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Juegos integradores

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Monopoly Ecuador

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Juego de mesa

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Este práctico cajón de madera con diez juegos de mesa como ajedrez, damas chinas, parchís, tres en raya, backgamon, entre otros.



Divertirse y aprender jugando es una de las premisas de la enseñanza moderna. Hay autores que hablan de la psicología del juego porque cuando se lo practica se produce una reacción en todo nuestro organismo y surgen altas dosis de emociones. Sucede en lo individual, familiar y colectivo, sin que se convierta en una adicción.

Los juegos de mesa practicados en los hogares con la familia o amigos favorecen la comunicación, sin que se hagan una adicción.

Catalina, de 27 años, por lo general se reúne a jugar con un grupo de nueve o diez amigos (ex compañeros de colegio), siempre en la casa que esté disponible el viernes o sábado. Pictionary es uno de los juegos favoritos porque permite describir las capacidades de dibujantes o de actores de cada uno. “Armamos equipos por sorteo o jugamos hombres contra mujeres, lo cual enciende más la competencia. Hubo una época en que jugábamos tanto que íbamos a comprar una pizarra líquida”.

Catalina y sus amigos también compraban piqueos y podían jugar hasta la madrugada, riéndose el uno de los dibujos del otro o de las dificultades para adivinar. Incluso, separaban los peores dibujos y los fotografiaban.

Dependiendo de la noche, señala Henry (27 años), jugaban también Tabú. “Consiste en adivinar palabras, dando pistas, sin mencionar los sinónimos de ellas. Aquí se pone a prueba el ingenio de cada uno porque no puedes hacer mímicas y tienes que recurrir a situaciones cotidianas para hacerlo más fácil”.

A tal punto llegó la afición por los juegos de mesa de los amigos, agrega, que cuando salió el Monopolio Ecuador fueron a comprarlo y se reunieron a jugar esa misma semana. Con Monopolio, en cambio, agrega Catalina, son inevitables las peleas. La ambición y las ganas de no ir a la bancarrota generan conflictos. A veces se negocian propiedades entre los jugadores y algunos terminan disgustados. “Una vez un amigo dio por terminado el juego y se fue a su casa. Al siguiente día dijo que nos habíamos aliado para que quebrara, pero no hubo resentimientos, solo se río”, dice.

A Leonardo Pesantes, de 64 años, también le agradan los juegos de mesa. Actualmente los disfruta con amigos de la infancia o colegas, dependiendo de lo que quieran jugar. “No somos adictos ni acudimos a un club, solo es un pretexto para pasarla bien sanamente y con alegría en alguna de nuestras casas”.

Le encanta jugar porque desde pequeño lo hacía todas las noches con su familia, ya sea damas chinas, parchís o dominó, pero rara vez a las cartas. “Encuentro que los juegos en familia son una buena manera de enseñar a los más jóvenes a obedecer normas, a ser honestos y a competir siguiendo las reglas. También a desarrollar habilidades de pensamiento, estrategias, lógica o hipótesis, dependiendo de lo que se juegue”, dice.

Otro tipo de juego que está en auge es el bingo social, ahora más que nunca, producto de la crisis económica, dice el sociólogo Fabricio Medina. Su propósito no solo es recaudar fondos para ayudar a alguien, sino también para pasarla bien en familia, con amigos o vecinos.

Disfrutar el juego
El psicólogo clínico Jorge Luis Escobar, presidente de la Asociación Ecuatoriana de Psicólogos, dice que jugar en familia es altamente gratificante para todo el sistema familiar. La idea no es que se desarrolle una encarnizada competencia, sino divertirse jugando, disfrutar del juego sin importar quién gana. Cuando se juega desde el sentir y el alma se disfruta al máximo y se enriquece el aprendizaje emocional. Por lo que realizar actividades lúdicas en casa o en familia es muy saludable e integrador, siempre y cuando no se detonen los componentes sociales de competencia que buscan ganadores o perdedores.

Juegos hay tantos, agrega, y todos pueden ser adoptados por las familias. Eso va a depender de la aceptación colectiva. El parchís es un juego de mesa muy común en las familias; también el dominó, las damas, el ajedrez o las cartas. Además, están los que se enfocan en desarrollar el vocabulario, como el Scrabble, o el financiero como el Monopolio. También los de estrategias y un sinfín de ellos que se pueden adaptar a la necesidad de cada entorno familiar.

Herramienta integradora
Actualmente hay más acceso a los juegos y eso posibilita su uso. Muchos han encontrado en estos la herramienta para poder tener una vida social más integradora en familia y con amigos cercanos, y es un buen argumento.

Marco Vera, de 24 años, cuenta que los fines de semana su mamá se reunía con sus amigas que viven por su casa a jugar Rummikub y que a veces les faltaba un jugador. Entonces ella le decía para que juegue, pero él se negaba porque pensaba que era aburrido. “Pero un día fui a la casa de un amigo a jugar videojuegos y había otro grupito jugando Rummikub. Entonces me invitaron a sentarme porque faltaba un jugador y, bueno, me tocó jugar. Ahí le empecé a coger el gusto. Después llevé el juego de mi mamá a casa de mis amigos o cuando viajaba a la playa. Además, iba con mi mamá a casa de mi tía a jugar con ella”, asegura Vera.

Incluso, dice Escobar, en la actualidad se están practicando también los videojuegos sin importar la edad. Lo importante es el objetivo que se le dé y la adaptabilidad de los miembros de la familia a la inclusión de este componente en la vida social como una herramienta para divertirse, unirlos, y no para separarlos.

“Por lo regular la gente se reúne una vez por semana o cada quince, pero depende de los tiempos de todos. Pero hay adolescentes que sí se han apropiado de la unidad que genera el juego en la familia y en vez de querer salir integran a los amigos a estas actividades”.

Asimismo, agrega, se recomienda que en familias que están atravesando conflictos, si deciden optar por el juego como alternativa integradora, lo hagan bajo asistencia profesional, porque si no se llega a consensos, termina siendo la excusa para el deterioro mayor de la relación familiar.

Bueno en la tercera edad
También existen grupos de adultos mayores de 70 a 87 años, sean parejas o viudos, que se reúnen en alguna casa de ellos, la que esté más cerca, para jugar específicamente bingo o póquer. Su afán es verse cada quince días para conversar, divertirse, intercambiar opiniones e incluso hacer análisis políticos, religiosos o familiares relacionados con sus nietos o bisnietos.

Según la psicóloga clínica Romy Albuja Arteaga, la idea de ellos es no estar aburridos en la casa, porque no han perdido el gusto de divertirse, no se quieren ver sometidos a la soledad, sobre todo porque sus hijos tienen ahora otras vidas. Incluso los juegos de mesa les ayudan a mantenerse más saludables; aparte, escuchan la música que más les agrada y bailan.

Asimismo, hay agrupaciones geriátricas que mantienen el mismo estilo de reunirse una o dos veces por semana para ello. “Si estas agrupaciones son familiares y se involucra al adolescente es perfecto porque sirve para dejar entrever el carácter de los jóvenes y cómo manejan las frustraciones difíciles”, dice Albuja.

El geriatra Aldo Guevara D’Aniello opina que los juegos de mesa en esta etapa de la vida mantienen el cerebro más activo, especialmente aquellos con los que tienen que hacer escaleras, mover fichas como damas chinas, barajas, damas, ajedrez o el Scrabble, que les permite mantener la agilidad de palabras que se pierden con el tiempo si no se comunican.

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