El guayaquileño Alfredo Rosado Estrada (45 años) es capaz de batear interminables ‘hits’ en béisbol, fajarse a cualquier cristiano en judo y bucear casi cuatro piscinas olímpicas (unos 200 m) sin respirar.
Alfredo Rosado
El equipo ecuatoriano de apnea que triunfó en Cuba: Pedro Delgado (i), Alfredo Rosado, Freddy Toledo (entrenador), Gilda Rivadeneira, Roberta Arellano y Rafael Decker.
Este agroempresario es posiblemente el único deportista ecuatoriano que ha representado al país en tres deportes distintos: béisbol, judo y apnea (buceo sin tanque). “Es importante ponerse metas en la vida”, dice.
El guayaquileño Alfredo Rosado Estrada (45 años) es capaz de batear interminables ‘hits’ en béisbol, fajarse a cualquier cristiano en judo y bucear casi cuatro piscinas olímpicas (unos 200 m) sin respirar.
Su logro más reciente: haber sido nombrado mejor deportista de apnea en el III Campeonato Panamericano de Actividades Subacuáticas, realizado en abril anterior en La Habana con la participación de 60 atletas de México, Colombia, Ecuador y Cuba.
La apnea es un deporte submarino que se basa en la suspensión voluntaria de la respiración. En el Panamericano de Cuba ganó tres medallas de oro al romper tres récords panamericanos: buceó 177,40 metros en la categoría dinámica con equipo (avanzar mayor distancia con monoaleta en los pies), recorrió 113 metros sin equipo (sin monoaleta) y cubrió 146 metros con equipo en mar abierto (modalidad conocida como jump blue, a diez metros de profundidad). Y ganó una medalla de plata en apnea estática (sumergido inmóvil): con 5 minutos sin respirar, aunque su récord personal es de 6 minutos.
Tales triunfos ayudaron a que el equipo ecuatoriano triunfara en ese torneo como campeón absoluto en apnea, y el grupo consiguió un total de cinco medallas de oro, cinco de plata y dos de bronce.
Tres disciplinas
Luego de una práctica cumplida en la piscina Olímpica de Guayaquil junto con su entrenador, Freddy Toledo, y Gilda Rivadeneira, quien fue declarada mejor apneísta mujer del torneo cubano, Alfredo Rosado confiesa que este deporte es su nuevo ‘amor’, aunque no menosprecia sus largas relaciones con dos disciplinas en las que también ha triunfado: el béisbol y el judo.
Sus logros como beisbolista incluyen tres veces campeón local con el club Nueve de Octubre (principios de los años ochenta), segundo lugar en el Campeonato Sudamericano de Béisbol cumplido en Guayaquil también por esos años, miembro del equipo ecuatoriano que participó en el Mundial Infantil de Béisbol en México (mediados de la década del setenta) y otros campeonatos juveniles e infantiles con el equipo de su colegio Liceo Naval.
Sus triunfos como judoca, en los años ochenta y principios de los noventa, lo destacan como ganador de dos medallas de bronce en los campeonatos sudamericanos Cruz del Sur celebrados en Argentina y Chile, participante a los 17 años en el Campeonato Mundial Juvenil de Puerto Rico, a los 27 años obtuvo el quinto lugar en el torneo panamericano de Chile y, gracias a ello, clasificó a las olimpiadas de Barcelona 1992, pero no asistió por falta de aval de las respectivas autoridades del Ecuador.
Alfredo se inició en los deportes a través del béisbol, a la edad de 12 años, cuando su abuelo lo inscribió en el naciente equipo del ya desaparecido Banco de Descuento, donde él trabajaba. “Jugaba de short stop (parador en corto), ubicado entre la segunda y tercera base, aunque también me destaqué como bateador, puesto donde necesitas muy buena vista”, señala el deportista, quien como beisbolista sumaba batazo tras batazo ayudado por la fuerza muscular que adquiría practicando paralelamente judo, arte marcial que apunta a someter al adversario a través de llaves.
“Entrenaba béisbol en la cancha de Miraflores y luego caminaba a la cercana academia de judo Inokuma”, indica Rosado sobre esos años en que subió muchas veces al podio de los campeones impulsado por su espíritu competitivo.
“Es importante ponerse metas en la vida, porque así nos dirigimos mejor adonde queremos. En esos años yo quería ser seleccionado de mi país, competir y ganar”, relata este guayaquileño que fuera de la piscina se dedica a la agricultura en una hacienda familiar que produce mayormente caña de azúcar, ubicada en el sector de los cerros de Churute (Guayas).
Salto al agua
Alfredo Rosado se zambulló en la apnea casi sin pensarlo, ya que desde los 14 años le gustaba la pesca deportiva a pulmón, es decir, buceando sin tanque de oxígeno, preferiblemente frente a Salinas, Montañita y Playas, para pescar con arpón chernas, robalos y pargos.
Esa actividad le dejó hace tres años un gran susto, cuando junto con un amigo buceaba frente a Engabao (Playas) y se apareció un tiburón tigre. “Queríamos volar del agua para caer en el bote. Por suerte salimos del agua a salvo”.
El buceo sin oxígeno comenzó a brindarle experiencias distintas hace unos diez años, cuando tras conocer a un entrenador extranjero de este deporte decidió dedicarse por entero a practicarlo hasta convertirse hoy en uno de los diez mejores apneístas del mundo. “En la apnea necesitas mucha concentración y dedicación. Sin eso no se consigue nada”, afirma Rosado, quien asegura que a esta edad por fin encontró su deporte. Y eso sin duda ayudará a que el país siga sumando medallas submarinas.
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