La historia que nos transmitieron de niños no siempre resultó ser del todo real. Creímos en héroes foráneos y en mitos como aquel de que Abdón Calderón murió luchando en la Batalla del Pichincha, cuando falleció 14 días después.Fue lo que aprendimos. Lo que estaba en los libros o nos dijo el profesor. El problema es que no siempre los especialistas en historias son quienes escriben los textos, que luego se emplean en las escuelas y colegios para educar a los chicos.
La historia se ha venido contando con injerencias política e ideológica, arrastrando mitos y leyendas. Historiadores creen que es necesario darle un nuevo enfoque.
El historiador Ángel Emilio Hidalgo es claro al respecto. La historia como disciplina científica que tiene pretensiones de verdad, no es precisamente la que llega al conocimiento de todos.
“Es un asunto difícil porque a las ideologías nacionalistas hasta cierto punto les interesa que se sigan repitiendo los mitos, los cuentos y las leyendas, porque su finalidad es ideológica y está encaminada a la dominación política de esos sujetos. A la historia escrita desde las élites, desde el poder, desde el estado o diferentes instancias, como gobiernos locales, no le interesa que especialistas escriban sobre esos textos”, considera él.
Ocurre en instancias de poder seccionales y nacionales. Se trata de imponer la versión oficial de la historia y entonces esta parte desde quienes rigen su escritura. Es un fenómeno que ha pasado en América Latina y el mundo, con diferencia en países del primer mundo como Francia, donde se ha propiciado una investigación histórica.
Aunque a nivel mundial, la historia contemporánea parte de la Revolución Francesa, en Ecuador –indica el historiador Enrique Ayala Mora– se la considera desde 1960, con el tercer periodo republicano.
En Quito, en los ochenta hubo todo un proceso de escritura de la nueva historia del Ecuador, que intentó dejar atrás la visión tradicional positivista de la historia. Fue un proyecto liderado por Enrique Ayala Mora, que se inició en 1982, se publicó en 1988 y el último tomo, el 15, en 1995.
Enrique Ayala cuenta que intervinieron 82 personas en la investigación (historiadores, sociólogos, especialistas en arte), que permitieron derribar algunos mitos, como que el Reino de Quito no existió sino señoríos étnicos con características distintas, que la Colonia –a diferencia de lo que se creía– fue una época de cambios profundos y que la independencia se gestó no solo por un individuo sin producto de la movilización de los pueblos.
Para Ayala, la historia siempre está influenciada por el medio que se produce y siempre hay una visión política, regional y una apreciación ética sobre los hechos. “Es inevitable la influencia del medio, lo que es esperable de un profesional es que sabiendo que existen esas influencias escriba historia fijándose en los elementos estructurales de la sociedad, es decir, que no vaya a explicar la historia por el mal genio de una persona, por las malas amistades de un gobernante o por algún hecho casual”, señala él.
Hidalgo y Ayala coinciden en que es necesario procurar la profesionalización en el campo de la historia, que las universidades intervengan en la formación de historiadores y que no se improvise.
Hidalgo dice que más que un revisionismo, es necesario enfocar la historia de otra manera, con otro método, basado en las técnicas que se han desarrollado en los últimos tiempos. (K.V.)
“Nos queda ser lectores críticos, investigar, no creer lo que dice un libro sino ir a otras fuentes. También es por
la necesidad de que la sociedad civil se fortalezca”.
Ángel Emilio Hidalgo
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