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Pasajes cubiertos de París

Viaje en el tiempo

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Repleto de  tesoros de arquitectura, el Pasaje Panoramas es uno de los principales lugares de comercio filatélico de París.

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La Galerie Colbert fue construida luego del emplazamiento del antiguo Hôtel Colbert (residencia del regente Felipe de Orleáns).

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Pasaje del Grand-Cerf, su bóveda de vitrales se eleva a 12 metros.

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Pasaje de Jouffroy también incluye la segunda entrada al Museo de Cera Grévin de París.

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Galería Vivienne da acceso a una gran vitrina con tiendas, casas y cafés.


Estos rincones parisinos son un recorrido por la ciudad francesa de finales del siglo XVIII, estrategias urbanísticas que se mantienen y que en otras urbes se han convertido en los malls de la actualidad.

La edad de oro de los pasajes cubiertos parisinos se extiende desde fines del siglo XVIII hasta mediados del siglo XIX, época en que la capital francesa se transformó radicalmente.

Hacia fines del siglo XVIII el Palacio Real pertenecía a la familia de Orleans. El estilo de vida de Luis Felipe II, duque de Orleans, exigía grandes cantidades de dinero por lo que, abrumado por las deudas, encargó a su arquitecto la construcción de cuatro galerías de piedra alrededor del jardín, con la intención de alquilarlas a ricos comerciantes. La falta de créditos obligó a levantar galerías de madera para cerrar el cuarto costado de la obra.

Estas galerías se consideran como el prototipo de los pasajes cubiertos, incluso si los verdaderos pasajes aparecieron posteriormente.
Su concepción se inspiraba en los zocos árabes, cuyas arcadas y luz cenital se dieron a conocer en Europa gracias a los grabados reproducidos en los libros de viaje.

Transición hacia la ciudad moderna
Habría que imaginar la fisonomía de París en las postrimerías del siglo XVIII para comprender el inmediato éxito que tuvieron los pasajes cubiertos.

La capital, pese a ser una ciudad de lujos y atracciones, conservaba su estructura medieval: calles estrechas sin pavimento, aceras ni desagües, por donde circulaba un gentío desordenado.

Cualquier comprador estaba expuesto a un accidente o empellones al detenerse frente a un escaparate.

Pronto los pasajes, con sus techos que dejaban filtrar la luz natural, se convirtieron en escenario de la vida social y cultural parisina. Se podía deambular libremente de un negocio a otro, protegido de la lluvia o del frío, pararse en un café, tener un encuentro amoroso, leer el diario en alguno de los numerosos salones literarios, asistir a pequeños conciertos o cruzarse en el camino con escritores.

La apertura de grandes bulevares bajo el Segundo Imperio llevarán al ocaso este tipo de zonas comerciales. El París elegante se volvió hacia Saint-Germain, y los pasajes se volvieron lugares oscuros y poco frecuentados.

En su decadencia conservaron un atractivo ambiguo y misterioso que deleitaba a los surrealistas.

Los pasajes en la actualidad
De la multitud de pasajes cubiertos –se calcula más de un centenar– subsisten unos veinte, cuya suerte ha sido diversa. Unos han sido renovados mientras que otros han caído en el abandono.

Del Palacio Real a la Bolsa
La Galería Vivienne, uno de los pasajes más lujosos, mantiene intactas su arquitectura de hierro y cristal y su decoración neoclásica. El piso está cubierto de mosaicos del italiano Gian Domenico Facchina.

Los coleccionistas de libros raros o viejos curiosearán entre las cajas de la librería Jousseaume, fundada en 1826 con el nombre de Petit-Siroux, de la cual Colette, célebre autora francesa, era cliente. Los amantes de la moda echarán un vistazo al salón de la estilista Nathalie Garçon o al de Jean-Paul Gaultier.

En el emplazamiento del antiguo Hôtel Colbert (residencia del regente Felipe de Orleáns) se construyó la Galería Colbert. Este pasaje de estilo austero, adornado con columnas de mármol y techado con una impresionante cúpula de vidrio de 15 metros de diámetro –enteramente restaurada por la Biblioteca de los Monumentos Históricos–, tiene anexos para universidades e instituciones francesas.

Entre la galería Colbert y la calle Vivienne, uno sucumbe ante el encanto añejo del café-restaurante Le Grand Colbert, cuyos frisos, de 1830, se declararon de interés histórico. En este lugar se rodaron algunas escenas de la película Cuando menos te lo esperas (Something’s Gotta Give), en la que actúan Jack Nicholson y Diane Keaton.

A la entrada de la Galería Véro-Dodat todavía se puede visitar el café de L’Époque, donde el poeta romántico Gérard de Nerval bebió su última copa antes de suicidarse.

La decoración neoclásica refinada con un piso en damero blanco y negro, las vidrieras de madera oscura, un techo con pinturas enmarcadas con molduras de oro, ofrece un ambiente recogido y distinguido. En su interior se encuentran numerosos anticuarios, el fabricante de instrumentos musicales de cuerda RF Charle, el famoso editor milanés Franco María-Ricci y la tienda de muñecas antiguas de Robert Capia.

El Pasaje de Choiseul alberga mayormente tiendas de ropa femenina. En el número 23 tiene su sede la editorial Lemerre, que publicó lo esencial de los poetas parnasianos y los primeros poemas de Paul Verlaine. El teatro des Bouffes Parisiens, inaugurado por Offenbach, sigue ahí, inmutable en medio de los comercios.

Los pasajes del Bulevar
El Pasaje de los Panoramas toma su nombre de una atracción que consistía en proyectar vistas pintadas de grandes ciudades en las paredes de una sala cilíndrica a oscuras. Además de bares, tabernas, una casa de té, tiendas de decoración para el hogar y varias dedicadas a la filatelia, en el pasaje podemos observar la centenaria Maison Stern, especializada desde hace cinco generaciones en el grabado de cartas de visitas e invitaciones de personalidades prestigiosas, y la entrada para artistas del Théâtre des Variétés, que Zola inmortalizó en su novela Nana.

La estructura del Pasaje Jouffroy revela las innovaciones técnicas del siglo XIX: fue el primero que se construyó completamente con hierro y vidrio, si bien en los detalles decorativos se impuso la madera. Posee una librería especializada en películas, con afiches y fotografías raras de los grandes del cine. Asimismo, da a este pasaje la entrada secundaria del Museo de Cera de París (Museo Grévin).

En el Pasaje Verdeau descubrimos antigüedades, acuarelas, diarios de época y una tienda Kodak de 1901 que vende cámaras de fotos antiguas.

Alrededor de la calle Saint-Denis
La arquitectura de los pasajes situados en el sector de la calle Saint-Denis es más simple y su estilo menos recargado. Algunos incluso se hallan casi en ruinas. Los mayoristas han invadido muchos de ellos y los utilizan como almacenes (caso de los pasajes Bourg-l'Abbé, Ponceau y Cairo).

Una bóveda acristalada a 12 metros del suelo convierte al Pasaje del Grand-Cerf en el más alto de París. El lugar acoge 33 locales de artesanía artística, creación, arquitectura interior y diseño.

El Pasaje Brady merece una visita porque ofrece un contraste muy marcado con el resto de la zona, debido a la instalación en los años setenta de comercios y restaurantes indios y paquistaníes. De hecho, este pasaje envuelto en una nube de incienso y olor a pollo tandoori (tipo de horno), a rebosar de restaurantes, bazares, tiendas de alquiler de videos y barberías, nos traslada al sur asiático. El interés del Pasaje del Prado reside en los soportes del techo en estilo art déco, único vestigio del pasado.

“La concepción de las galerías se inspiraba en los zocos árabes, cuyas arcadas y luz cenital se dieron a conocer en Europa gracias a los grabados reproducidos en los libros de viaje”.


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