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Premiado director


premiado110911Un guayaquileño en el escenario musical internacional  revela experiencias de su trayectoria: José María Álvarez.

Comenzó a estudiar música desde los 8 años y desde entonces no ha parado. El guayaquileño José María Álvarez de 49 años vive fuera del país desde hace 30 años y actualmente es el director titular del Coro de la Universidad San Pablo CEU de Madrid. 

“Vengo de una familia por parte de madre en que todos han sido músicos. Todos mis tíos han sido profesores del Conservatorio Antonio Neumane, y muchos de ellos tuvieron la suerte de estudiar también en el extranjero”, recuerda.

Sin embargo, asegura que la experiencia que determinaría su futura carrera musical fue en el coro del colegio Cristóbal Colón.  “Allí tuve la suerte de trabajar con el padre Luis Mata Mera, quien es un gran director de coros que  pasó por Guayaquil y fundó el coro del colegio. Eso marcó no solo mi camino, sino el de muchos jóvenes como yo que tuvimos la suerte de salir al exterior”, explica.

Siguiendo con su vocación musical, al terminar el colegio, José María decidió viajar a Chile a realizar sus primeros cursos en dirección coral. De allí se trasladó a Alemania, donde siguió un Bachillerato Musical en Dirección Coral en la escuela Renana de Música en Colonia y luego de eso logró una beca para ir a la Unión Soviética, donde obtuvo el título en Dirección de Orquesta y Ópera del Conservatorio Tchaikovsky en Moscú.

En ese punto quiso regresar a Guayaquil, pero recibió la invitación de unos amigos y colegas músicos españoles que había conocido en Rusia para que fuese a trabajar como profesor en una red de escuelas de música privadas y posteriormente como director del coro de la Universidad Complutense de Madrid. “Así fue mi llegada a Madrid”, relata.

Hace diez años, en septiembre del 2001, la Universidad San Pablo CEU de Madrid organizó un concurso de méritos para contratar  a un director de coros e iniciar un proyecto nuevo, encaminado a complementar la formación humanística y cultural de sus alumnos y a crear un grupo musical serio que represente la buena imagen de la casa y tenga, asimismo, proyección artística dentro y fuera de España. “Tuve la suerte de ganar dicho concurso y desde entonces estoy al frente de esta formación”, revela.

Sus gustos

José María se confiesa un gran admirador de la obra del compositor alemán  Juan Sebastian Bach. “Creo que reúne unas cualidades historicistas importantes. Fue un hombre que escribió basado e inspirado en los grandes compositores del Renacimiento italiano, pero también fue un hombre visionario”, explica.

Considera que el alemán Félix Mendelssohn  es otro de los compositores que lo han marcado en estos últimos años.
“Él ha estado siempre a la sombra de los grandes dominantes del siglo XIX alemán como Schubert, pero yo pienso que es uno de los grandes valores todavía por descubrir del Romanticismo alemán. Además hay una coincidencia, un puente maravilloso que lo comunica a él con Bach, porque gracias a  Mendelssohn hoy hemos podido conocer la obra de Bach. Fue el compositor que sacó a la luz todo el catálogo de Bach”.

Este año, el coro del Colegio Internacional Maximiliano Kolbe, fundado y dirigido por José María, obtuvo el primer premio en la fase final del Concurso de Coros de la comunidad en Madrid. La final del certamen se realizó el 5 de mayo en el Auditorio Nacional de Música de Madrid, donde él también fue galardonado con el premio del jurado como el Mejor Director del certamen.  Algo que recibe con mucha alegría, pero también con mucha humildad y como un estímulo para seguir adelante.

¿Bajo qué criterios escogió a los miembros de su coro? Con tres criterios básicos: capacidad musical (buen oído melódico, buen oído armónico, buen sentido del ritmo), calidad vocal y calidad humana.  Sobre esta última cualidad enfatiza:

“Un cantante de coro que carezca de humildad, espíritu de grupo y sentido del compromiso coral no podrá nunca llegar muy lejos ya que el trabajo de un coro es un trabajo de equipo y los resultados artísticos dependen, en gran medida, de la mística coral de cada uno de los integrantes y, por supuesto, de lo que cada director sea capaz de imprimirle a su grupo”, enfatiza.

En esta última visita a Guayaquil fue director invitado con la Orquesta Sinfónica de Loja, la última semana de julio. Con ella ofreció el concierto de fin de temporada, que tuvo lugar el 28 de julio en el Teatro Universitario Bolívar.  Esta es la segunda vez que lo invita dicha formación, la anterior fue en octubre del 2008.

Al respecto, José María  se muestra muy feliz por los  avances que ha tenido Ecuador en cuanto al desarrollo y difusión de la música clásica, pese a los enormes obstáculos que esto incluye.

“Evidentemente las limitaciones son enormes todavía, y en una sociedad como la nuestra, donde las necesidades sociales son tan grandes, es complicado decir yo voy a destinar tantos millones para el arte, cuando mi pueblo necesita comer, alfabetizarse, oportunidades laborales, etcétera”, subraya.

“La Orquesta donde yo trabajo y el mismo Conservatorio de Madrid son instituciones que tienen millones de euros, posibilidades de giras,  avances en cuanto a investigación, bibliotecas.  Es una diferencia enorme, pero eso a uno lo hace sobrecoger más cuando observo lo que pasa aquí. Tiene muchísimo mérito, con los pocos elementos, con las limitaciones tan grandes que hay en Ecuador, hay que quitarse el sombrero, felicitar a los actores, a los protagonistas en este proceso y desearles lo mejor junto con todos los granitos que uno pueda aportar”.

Evaluaciones artísticas

Sobre las evaluaciones a las que se deben someter los miembros de la Orquesta Sinfónica de Guayaquil (OSG) y que ya tuvieron los integrantes de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), José María lo califica como un proceso sano que también consta dentro de los estatutos de las principales orquestas europeas.  Sin embargo, advierte que existe un reglamento que debe cuidarse durante el proceso. “Los exámenes tienen un nivel de dificultad acorde con el nivel o el tipo de orquesta que atañen”, explica. “Si hablamos de un repertorio sinfónico y las pruebas son individuales, lo normal es que cada músico tenga la oportunidad de ser acompañado por un pianista.

Los pasajes musicales que interpreta cada músico deben estar reglamentados, el tiempo de actuación de esas pruebas debe ser equitativo para todos”, detalla. Enfatiza también la importancia del anonimato al evaluar a los músicos. “Se emplea el método de pruebas ciegas, es decir, el jurado calificador no sabe quién está tocando”, explica. “El arte se presta mucho a la subjetividad, incluso al “qué guapa es esa violinista, toca más o menos pero está guapa”, o “este chico es ruso y seguramente por ser ruso va a tocar bien”.

Entonces la prueba ciega tamiza todo eso porque los participantes tienen un número y están detrás de una cortina tocando. Yo tengo entendido que aquí en nuestro país no se hace eso y puede dejar muchos cabos sueltos, son recomendaciones que me gustaría hacer”.
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