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Formación actoral

La escuela neoyorquina

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El gran profesor del Neighborhood Playhouse: Sanford Meisner (1905-1997)

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Steven Ditmyer, profesor de Neighborhhod Playhouse, llega al Teatro Centro de Arte para un taller teatral de una semana.

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Albert Paulsen, actor guayaquileño que estudió con Sanford Meisner en la escuela Neighborhood Playhouse

Han sido estrellas de cine, teatro y televisión en varias épocas... ¿Qué los junta? Todos pasaron por las aulas de la escuela Neighborhood Playhouse.

“Lo dice un director como yo”, afirmaba entusiásticamente el oscarizado realizador Elia Kazan, “si trabajas con un actor que se ha entrenado con Sanford Meisner, has sido bendecido”. Durante varias décadas, Meisner iluminó los cráneos de los estudiantes del Neighborhood Playhouse, la más antigua de las escuelas actorales de la Gran Manzana.

El nombre del Playhouse es casi una leyenda, acogiendo en su personal a artistas icónicos como Martha Graham, que también enseñó a los estudiantes la danza moderna en los años treinta. Lo único que se acerca a su estrategia académica es el Actor’s Studio, la escuela donde se formaron Marlon Brando, James Dean y Al Pacino entre otras famosas figuras. Allí el gurú era Lee Strasberg, quien tuvo una fugaz aparición en El Padrino. Al igual que Meisner y Strasberg, la otra gran maestra de la enseñanza teatral en Nueva York fue Stella Adler, que fundó su Studio of Acting (Estudio de actuación) en Nueva York.

Meisner, Strasberg y Adler fallecieron hace algunos años, pero su legado se expande. En el caso del Playhouse, llegará a Guayaquil muy pronto Steven Ditmeyer, profesor que realizará un taller actoral en el Teatro Centro de Arte. Con su pluralista y dinámica vida cultural, Nueva York acunó la aterrizada y muy terrenal aureola que distingue a los actores de escuela neoyorquina. Para el público de Broadway, los mejores recuerdos consumiendo experiencias teatrales, no son simplemente la de los grandes espectáculos musicales. “Ver a Brando en Un tranvía llamado Deseo en el escenario era un momento galvanizante, uno sentía que había una fiera suelta en el escenario”, decía alguien que estuvo allí. O la inusitada aparición de Pacino en una vanguardista variación dramática como un Herodes políticamente incorrecto en la reciente Salomé, de Óscar Wilde.

Décadas atrás los clásicos de Shakespeare fueron revitalizados en escenarios neoyorquinos con un aire completamente alejado de las vaporosas dramatizaciones británicas. Para Meisner un actor nunca debe regirse por la lógica o por lo correcto, lo que está “bien”, a no ser que esto sea por un requerimiento del personaje. “Hay que andar siempre cerca de la gente que sigue sus instintos”, les decía a actores que por lo general no llegaban a los 30 años. “Uno no puede aplicarse a ser un caballero y un actor al mismo tiempo”.

La técnica

Sanford Meisner falleció a los 92 años en 1997 en Sherman Oaks, California, donde el profesor convalecía de un cáncer a la laringe que nunca impidió que él siga dictando sus clases en el Centro Sanford Meisner que un grupo de seguidores abrieron en Hollywood, después de convertirse en el corazón del Neighborhood Playhouse durante 56 años en Nueva York. Existe un palpitante registro en video de este viejo maestro, sentado en un escritorio del pequeño escenario de la escuela de Los Ángeles, grabado en 1985 por el famoso director Sídney Pollack (Todos los hombres del presidente, 1976), uno de sus alumnos en Nueva York.

Su fogoso e irreverente espíritu creativo se mantenía incólume en esa filmación. Con gruesos lentes después de una operación de cataratas y conectado a un diminuto micrófono que ampliaba su voz –que más parecía un balbuceo– después de la operación de laringotomía, su presencia y su voz tenían un poder hipnótico en los actores. Los guiaba en grupos de a dos en ejercicios de improvisación que él calificaba como una manera de fusionarse con el texto dramatúrgico junto a la interacción con los otros actores. Meisner insistía apasionadamente en un trabajo instintivo e intuitivo como la base esencial del proceso actoral.

“El ritmo emocional que sucede dentro del actor” –decía– “es lo que menos se puede controlar del trabajo en el escenario, pero debe estar presente en la proporción necesaria para que una escena funcione”. Esto requería en cada estudiante una búsqueda espiritual de su propia identidad, como la única forma posible de lograr los niveles profesionales que en el Playhouse fueron patentados como ‘la técnica Meisner’.

“Con él sabíamos que estábamos expuestos a una verdad absolutamente necesaria para nuestro trabajo”, dice el dramaturgo David Mamet. Junto a la rigurosidad de la supervisión de Meisner y sus evaluaciones, los actores asumían después un proceso liberador que reforzaba su propia creatividad.

Después de reconocimientos de los presidentes Clinton, Bush y Reagan, el profesor Meisner recibió un emotivo homenaje del alcalde de Nueva York por su aporte a la vida artística de la ciudad. En 1987 se publicó el libro Sanford Meisner on acting, que disipó algunos de los misterios de sus enseñanzas, que habían sido recogidas previamente por el documentalista Kent Paul en la película Sanford Meisner, el secreto teatral mejor guardado.

La escuela

Venerable podría ser la palabra adecuada para describir la Neighborhood Playhouse, fundada como sala teatral en 1915, siendo parte de un renacimiento artístico del arte escénico en Nueva York. Fue un duro proceso que se revitalizó en 1928 cuando las hermanas Alice e Irene Lewinsohn, filántropas-gestoras involucradas desde sus inicios, orientaron los objetivos para convertir la institución en una escuela de arte dramático.

Su objetivo didáctico –que se mantiene hasta nuestros días– es acentuar la enseñanza de técnicas que recogen toda clase de propuestas especializadas y experimentales, en producciones que reflejan el concepto del teatro como una expresión orgánica de la vida, interpretado en una fusión de todas las artes. Así, los estudiantes reciben una enseñanza múltiple que expande notablemente sus horizontes. Meisner se incorporó en 1935 para desarrollar su técnica, muy ligada a los principios de Constantin Stanislavsky, el gran profesor ruso, a quién él pudo conocer.

“El Playhouse fue mi hogar durante tres años y Meisner casi un padre”, decía el actor guayaquileño Albert Paulsen (1927-2004), que estudió allí a fines de los años cuarenta. Además de su participación en varias series de televisión, películas y teatro, Paulsen tiene el mérito de ser el único artista ecuatoriano que obtuvo el premio Emmy, máximo galardón de la televisión estadounidense, como mejor actor de carácter en el largometraje Un día en la vida de Iván Denisovich (1964), adaptado de la novela de Alexander Solschenitzyn, ganador del Premio Nobel y donde el protagonista era Jason Robards.

"El Playhouse fue mi hogar durante tres años y Meisner era como un padre"
Albert Paulsen

"El instinto y la intuición son la base esencial del proceso de la actuación"
Sanford Meisner


NEIGHBORHOOD PLAYHOUSE EN GUAYAQUIL

“La técnica Meisner es la base fundamental de la educación actoral del Playhouse”, dice Steven Ditmyer, actor, director y profesor de la escuela. Él está preparando su arribo a Guayaquil para un intenso taller de actuación que comienza el lunes 29 de Agosto en el Teatro Centro de Arte. “Meisner –quien fue mi profesor– siempre nos enseñó que la semilla de la actuación es la realidad de hacerlo, sin trabas de ninguna clase”.

En una entrevista para La Revista, Ditmyer expresó también que su entrada al Playhouse fue el momento definitivo de su vida profesional en el arte dramático. “Fue una lección durísima, porque lo que descubrí era totalmente lo opuesto a lo que había aprendido antes”, dice. “Fue la experiencia más difícil de mi vida, un verdadero shock, porque aprendes a trabajar con tus propios músculos, pero como si fueran nuevos, algo que Meisner te ayudaba a sentir, a desarrollar. Y así, te apoyas totalmente en lo que te sale de los cojones”.

Fue un gran salto para él, que no dejaba de ser arriesgado por la magnitud del cambio de estrategia en su vocación actoral. Por encima de todo, destaca el hecho que este aprendizaje de actuación es también un aprendizaje de vida, de la comunicación con otros actores. “Es un trabajo enraizado en nuestra propia identidad. Así nuestras emociones son más libres de ser expresadas”. Meisner decía que actuar es la habilidad de vivir auténticamente bajo circunstancias imaginarias.

Ditmyer tiene muchas expectativas de su taller en el Centro de Arte. “Todo sucedió de manera inesperada. Recibí una llamada de la nada de Marlon Pantaleón (coordinador del Teatro Centro de Arte), quien fue mi compañero de estudios en el Playhouse hace algunos años, cuando yo había sido convocado por los directivos para entrenarme como profesor, un verdadero honor”. Para él esta vinculación en Guayaquil podría ser el comienzo de una relación muy productiva de ambas instituciones.


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