Los escaladores usan sus zapatos con una o dos tallas menos para evitar cualquier deslizamiento.
Frank Ruales.
Arriba se pierde el miedo al vértigo. La adrenalina fluye por el cuerpo mientras se asciende una roca más. La escalada deportiva tiene cada vez más adeptos en la ciudad. Armados de arnés y zapatos ‘gato’, niños, jóvenes y adultos se suman a este deporte cuya meta es llegar alto y seguro.
Desafiando a la gravedad, retando a las alturas y venciendo el riesgo de caerse en medio de la nada, Geovanny Unamuno escogió ser escalador. Fue hace cinco años en un viaje que hizo a California donde dio ‘literalmente’ sus primeros pasos en el muro.
“La primera vez fue muy graciosa porque yo no sabía nada de eso y recuerdo que mi amigo me dijo: ‘Ponte este arnés, toma este 8 que voy a subir’”, cuenta este deportista de 25 años. Era una ruta de escalada clásica, pero le pareció tan intrépida y llena de adrenalina que se convenció a sí mismo de que quería practicarla.
Al siguiente día ya tenía su equipo propio (arnés, cuerda y zapatos gatos). Cuando regresó a Guayaquil se vinculó al grupo de escalada deportiva y empezó esa aventura de vencer obstáculos, trepar muros o superficies rocosas.
A Frank Ruales le ocurrió algo similar. Era instructor de natación, pesas y aeróbicos hasta que un día que pasó por el muro de escalada, ubicado en la explanada del estadio Modelo, se interesó por el deporte y se acercó. “Vi a la gente escalando, pregunté como era y empecé a entrenar y fui de la primera selección de escalada deportiva del Guayas”, cuenta él.
La escalada requiere de un entrenamiento diario porque quien la practica debe desarrollar técnica, fuerza, táctica y memorización. “Hay que saber resolver las rutas, cada paso es como una jugada de ajedrez requiere rapidez mental”, explica Ruales.
El deporte puede practicarse en muros artificiales (llamados también rocódromos) o en rocas reales, ya sea por deporte o hobby, en tres modalidades: bloque, dificultad y velocidad.
En el primer caso, el escalador no requiere arnés y debe resolver rutas en una pared de hasta seis metros. Aquí se pone a prueba la técnica del escalador frente a presas (piedras) de variados tamaños y paredes con inclinaciones diversas. En el segundo, se experimentan vías complejas (un recorrido no menor a 13 metros), por lo que requiere obligatoriamente el uso del arnés. La idea es llegar lo más alto posible. En velocidad se procura cumplir la ruta en la pared en el menor tiempo posible.
Mujeres arriba
En Guayaquil, los escaladores se entrenan en el muro de la Federación Deportiva del Guayas, el más alto del país, con 22 metros de altura. Allí, cada tarde, desde las 16:30, chicos desde 6 a 18 años desafían al rocódromo y escalan venciendo las rutas que el entrenador pone en el camino.
Actualmente, hay 62 deportistas y aunque podría pensarse que es un asunto de fuerza y de hombres, la mayoría (45) son mujeres.
Melissa Acosta (14 años) y Tania Rugel (15) se vincularon al deporte también por curiosidad y hoy son parte del equipo de Guayas.
Ellas llevan cinco años entrenando. Escalan a diario en el muro y cumplen con una disciplina de alto rendimiento. El entrenamiento es de mínimo tres horas diarias, de lunes a viernes.
A Melissa lo que más le costó al principio fue perder el miedo al vuelo (cuando caes con el arnés); ahora se especializa en pruebas de velocidad y dificultad. “La dificultad es lo que más me gusta, es como que hago los pasos pensándolos, hay que analizar cada movimiento y lo mejor es cuando cumples la ruta, es increíble”, cuenta ella.
Sus jornadas de entrenamiento las preparan para competencias en rocódromos, pero también para excursiones y escalada en roca, cruzando carreteras y campos. La semana pasada estuvieron en una, en el Acantilado de Riobamba.
El año pasado viajaron a Venezuela para entrenarse para los juegos nacionales. La idea es hacer salidas constantes a las roca para perfeccionar las técnicas y luego aplicarlas en las competencias.
En Guayas lo hacen en Playas en el Cerro de El Muerto. Ahí ya tienen una ruta hecha, aunque cada vez exploran nuevos sitios.
Pero lograr esa destreza, similar a la de Spiderman subiendo por los edificios de Nueva York, no solo implica nervios templados para vencer las alturas; es cuestión de largas jornadas de entrenamiento.
Para Geovanny Unamuno, este es básico para incrementar la resistencia y fortalecer músculos que se usan cuando escalas. Además se aprenden técnicas para el movimiento de pies y manos.
Un secreto: usar los zapatos gatos lo más ajustados posible. Con la práctica es posible calzarlos hasta dos tallas menos, para evitar cualquier deslizamiento.
Lo atractivo de escalar, dice Frank Ruales, es que no es repetitivo. Nunca se escala la misma ruta ni se experimenta la misma dificultad.
Pero sin duda, lo más apasionante es la adrenalina. “Es la que te motiva y te lleva a querer terminar una ruta, así ya no tengas fuerzas ni para agarrarte”, dice Geovanny. Cada ascenso es una aventura y un reto que un escalador siempre está dispuesto a cumplir. La clave es querer llegar alto. (K.V.)
Todos pueden practicarla
La práctica de escalada deportiva está abierta para niños y adultos, como deporte de competencia o como hobbie. Lo primero es hacer un curso obligatorio de escalada, en el cual se aprende técnicas básicas, seguridades y modalidades de escaladas. Después de ello, el entrenador realiza una evaluación para determinar en qué área (física o técnica) necesita trabajar más. En base a ello se hace una planificación mensual, con un esquema de trabajo personalizado para cada escalador.
Así, cuenta Frank Ruales, cada uno va al muro (está abierto de 09:00 a 20:00) y cumple con el entrenamiento. Al final del mes se rinde un test.
El curso dos semanas, luego de ello si se quiere seguir entrenando debe pagar una mensualidad. Mayores informes en el Comité de Escalada Deportiva del Guayas al 080890643
“Pueden acceder todas las personas desde los 7 años en adelante sin límite de edad y no se necesita nada, solo ganas de sentir la adrenalina”.
Geovanny Unamuno, presidente del Comité de Escalada Deportiva
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