El doctor Frans Serpa en momentos que recibe la medalla de las manos de su mamá Alexandra Larrea.
Frans Serpa L.
Y su madre Alexandra Larrea, quien lo acompañó no fue la única que sintió orgullo, dos de sus pacientes trasplantados, Manuel Morocho e Inés Naula, junto a sus familias, también vibraron cuando escucharon su nombre.
“Sin él, Dios no hubiese podido hacer el milagro de devolverme la vida”, dijo Morocho, un carpintero de 58 años, quien luego del trasplante que recibió en febrero de este año retomará el oficio con el que mantenía a los 8 miembros de su familia.
“Nuestro ángel se merece más, no habrá acuerdo en la Tierra que sirva para agradecer todo lo que hizo, hace y hará por quienes esperamos más de una década un trasplante de hígado, inalcanzable para nuestros bolsillos en otros países”, dijo Naula en representación de los 18 pacientes trasplantados desde el 21 de diciembre del 2009 en Ecuador.
El trasplante de hígado es un proceso que se inició el 21 de diciembre del año anterior en Ecuador, con el primer trasplante de este órgano a una persona adulta, aunque la ley puso en vigencia al programa 4 meses antes.
En Ecuador fallecen al año 100 personas por falta de un trasplante de hígado, según el Organismo Nacional de Trasplante de Órganos y Tejidos, Ontot. La falta de médicos especializados, alto costo, y falta de una cultura para la donación marcan esta realidad.
El trasplante hepático es proyecto del Programa de Protección Social (PPS), del Ministerio de Salud Pública (MSP), para subsidiar los costos de los ecuatorianos con enfermedades catastróficas, según la reforma constitucional. El Ontot, adscrito al MSP, implementa el proyecto, por eso contrató como consultor al especialista Frans Serpa, de 38 años.
Serpa retornó al país luego de 11 años de especialización en Brasil. Aceptó la invitación del entonces presidente del Ontot, Roberto Proaño, quien confió en su formación que incluye más de 300 cirugías de trasplante de hígado que Serpa realizó con un equipo de investigadores brasileños en el que también participó su coterráneo Jorge Padilla.
“Conocí a mi buen amigo Jorge Padilla, en el aeropuerto de Sao Paulo, a los 26 años, cuando viajé para iniciar la especialización. Llegué a las 04:00 y pensé que podría ir en taxi hasta su casa, pero no me lo permitió y luego supe porque”, dice Serpa y ríe.
Este joven médico, al que aún le faltaba el año de rural, salió de la pequeña y tradicional Cuenca, con la idea de que todo en Sao Paulo sería igual, pero el viaje de una hora desde el aeropuerto brasileño hasta la casa de su amigo en tren, en bus y finalmente en taxi le obligó a ubicarse.
Su aventura inició un año antes de terminar la carrera universitaria. Envió cartas a hospitales y universidades de todo el mundo y aceptó la primera que respondió. Del hospital de Sao Paulo le advirtieron que si en 12 días no se presentaba, perdía la oportunidad de hacer la residencia.
Desde entonces comparten el amor por su profesión, el carisma y los trasplantes de hígado que realizaron conjuntamente. Además el mérito de ser los pioneros ecuatorianos en la materia.
En Ecuador ni sus colegas, ni sus familias creían lo que hacían. “Había un concepto errado, decían que el trasplante era un experimento y que todos los pacientes morían, al punto de oponerse a la propuesta de hacer lo mismo aquí”, recuerda Serpa.
“Además el trasplante de hígado no despuntaba, los costos eran onerosos y dependía de todo un equipo especializado como anestesista, hepatologista, entre otros, y en ese momento Ecuador no estaba preparado”, acotó el médico
Por eso, al terminar sus prácticas y estudios aceptaron la propuesta de Carneiro, para ser parte del equipo como médicos tratantes. No obstante, la idea de implementar en su patria, un programa similar nunca se borró de sus mentes.
De los 300 trasplantes hepáticos que realizaron, más de un centenar fueron parciales, es decir, con donantes vivos, lo que alimentó su formación científica. Incluso publicaron artículos de ciencia en revistas internacionales.
Experiencia brasileña-ecuatoriana
En Brasil el gobierno subsidia el 100% del programa de trasplantes, desde la preparación de los donantes y receptores, cirugías, cuidado posoperatorio, acompañamiento clínico a largo plazo y dotación gratuita de medicina. Cada Estado cuenta con una Central de Trasplantes y una lista de pacientes receptores por órgano.
Para el hígado se aplica un método que evalúa la gravedad de los pacientes, el más grave recibirá antes, indistintamente del lugar en lista de espera. Este año se incrementó el número de donantes de órganos por las campañas nacionales. El tema incluso se aborda en las telenovelas.
Serpa aplica parte de estos mecanismos en el programa ecuatoriano, especialmente el sistema de organización para captación de órganos, e implementó un protocolo que respeta el lugar en la lista de espera.
Por el momento, la falta de donantes es el mayor obstáculo, que el Ontot intentará superar con una campaña, para concienciar al personal médico y a la sociedad. “Los ecuatorianos somos solidarios cuando nos abordan profesionales capacitados y en este país contamos con muchos”.
En Ecuador 18 trasplantes de hígado se realizaron, 6 de ellos a cuencanos que permanecieron en lista de espera desde el 2009.
Para Serpa es una oportunidad de ayudar a sus pacientes y otra que le dan ellos, “para hacer lo que más me gusta, trabaja en lo que te gusta que nunca trabajaras”, expresa, y sus pacientes ratifican que lo hace con cariño.
Para mayor información llamar a los teléfonos 04-200-3699, 04-200-3761, ext. 21.
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