuvieron juntos para celebrar.
ZAIDA LOAYZA Y MÓNICA JARAMILLO
En un paseo, Mónica (i), Zaida (c) y Josefa Loor ‘Camelia’ a los 16 años en Santa Rosa-El Oro.
SEBASTIÁN UMPIERREZ Y MARÍA CRISTINA ANDRADE
Diversión, apoyo y hermandad
Ellos recuerdan el momento exacto en que se conocieron. Sebastián llegó a primer curso del colegio Ágora; María Cristina ya estaba sentada en el aula junto a su mejor amiga. El recién llegado se sentó detrás de ellas y les empezó a hablar. Recordar el tema es pedirle mucho a la memoria, “tampoco importa”, dicen ellos, “alguna tontería”, comentan entre risas, pero esa conversación fue solo la primera de las miles que tuvieron y que siguen contando hasta el momento.
Sebastián habla de Macris, como llaman a María Cristina, con la seguridad de conocer cada rasgo de su personalidad, y Macris también de él. “Es que él no va a querer, yo sé cómo es”, dice Macris ante la posibilidad de mostrar las fotografías de su época colegial. Al final accedieron y eso los hizo recordar cientos de anécdotas compartidas. Sus primeras farras, las travesuras que hacían, dentro y fuera del colegio, e incluso algunos cumpleaños que compartieron juntos. Sí, Sebastián cumple años el 3 de junio y Macris el 11 del mismo mes. Las constantes visitas del uno a la casa del otro unieron también a sus familias. Las mamás de cada uno los acogió como a un hijo o hija más. Ambos coinciden en que pueden estar en la casa del otro como si fuese la propia. “Yo puedo quedarme en su casa, solo con la mamá, no importa que él no esté”, dice Macris. “Cuando coincido con la mamá, por teléfono o en persona, ella se queda hablando conmigo un rato y Macris le dice –ya estás hablando con tu hijo Sebastián–”, comentan con cierto tono de celos de hermanos.
En cuanto al dilema de que un hombre y una mujer no pueden ser amigos, a ellos no les importa en lo más mínimo. Relatan que en el colegio los molestaban y para evitarlo llegaron a fingir estar peleados, pero ahora, ella con 22 años y él con 21, reconocen que lo hacían por inmadurez, y en este momento lo que digan no les importa, aunque ya todos saben que son mejores amigos. (G.J.S.)
JUAN JAIRALA, FERNANDO ORTIZ, JOSÉ LUIS TROYA Y MAURICIO MARTÍNEZ
Amigos y compadres inseparables
Se conocieron en la preparatoria del colegio Cristóbal Colón, cuando tenían 5, y hallaron una empatía que sobrepasó la niñez y la adolescencia, y se consolidó en una hermandad.
José Luis Troya, Fernando Ortiz, Mauricio Martínez, de 38 años; y Juan Carlos Jairala, de 39, son de esos amigos inseparables. Fueron compañeros de aula hasta quinto curso, cuando los dos primeros tomaron la especialización físico matemático y los otros, la de sociales. Pero nunca dejaron de frecuentarse. Ni en los recreos ni a la salida ni los fines de semana. Además, eran vecinos en el sur.
Y aunque en más de una ocasión y por motivos diversos, como viajes, novias, estudio o trabajo, perdieron la frecuencia con que se veían o comunicaban, aseguran que el nexo de amistad nunca se ha debilitado.
El secreto, dice Fernando, ha sido respetar el espacio de cada uno y cuidar los detalles en el trato, porque no son parecidos en la personalidad ni tienen profesión o afición en común.
“Somos la diversidad en la unidad”, bromea él, ingeniero comercial de profesión. José Luis es capitán de corbeta de la Armada, Juan Carlos, abogado, y Mauricio está por terminar una licenciatura en leyes.
Eso sí han evitado hacer negocios juntos o enemistarse por chicas, religión, deporte o política.
Desde adolescentes, los cuatro se iban de viaje, armaban excursiones y más de una fiesta hasta que las campanas de boda empezaron a sonar.
El primero fue Fernando, casado con Rocío Sánchez. “Fueron a mi habitación, en la casa de mis padres, y se despidieron del cuarto... lloraban”, cuenta entre risas.
No fue todo. En la noche de bodas de Fernando, sus amigos terminaron instalados en el cuarto viendo televisión y comiendo pizza. Ellos aclaran que fue por invitación del novio. Pero él replica que les pidió que fueran a ver el terno porque se iba de viaje, y se quedaron.
Luego se casó Juan Carlos con Marisol Jácome y José Luis con Dalia Álava. Mauricio sigue soltero. En algún momento, cuenta José Luis, pensaron que si entre ellas no se llevaban bien podían distanciarse, pero aquello no sucedió. Ahora se reúnen con sus hijos, arman una cena de Navidad conjunta desde hace diez años y están en cada evento familiar Además, tienen otros nexos: son compadres entre sí, porque entre ellos se escogieron como padrinos de sus hijos.
Los momentos difíciles no han estado ausentes. Juan Carlos recuerda que cuando uno de sus hijos estuvo grave, ellos se amanecieron a su lado. “Yo estaba en la clínica con la niña en los brazos y al otro lado de la puerta, en el suelo sentados, José Luis, Mauricio y Fernando. Yo tengo dos hermanas mayores y mi madre, porque mi padre ya no vive, y si necesitaba algún hombre que me apoye con algo sabía que abría la puerta y estaban los tres ahí”.
Cada uno tiene una identidad particular, pero ser incondicionales ha sido una cualidad general. Eso, dicen, los ha mantenido juntos desde hace más de 30 años. (K.V.)
ZAIDA LOAYZA Y MÓNICA JARAMILLO
la vida las hizo hermanas
Cuando Mónica Jaramillo Moreno llega a la casa de su gran amiga Zaida Loayza de Solís, lo primero que hace es preguntarle qué ha preparado y va directo a la cocina. “Para mí sería imperdonable no probar alguno de sus deliciosos platos”, asegura.
Después, si tienen tiempo, se dedican a conversar por largas horas sobre cualquier novedad que haya surgido en sus vidas o empiezan a recordar las anécdotas que vivieron con su amiga Josefa Loor, entre otras, cuando se conocieron hace 30 años, a los 15, y estudiaban en el colegio de los Sagrados Corazones, en Guayaquil.
Desde esa época, dice Zaida, somos amigas y nunca hemos dejado de frecuentarnos o hablar a diario, salvo ciertas excepciones. Incluso, Walter, mi esposo, se sorprende de que nos queremos como dos hermanas y le agrada mucho que podamos compartir con ella nuestras vidas.
“Mónica es muy chistosa, alegre y madura. Siempre lo fue de adolescente y más aún cuando se convirtió en psicóloga educativa, mientras que yo soy demasiado sensible y llorona. Seguramente porque soy la menor de siete hermanos y me sobreprotegieron de niña”, refiere Zaida.
Por eso, entre risas dice Mónica, cuando estaban en el colegio y le veía demasiado tranquila, delicada y sensible, me nacía “avisparla”, pero en el buen sentido. “Ante tanta sensibilidad le decía: ¡Ya no llores!, ¡sé fuerte! Zaida agrega: “Es que si yo veía un perrito enfermo, lloraba por pena; si veía una película romántica estilo rosa, también; o si veía a un niño pobre, igual. Es que a mí nunca me faltó nada”.
En cambio, cuando Mónica, en la adultez, atravesó por situaciones difíciles, Zaida se convirtió en su protectora. No podía permitir que su amiga sufriera. “Me dio mucho apoyo moral y hasta económico. Se preocupaba de que no me faltaran alimentos o si tenía suficiente dinero para cancelar las pensiones de mis dos hijas pequeñas, ahora Doménica tiene 14 y Caterina 19. Yo acepté su ayuda porque el cariño que me tiene es sincero”, dice.
Ambas aseguran que su amistad se basa en el profundo respeto. Han aprendido a través de los años a conocerse, a saber cuándo la una está alegre, triste, enferma o preocupada.
Como anécdota, Mónica cuenta que ella sabía que su amiga estaba embarazada antes de que ella lo supiera. Tenía premoniciones en sus sueños y al día siguiente la llamaba para contarle que iba a ser madre. A la semana siguiente esa noticia era confirmada.
Incluso comentan que siempre analizan juntas cualquier dificultad que tengan y dejan claro que la única que debe resolver y tomar decisiones es la afectada. Además, que la amistad de ambas no permite el atrevimiento, sino la confianza absoluta. “Cuando Zaida se va de viaje con su esposo, suelo quedarme al cuidado de su casa y de sus hijos (Paolo, 24; Juan Carlos, 22; y Shamira, de 17 años), no lo pienso dos veces: cojo mi maleta y mis hijas y me voy para ayudarla. Para mí es una gran responsabilidad. Los chicos siempre me dicen tía Mónica, pues son de los que avisan cuando salen. Me respetan como tal y yo no estoy tranquila hasta que lleguen a casa.
Tanto Zaida como Mónica están seguras de que su amistad se está prolongando a través de sus hijos sin que exista de por medio algún interés y, sobre todo, queriéndose como hermanos y aprendiendo a respetar la privacidad de cada familia. (S.M.de.C.).
Comentarios (2)

Escribir comentario






Sres. Diario Universo
Muy bueno el artículo,y de alguna manera,se rescatan los valores como la lealtad y la comunicacion entre personas!!!
Me encantaria saber como se hace el proceso de seleccion,ya que tambien en mi caso y en el caso de muchas personas que conozco tambien,por poner un ejemplo,son muy buenos amigos. Es mas desde la infancia de la escuela;Entonces,como ustedes seleccionan a los casos para que salgan publicados.
Gracias