Una de las placas que hay en el Palacio Municipal recuerda el Tratado de Guayaquil.
Un testimonio de que en la casa antigua, hoy remodelada, de 10 de Agosto y Chimborazo, murió Ana Villamil Icaza.
En una añosa casa ya reparada de Las Peñas existe una placa evoca al músico Antonio Neumane.
Hermoso arte en el lugar donde estuvo la casa en la que nació Gabriel García Moreno.
Placa a Antonio Neumane
Numerosos edificios de nuestra metrópoli lucen en sus fachadas y estantes tales testimonios del tributo ciudadano a los servidores y gestores de su desarrollo integral.
Aunque la inclemencia del tiempo, el descuido de entidades que deben velar por su mantenimiento o la acción vandálica de algunos malos vecinos de la ciudad han dañado su estructura o las hicieron desaparecer definitivamente, las pocas placas que perpetúan hechos significativos de la historia guayaquileña y permanecen empotradas en casas y edificios todavía ofrecen momentos de meditación y curiosidad cuando el fugaz transeúnte hace un breve alto para conocer su contenido.
Tales estructuras, que generalmente fueron de bronce y mármol pero después se las cambió por baldosas pintadas o vidrio líquido, dan cuenta de que en el lugar donde se encuentran colocadas anteriormente estuvo el hogar de un importante personaje o fue el escenario de un trascendental episodio ligado a nuestra memoria urbana. En algunos edificios de reciente construcción y casas remodeladas, especialmente del casco comercial, se ha cuidado de conservarlas, pero resultan escasas al emprender un recorrido lleno de añoranza y civismo.
Esto permite recordar que en una publicación de Diario EL UNIVERSO el sábado 10 de octubre de 1970 el periodista Juan Antonio Alminate desarrolló un extenso artículo sobre los monumentos, estatuas y placas de Guayaquil al año 1941, mas, aquella lista quedó incompleta y desde entonces no hubo preocupación por incrementarla y actualizarla. Incluso con los cambios urbanísticos muchas de esas placas, medallones, etcétera, fueron sacadas de su lugar de origen y marcharon a paraderos desconocidos.
Sin embargo, aún nos queda la placa que indica que en la hermosa casa remodelada de Chimborazo y 10 de Agosto murió la compositora Ana Villamil Ycaza, autora de la música del himno al 9 de Octubre con letra del poeta y prócer José Joaquín de Olmedo. Asimismo, la que en el pasaje Rosendo Avilés del recuperado edificio del antiguo hotel Crillón, en Ballén y Pichincha, evoca que allí estuvo la casa donde nació el ilustre guayaquileño doctor Alfredo Baquerizo Moreno, ex presidente de la República.
También están las que recuerdan el sitio de la entrevista que sostuvieron Simón Bolívar y San Martín, en 9 de Octubre y Pichincha, lugar donde construyeron el ya añejo edificio del Banco La Previsora; y la del solar en que estuvo la casa del filántropo y ex alcalde de Guayaquil, Luis Vernaza, en 9 de Octubre y Chile. Otras son las del Palacio Municipal, en el sitio primigenio que llamó Casa Consistorial; y la que en el barrio Las Peñas (calle Numa Pompilio Llona) indica que allí vivió Antonio Neumane, autor de la música del Himno Nacional del Ecuador.
En la calle Francisco de Paula Ycaza N° 205 era fácil leer el contenido de una hermosa placa de bronce con esta inscripción: ‘Aquí estuvo la casa donde nació el 19 de marzo de 1780 el gran ciudadano José Joaquín de Olmedo, príncipe de los poetas americanos, por su patriotismo e ingenio honra del Ecuador y de América’. Una parecida es común observar en malecón Simón Bolívar 920, entre Víctor Manuel Rendón y Junín, sitio en que estuvo enclavada la casa donde nació el doctor Gabriel García Moreno, quien fuera presidente de la República y discutido político.
Vale, pues, recuperar de forma urgente las placas, medallones, etcétera, incluidas las que colocó la Junta Cívica de Guayaquil en 1973 para que se conozca el porqué de la denominación de las calles porteñas. Se necesita un completo inventario y, de igual manera, la limpieza adecuada para ofrecerlos a la vista de los vecinos y visitantes, pues aquello representa otra manera de robustecer la identidad de la metrópoli que debe ser guardada por quienes la habitamos y para un mejor conocimiento del curioso visitante que llega ávido por encontrar esos tesoros culturales que le dan prestancia incuestionable.
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