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¿Quién creó el universo?

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Foto de la NASA de una nebulosa generada alrededor de una estrella a 150 años luz de la Tierra. Se la conoce como la Mano de Dios.

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Portada  del libro El gran diseño, de Stephen Hawking (círculo).

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El Jardín del Edén con la Caída del Hombre (1615), cuadro de Jan Bruegel y Peter Paul Rubens; exhibido en un museo de Holanda.


El reciente libro del físico Stephen Hawking despierta un añejo debate que enfrenta a los hombres de ciencia y los hombres de fe. Aunque muchos científicos dicen haber “descubierto” la existencia del Dios creador.

No dijo que Dios no existía. Pero quizás afirmó algo peor: que Dios no era el creador del mundo.

Contrario a la presunción de que el universo es obra de un ser todopoderoso, el astrofísico inglés Stephen Hawking señala en su más reciente libro que la física moderna excluye la posibilidad de que un ser divino haya producido el universo.

Tal afirmación resulta una cachetada al 95% de los humanos que “cree” en Dios, tal como ocurrió con el darwinismo cuando eliminó la necesidad de una presencia creadora en el campo de la biología. Sin embargo, en el caso de Darwin, Iglesia y ciencia se reconciliaron con la idea compartida de que la divinidad pudo haber brindado el despegue y el espacio para la evolución.

Pero Hawking no negocia. El conocido astrofísico afirma en El gran diseño, publicado en septiembre anterior, que las nuevas teorías científicas hacen redundante el papel de un creador del universo. Según explica, el Big Bang, la “gran explosión” que según la ciencia dio origen al mundo, fue consecuencia de las leyes de la física, entre ellas la gravedad. Y de nada más.

El Big Bang constituye el momento en que de la “nada” explota y emerge toda la materia, es decir, el origen del universo.

Cambio de opinión
Hawking se retracta así de sus opiniones en su obra Una breve historia del tiempo (1988), en la que sugería la compatibilidad entre la existencia de un Dios creador y la comprensión científica del universo. “Si llegamos a descubrir una teoría completa, sería el triunfo definitivo de la razón humana porque entonces conoceríamos la mente de Dios”, escribió en esa obra.

En su nuevo libro, cuyo crédito comparte con el físico estadounidense Leonard Mlodinow, Hawking reenciende los conflictos en una añeja confrontación entre ciencia y religión, en la cual han estado inmersos personajes como Isaac Newton, cuya hipótesis señalaba que el universo no pudo haber surgido solo del caos y las leyes de la naturaleza, sino de la intervención de Dios.

Según Hawking, el primer bofetón a la teoría de Newton fue la observación en 1992 de un planeta que giraba en órbita en torno a una estrella distinta de nuestro Sol. “Eso hace que las coincidencias de las condiciones planetarias de nuestro sistema –la feliz combinación de distancia Tierra-Sol y masa solar– sean mucho menos singulares y no tan determinantes como prueba de que la Tierra fue cuidadosamente diseñada (por Dios) para solaz de los humanos”, escribe Hawking, que en vista de tal similitud (antes impensada) deduce la posible existencia de otros universos y de seres de otros planetas. Eso sería, dice, contradictorio ante la idea de un Dios cuya intención era crear al hombre y su mundo.

El gran debate
El científico británico Richard Dawkins es uno de los varios intelectuales que concuerdan con Hawking. En su provocativo libro El espejismo de Dios, Dawkins sostiene que la creencia en un dios personal pueden calificarse como un espejismo sostenido a pesar de la gran evidencia en contra. En enero del 2010, la versión en inglés de su libro había vendido más de dos millones de ejemplares.

Dawkins concuerda en la observación hecha por el escritor estadounidense Robert M. Pirsig en relación a que “cuando una persona sufre de una alucinación se le llama locura. Cuando muchas personas sufren de una alucinación se le llama religión”.

Sin embargo, tal opinión no es compartida por otros hombres de ciencia. A comienzos del 2004, el profesor Anthony Flew, uno de los más conocidos ateístas en el mundo, académico de la Universidad de Reading (Reino Unido), en un simposio en la Universidad de Nueva York declaró que el desarrollo de la ciencia moderna lo ha llevado a aceptar la acción de una mente inteligente en la creación del mundo.

“Creo que el material sobre el ADN ha demostrado que la inteligencia tiene que haber tomado parte en la combinación de estos elementos extraordinariamente diversos”, afirmó. “La enorme complejidad mediante la cual se llegó a los resultados me parece obra de la inteligencia”.
Con él concuerdan más de treinta científicos entrevistados en la serie El origen del hombre, compuesta por nueve documentales de la española Goya Producciones. Entre los 30 científicos y expertos consultados en esta serie hay creyentes y ateos.

Michel Ghins, filósofo belga de la Universidad de Lovaina especializado en filosofía de la física, afirma en el documental que la teoría de “los universos múltiples” fue ideada directamente para escapar a la hipótesis de un Dios creador del mundo. Además de no tener ninguna base empírica ni física, Ghins considera que incluso si hubiese múltiples universos... ¿qué impediría a Dios ser el autor de todos ellos? Dios sería, incluso, “más” creador todavía.

Para Evandro Agazzi, de impresionante currículum filosófico (presidente de la Academia Internacional de Filosofía de la Ciencia, en Bruselas; presidente honorario de la Federación Internacional de Sociedades Filosóficas; presidente honorario del Instituto Internacional de Filosofía, en París), el azar no puede explicar la existencia del mundo. Afirma que quienes creen explicarlo todo a partir de alguna ciencia positiva caen en una “actitud reduccionista que en realidad es anticientífica”.

Thomas Glick, especialista en Historia de la Ciencia de la Universidad de Boston, critica que haya “fundamentalistas del materialismo” que se fabrican una especie de religión o metafísica, “pero nadie confunde esto con ciencia”. Werner Arber, microbiólogo suizo y Premio Nobel de Medicina, no ve incompatibles los datos científicos con una lectura razonable de la Biblia. “Yo puedo leer en el Génesis, al comienzo del Antiguo Testamento, que el mundo fue creado en varios periodos, y para mí, esos varios periodos son precisamente evolución”, afirma.

Cees Dekker, premiado especialista holandés en biofísica molecular, ha mencionado que “el método de la ciencia por sí mismo no es cristiano ni es ateo. Ciencia y religión no están en conflicto. Y la ciencia en sí misma encaja muy bien con la visión cristiana del mundo”.

El físico neoyorquino Leon Lederman, premio Nobel en Física, en 1988, casi al principio de su libro La partícula divina afirma: “Nada sabemos del universo antes de que llegase la edad madura de una millonésima de una billonésima de segundo, es decir, nada hasta que hubo pasado cierto cortísimo tiempo tras la creación en el Big Bang. Si leen o escuchan algo sobre el nacimiento del universo es que alguien se lo ha inventado. Estamos en el reino de la filosofía. Solo Dios sabe lo que pasó en el principio mismo”.

Nicolás Jouvé, catedrático de Genética en la Universidad de Alcalá de Henares, no cree que Hawking llegue a conclusiones novedosas sobre el origen de la materia y el tiempo, y afirma que la ciencia es una “parcela del conocimiento que no puede ignorar otras disciplinas como la filosofía y la teología, que también tratan de responder las cuestiones humanas”. “El ser humano tiene que resolver sus preguntas. La existencia de Dios es un tema ‘intratable’ científicamente”. (M.P.)

“El método de la ciencia por sí mismo no es cristiano ni es ateo. Ciencia y religión no están en conflicto. Y la ciencia en sí misma encaja muy bien con la visión cristiana del mundo”.
Cees Dekker, especialista holandés en biofísica molecular.

“Existe una diferencia fundamental entre ciencia y religión. La religión se basa en la autoridad, y la ciencia se basa en la observación y la razón. La ciencia vencerá porque funciona”.
Stephen Hawking, a la cadena ABC News, 7 de junio del 2010.

La fe en el creador

El papa Benedicto XVI, ante líderes de otras religiones, respondió, sin citarlo, al ateo Stephen Hawking y su teoría contraria al universo como obra de Dios: “Las ciencias humanas y naturales proporcionan conocimientos asombrosos sobre algunos aspectos de nuestra existencia y enriquecen nuestra comprensión sobre el funcionamiento del universo físico. De esta manera se pueden aprovechar para el mayor beneficio de la familia humana. Aun así, estas disciplinas no dan, ni pueden dar, una respuesta a la pregunta fundamental, porque su campo de acción es otro. No pueden satisfacer los deseos más profundos del corazón del hombre. No pueden explicar plenamente nuestro origen y nuestro destino, por qué y para qué existimos”.

“Las religiones –según el Papa– dan respuesta al interrogante más importante: el relativo al sentido último de nuestra existencia humana”. A partir de una lectura católica y, por tanto, no fundamentalista del Génesis bíblico, el Papa sostiene: “Dios nos confió la tarea de explorar y aprovechar los misterios de la naturaleza al servicio de un bien superior. ¿Cuál es este bien superior? En la fe cristiana se expresa como amor a Dios y amor al prójimo”.

Francisco Quinde, pastor ejecutivo del Centro Cristiano de Guayaquil, señala que “la ciencia es uno de los mayores bienes que tiene la humanidad, y todo lo que ella ha podido comprobar solo reafirma lo que la Biblia y la fe cristiana predican. Si observamos puntos de divergencia entre ambas, debemos ser conscientes de que solo se da por supuestos que la ciencia plantea, es decir, hipótesis que no se pueden comprobar, motivados por personas que tratan de encontrar el origen de las cosas fuera de Dios, y no logran conectar sus teorías, porque son incompletas”.

Agrega: “La fe cristiana siempre ha considerado que el origen de las cosas ha sido Dios; podemos tener una gama de criterios que van desde la creación instantánea hasta la creación evolutiva, pero su origen siempre es Dios mismo, y la humanidad es la expresión máxima de la creación. Racionalmente el hombre no puede entender algo tan complejo, porque todo lo que nuestra mente puede comprender es parcial, debido a nuestras propias limitaciones”.

El concejal de Guayaquil Guillermo Chang, cristiano católico que admira el budismo, señala que esa filosofía oriental respeta el conocimiento científico y no lo contradice por ser una línea de pensamiento racionalista que no confronta a otras creencias. Por eso destaca que el budismo no se detiene en esos debates, sino que centra su visión en la búsqueda de la paz a través de la meditación para que el ser humano se despoje de aquello que le provoca dolor, angustia y sufrimiento.

Por eso, según la filosofía budista, el ser humano debería centrar sus acciones a la búsqueda de la “iluminación” a través de los valores morales y espirituales, “que son similares a los del cristianismo y otras religiones, como amar al prójimo, no engañar, practicar la generosidad, y demás”, dice Chang. La creación del universo por Dios es un acto de fe profundo que depende de cada individuo según sus propias creencias, concluye.

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