Añejos puentes de madera conectan las riberas del río Yanuncay.
El redondel del monumento a Honorato Vásquez (av. Solano y av. 10 de Agosto) es parte del programa municipal de restauración urbana.
El parque Curiquingue fue rehabilitado.
Nuestra querida capital azuaya no se conforma con ser un destino de cultura, arquitectura colonial y tradiciones. Ahora “pinta” su ambiente turístico de verde.
La visión de una urbe turística más natural se acentuó desde el 2008, cuando la Fundación Municipal Turismo para Cuenca convocó a un concurso para proyectos de turismo alternativo, quedando ganadora la operadora local Expediciones Apullacta con su tour “Cuenca: cables y cuerdas”, que abarca escalada de roca, barranquismo y canopy.
Ahora, la Fundación promueve el Corredor Bioturístico del río Yanuncay, que fusiona naturaleza y cultura a lo largo del margen de ese cristalino brazo de agua.
La ruta empieza en San Joaquín, parroquia rural a 7 kilómetros al noroeste de Cuenca, que cuenta con numerosos artesanos que elaboran cestos con fibra vegetal de duda y carrizo. El fluir del río apunta al oeste para atravesar, en el sector de Campanahuaico, espacios recreativos, áreas de picnic y puentes artesanales en medio de coloridos paisajes.
Comunidades como Barabón, San José, Inmaculada y Ligüiña exhiben a más artesanos expertos en la cestería, aunque el artesano David Pasaka, en Barabón, sorprende al exhibir, en su Ecomuseo del Yanuncay, sus tallados y esculturas con trozos de madera que encuentra desechados en el bosque, porque rechaza la tala de árboles.
El paisaje cambia para mostrar el bosque montano en comunas como Sustag y Soldados, a 2.800 m y 3.500 m, respectivamente, en donde escarpadas elevaciones acompañan una próspera actividad ganadera.
Antes de llegar a Soldados, en una propiedad privada, operan dos piscinas de aguas termales, cuyo ingreso requiere el previo consentimiento del dueño, el ganadero Manuel Merchán, quien hace tres años mejoró las instalaciones para brindar una mejor atención a los varios turistas que recibe.
Colores citadinos
Cuenca también se ha preocupado por mostrar los tonos de la naturaleza dentro de los límites urbanos. El Municipio local, liderado por el alcalde Paúl Granda, lleva adelante un programa “verde” para lograr una ciudad más amigable con el habitante y el turista, señala Patricia Cordero, gerente general de la Empresa Pública Municipal de Aseo (EMAC), entidad a cargo de esa obra. Ella explica que este plan ha llevado a recuperar 67.527 m² de parques y 16.420 m² de jardines a lo largo de avenidas como España (42.600 plantas) y Fray Vicente Solano (10.606 plantas). “Nuestro propósito es plantar 20 mil árboles anuales, es decir, un árbol por cada bebé que nace en la urbe”, dice.
Los parques remodelados son Curiquingue (7.933 mº, calle Sancajas y Namangoza), Los Andes (7.956 m², Remigio Crespo y Venezuela), Las Américas (8.065 m², av. Las Américas y calle Miguel Vélez) y El Urano (1.578 m², M. Delgado y Francisco Estrella).
Aunque uno de sus mayores orgullos es su sistema de relleno sanitario en la zona de Pichacay, en la parroquia Santa Ana (a 21 km de Cuenca), donde procesan diariamente 400 toneladas de basura, mayormente enterrándola y reforestando, con el propósito de producir el menor impacto posible en esa zona rodeada de vegetación.
Además es el punto final de un sistema de reciclaje que involucra a los habitantes de Cuenca, a quienes se les solicita separar los desechos reciclables en fundas celestes que son entregadas a los recolectores ciertos días a la semana.
Así buscan, con el apoyo de la comunidad, lograr una Cuenca más verde y limpia para regocijo de los habitantes y turistas.
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