Decretos presidenciales, proclamas, arengas, discursos y piezas literarias, cartas, oraciones fúnebres, dedicatorias de libros, originales de artículos para periódicos, etcétera, ofrecen la oportunidad de observar las firmas y rúbricas que una y otra vez ejecutaron o plasmaron aquellos conciudadanos que por su reconocida trayectoria en la vida nacional también llaman a conocer un poco más de su interesante personalidad.
Personajes de diferentes épocas y actividades dejaron en la memoria patria los rasgos con que identificaron sus nombres.
Si bien estas líneas no corresponden a un tratado de grafología (arte y técnica de averiguar el carácter de una persona por medio de su escritura) o alguna rama afín, traduce la motivación que genera la propia curiosidad del quehacer periodístico en el que nunca está demás volver por caminos andados y recorrer y compartir con los lectores esos detalles que olvidamos por la premura de concluir cualquier otro encargo del trabajo diario.
Desde que se inventaron los documentos y con ellos la necesidad de autenticarlos y firmarlos, especialmente los que tienen carácter de compromisos, surgieron las firmas y las rúbricas, que eso sí rivalizan en el medio popular y doméstico con la ‘palabra de gallero’ y el trato o acuerdo de la gente de antaño, donde lo único que garantizaba el cumplimiento era el buen nombre y el honor de quienes contraían la obligación.
En cuanto al tema, resulta satisfactorio traer a la vista y el recuerdo la firma y rúbrica del poeta guayaquileño José Joaquín de Olmedo (1780-1847), que con inspirado patriotismo las puso en el acta de la Independencia de Guayaquil y el Reglamento Provisorio –Constitución– de 1820, o cuando en gesto de altísima amistad y sincera admiración le dedicara al Libertador el extraordinario poema La victoría de Junín (Canto a Bolívar).
Asimismo, reproducir las del escritor ambateño Juan Montalvo (1832-1889), que seguramente las usó al remitir sus polémicos escritos a diarios y revistas o enviar a los amigos sus Catilinarias; y, en igual manera, las de monseñor Federico González Suárez (1844-1917), quiteño, que ante el peligro nacional proclamó “¡Si ha llegado la hora de que el Ecuador desaparezca, que desaparezca; pero no enredado en los hilos diplomáticos sino en los campos del honor, al aire libre y con el arma al brazo!”...
Las firmas y rúbricas que recogen las páginas de la historia ecuatoriana en los momentos cumbres de sus ejecutores resultan incontables. Pero quedaron para la posteridad y conocimiento las del luchador manabita y ex presidente de la República, Eloy Alfaro Delgado (1842-1912), cuando dirigió su proclama al triunfar la revolución liberal en Guayaquil en 1895 y al enviar sus amorosas cartas a doña Ana Paredes Arosemena, su esposa, y a sus hijos.
También esto debió ocurrir con las de José María Velasco Ibarra (1893-1979), cuando remitió una misiva a sus partidarios y amigos que le pedían regresar al Ecuador y liderar una campaña política, diciéndoles que no necesitaba dinero sino un balcón para llegar a la Presidencia de la República. Tampoco hay que olvidar las de Vicente Rocafuerte, Luis Cordero Crespo, Alfredo Baquerizo Moreno, Jaime Roldós Aguilera y otros magistrados.
Destacados personajes de las ciencias y artes –música y la pintura, por ejemplo– otorgaron total validez a sus creaciones con sus firmas y rúbricas, aunque aquellas resultan de fácil identificación por los ritmos, trazos y colores que son característicos para cada caso. Así lo comprobamos con las partituras de Ana Villamil Ycaza, Zulemma Blacio, Carlos Silva Paredes, Francisco Paredes Herrera y Luis Humberto Salgado, y las pinturas de Rendón Seminario, Aracely Gilbert, Guayasamín y otros exponentes de la cultura.
Glosario
Firma: nombre y apellido, o título de una persona, que esta pone con rúbrica al pie de un documento escrito de mano propia o ajena, para darle autenticidad o para obligarse a lo que en él se diga.
Rúbrica: rasgo o conjunto de rasgos de figura determinada, que como parte de la firma pone cada cual después de su nombre o título. A veces se pone la rúbrica sola; esto es, sin que vaya precedida del nombre o título de la persona que rubrica.




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