La cantante Mariel Córdoba (i) quedó encantada con los paisajes andinos del Cajas, hace un año. La acompañó Alexandra Álava, una amiga guayaquileña.
Este es un año especial para la cantante Mariel Córdoba, ya que en abril obtuvo la carta de naturalización ecuatoriana.
Eso convierte a esta excelente intérprete musical nacida en Argentina en una ciudadana de nuestro país, en el cual ha residido durante unos 25 años.
Su profunda conexión con el Ecuador resulta obvia al comentar su más emotivo viaje cumplido recientemente, específicamente al Parque Nacional Cajas, en la provincia del Azuay.
“Viajar al Cajas fue una experiencia única y un sueño postergado que por fin pude hacer realidad hace un año. Durante las apariciones de la Virgen María en ese lugar (entre 1988 y 1990) me fue imposible viajar, así es que en esta oportunidad llevé una maleta especial de devoción y expectativas”, señala esta artista que también exhibe su cariño al país en su amplio repertorio compuesto por pasillos, valses y boleros, los cuales complementa con tangos.
Mariel considera que esa zona próxima a Cuenca “parece estar detenida en el tiempo y es de una belleza indescriptible. No queda dudas de por qué nuestra Madre decidió escoger un sitio como ese para hablarnos, ya que la paz es tan intensa allí que se podría tocar. Animales tan propios de la Sierra como las llamas pastan despreocupadamente, mientras el sol juega a las escondidas con las nubes”, describe ella en un escenario en el que “todo parece armonizar: el canto de los pájaros, las voces apagadas de los creyentes que rezan en la capilla del lugar y los pequeños riachuelos que bajan zigzagueantes de las cumbres”.
“Católicos o de cualquier religión encontrarán allí su propio paraíso y una razón para creer que Dios existe”, concluye esta también compositora, quien tiene dos hijos guayaquileños y que en el 2007 publicó su libro de poesías Cuando vuelvan las golondrinas.
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