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Contactos en el espacio

‘Hasta donde sabemos, estamos solos en el cosmos’

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Vidas imaginarias. Marte ataca (1996), película de Tim Burton, satiriza la típica ficción sobre invasión extraterrestre.

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SETI utiliza computadoras conectadas por internet para analizar la información obtenida por el radiotelescopio de Arecibo, en Puerto Rico.

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Douglas Vakoch, director de Mensajes Interestelares de SETI.


Desde 1984, el Instituto SETI en California, Estados Unidos, usa tecnología y teoría astronómica de vanguardia para detectar alguna señal de inteligencia extraterrestre. Aquí habla uno de sus responsables, que no pierde esperanza.

Tal vez el siglo XXI –primero del milenio neonato al que recién nos estamos acostumbrando– sea definido como el inicio de la era de la claustrofobia planetaria. Un nuevo desorden psicológico a nivel del individuo y de la sociedad provocado por el hecho de que ya no hay terra incognita sobre la superficie de nuestro planeta. Los océanos, los continentes, los polos y hasta la Luna han sido conquistados por el hombre.

¿Qué gran espíritu de aventura puede quedarnos cuando hasta en la base del Everest hay wi-fi y duchas calientes para sus turistas-trepadores? Tendrá que verse cómo se modifica la psique humana frente a este hecho: por primera vez en la historia de la civilización no quedan más fronteras desconocidas para cruzar y descubrir a un otro asombrosamente distinto de uno mismo. O tal vez queda una; la más distante y la más asombrosa: la del espacio cósmico que nos separa a nosotros de otra civilización.

A eso, por lo menos, apuesta el instituto SETI en Mountain View, California. Fundado en 1984, el SETI usa tecnología y teoría astronómica de vanguardia para dedicarse, día tras día, a detectar alguna señal de inteligencia extraterrestre –de una civilización más avanzada que la nuestra– que conduzca, por su lado, a la eterna búsqueda del desconocido. Allí sí que cambiaría todo. Descubrir otra civilización en el cosmos sería una revolución del paradigma y un nuevo antes y después mucho, mucho, mucho más dramático que el antes y después.

El desarrollo de las ciencias siempre ha ido mano a mano con la exploración. Y la ciencia que hoy nos brinda el método más efectivo para descubrir lo realmente nuevo fuera de nuestra Tierra es la Astronomía aplicada como lo practica SETI, las siglas en inglés de “la búsqueda de inteligencia extraterrestre”.

Para los que llegaron a este punto de la nota escépticos, descalificando sus sugerencias como delirios pertenecientes a las fantasías de Hollywood y la ciencia ficción más geek, hagan el ejercicio de recordar cómo todos los grandes pioneros de la humanidad han sido burlados y descalificados por insensatos. ¿La Tierra gira alrededor del Sol? ¡A la hoguera! ¿El hombre evolucionó desde el mono? ¡Hereje! ¿El hombre aterrizará una nave en la Luna? ¡Muy entretenido tu cuentito!

Pero esto no es un divertimiento de excéntricos, sino un proyecto tan sobrio y ambicioso como elde cualquiera de los grandes exploradores de la historia.

Para aclarar el campo y entender mejor las metas y los métodos de SETI hablamos con uno de sus científicos, Douglas Vakoch, cuyo título de trabajo (¡el mismo que está escrito en sus cartas de presentación!) es: Director de mensajes interestelares. Vakoch tiene una formación en religiones comparativas y filosofía de la ciencia en las universidades de Carleton y Notre Dame, además de un doctorado en Psicología en la Universidad Estatal de Nueva York. Es el único científico social empleado por SETI.

¿Cómo ve la comunidad científica de los EE.UU. a SETI? ¿Lo consideran un proyecto un poco marginal y excéntrico?
Es aceptado. De hecho algo que pasa en los EE.UU. es que cada década la comunidad de investigadores pasa por un proceso oficial de la Academia Nacional de las Ciencias para decidir cuáles serán las prioridades de los próximos diez años (y con eso el presupuesto). Y esto se ha destacado como una prioridad: primero, la búsqueda de la vida más allá de la Tierra y después la meta específica de SETI de encontrar vida inteligente en el universo. Una de las cosas que se destacó de nuestro proyecto fue el diseño de nuestros telescopios. Una de las características del Allen Telescope Array (el nombre del conjunto de los telescopios de radio de SETI) es que podemos hacer nuestras investigaciones en conjunto con investigaciones tradicionales astronómicas.

¿Y cuáles son algunas de estas investigaciones paralelas?

Uno pensaría, por el nombre de nuestro instituto, que solamente nos dedicamos a mirar para fuera. Nuestra prioridad es saber si hay otros mundos dentro de nuestro Sistema Solar que podrían albergar vida; pero también buscamos en nuestro mismo planeta formas de vida que existan en situaciones extremas y no propicias para la vida. Por ejemplo, tenemos gente investigando en el desierto de Atacama en Chile, que es un ecosistema con altos niveles de exposición ultravioleta.

Entender cuáles son las formas de vida que existen allí nos ayuda a establecer parámetros para pensar en la posible existencia de vida en otros planetas. También estamos buscando planetas del tamaño de nuestra Tierra dentro de nuestro Sistema Solar y dentro de dos años vamos a poder saber si esos son comunes o no.

Usted tiene, sin duda, el título de trabajo más extraordinario del planeta. ¿En qué consiste su trabajo, específicamente?
En este momento estoy liderando un proyecto que se llama Earth Speaks (La Tierra Habla), donde estamos preguntando a gente de todo el mundo qué les gustaría comunicar a una inteligencia extraterrestre. Llevamos cincuenta años de búsqueda pero lo que estamos haciendo ahora es tanto más potente que lo que se podía hacer antes, gracias a los avances tecnológicos. Mucho de lo que hacemos depende de la computación. Porque entra una cantidad abrumadora de datos y tenemos que filtrar para ver si hay algo que pueda ser un mensaje. Cuando SETI comenzó, solo se podía escuchar un canal de frecuencia del espacio. Hoy estamos escuchando miles de millones de canales de frecuencia. Entonces, si existe vida allí afuera, nuestras probabilidades de encontrarla son mucho más altas que antes y seguirán mejorando conforme avance la tecnología. Solo hay que pensar en la diferencia de lo que podías hacer con tu propia PC hace diez años y lo que puedes hacer hoy. Es lo mismo para nosotros, pero a gran escala.

¿Cuáles son las creencias básicas que guían la búsqueda de SETI?
Una primordial es que asumimos que la civilización que encontraríamos sería mucho más antigua que la nuestra. Esto tiene que ser cierto si vamos a tener éxito. No asumimos que hay algo inherente en la evolución cultural que hace que las civilizaciones vivan cientos de miles de años. Lo que estamos diciendo es que si otra civilización desarrolla una tecnología avanzada para comunicarse estará en un punto de inflexión en el cual se podría autodestruir o, si no, ponerse introspectiva y no mirar hacia fuera. En estos casos es dudoso que lleguemos a detectarlos. La metáfora es esta: para comunicarnos va a tener que ocurrir algo tan especial como que dos luciérnagas se prendan en el mismo instante durante el transcurso de una noche entera. Si detectamos algo de la manera en la cual estamos buscando hoy, tendría que ser una señal que se viene transmitiendo desde cientos o miles de cientos de años.

¿Ustedes están transmitiendo mensajes hacia fuera?

No. Nosotros pensamos que la decisión sobre qué decir –o hasta la pregunta de si se debería mandar un mensaje o no– es demasiado importante para que la decida un puñado de científicos. Creemos que esta es una decisión de tanta importancia para la humanidad que gente de todo el mundo tendría que participar en el debate y la decisión. De allí viene la motivación del proyecto Earth Speaks. Algunas personas piensan que podría ser peligroso alertar a una civilización extraterrestre de nuestra presencia.

¿Cuánta esperanza tiene de que descubriremos una inteligencia extraterrestre?
Los que trabajamos en SETI, por más que somos científicos, tenemos la intuición profunda de que tiene que haber más vida en el cosmos. ¡Yo espero que descubramos algo mañana! Aunque al mismo tiempo acepto la posibilidad de que no exista ninguna forma de vida fuera de nuestro planeta. Queremos creer que existe vida allí afuera, pero justamente por ese deseo tenemos que tener mucho cuidado con asumir que efectivamente haya.

SETI se proyecta a muy largo plazo. ¿Hay una preocupación por si la humanidad se destruye antes de poder contactar?
Algunos han argumentado que no tendríamos que transmitir mensajes porque no hay una garantía de que seguiremos estando cuando nos llegue una respuesta. Eso ha sido un argumento también para decidir enfocar todos nuestros esfuerzos en escuchar. Si nos dedicamos a escuchar, tal vez tengamos éxito mañana, mientras que si nos dedicamos a transmitir, los tiempos se alargan muchísimo. Pueden pasar cien mil años antes de que recibamos una respuesta. Pero como en todos los aspectos de la vida, no podemos vivir con el miedo de que no haya un mañana o un próximo milenio. Este proyecto podría servir como una gran meta unificadora para la humanidad. Para que nos demos cuenta de una vez por todas lo especial que es la vida en la Tierra y la importancia de cuidarla.

Sé que usted estudió religiones. ¿Cree que las de hoy son un impedimiento en la búsqueda científica?
Muchas religiones, en especial las orientales, contienen la idea de que hay otros mundos poblados en el más allá. Otros, como el cristianismo, tienen teólogos argumentando por los dos lados. Si descubrimos vida, las preguntas son: ¿tenemos obligaciones éticas con esta otra vida? ¿Hay algo que podamos aprender espiritualmente de ellos y ellos de nosotros? Todo cambiará cuando descubramos algo. Por ahora estamos solos.

ASÍ ESCRIBE Douglas Vakoch

¿Para qué?

Mientras que la búsqueda de inteligencia extraterrestre entra en una nueva fase con el comienzo de observaciones de señales de radio desde otros mundos, la comunidad científica se ha estado preparando con una aumentada seriedad para la cascada de eventos que seguirían tras la detección de una civilización alienígena. Pero ¿qué deberíamos decir?

El psiquiatra suizo Carl Jung creía que la madurez dependía de la habilidad de poder conectarnos con nuestra sombra: esos aspectos de nuestro ser que usualmente ocultamos o de los cuales huimos. “Desafortunadamente no puede existir una duda de que el hombre es, por lo general, menos bueno de lo que quiere ser o de lo que se imagina”, escribió Jung. Las consecuencias de enfrentarnos con nuestra sombra son peligrosas. “Todos llevan una sombra”, continúa Jung: “Y lo menos presente que esté en la vida consciente del sujeto es lo más oscura y negra que resulta. Si una inferioridad se hace consciente uno tiene la posibilidad de corregirla... Pero si está reprimida nunca se corrige”.

En cierto sentido, la composición de mensajes para otros mundos se convierte en un proceso no solo de contactarse con mundos alienígenas en el más allá, sino en explorar mundos desconocidos dentro de nosotros mismos.
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