La clasificación de desperdicios del programa de reciclaje en el Malecón del Salado se cumple los días martes, miércoles y jueves.
Estación de reciclaje del malecón Simón Bolívar.
Todos pueden ayudar. La protección del ambiente no es solo cuestión de gobiernos o cumbres mundiales que vemos en los noticiarios. La esperanza puede nacer de las acciones de cada ciudadano comprometido con su apoyo.
Para comenzar, hay que primero ubicar el espacio de almacenamiento. El resto es cuestión de entusiasmo, responsabilidad y disciplina. Patricia (24 años) encontró que los periódicos y revistas provocaban desorden en diversos ambientes de su casa: la sala (especialmente), la cocina, las habitaciones, el patio...
“Había escuchado que hay empresas que los compran, así que los reuní en el patio, les pedí más a mis vecinos y parientes, y los llevé a vender a un centro de acopio para reciclaje. Me gané casi 8 dólares, desocupé la casa de papeles y sentí que hice mi parte para ayudar a la naturaleza haciendo que menos árboles sean talados”, indica esta guayaquileña que se ha dispuesto convertir su casa en un pequeño centro de acopio de papeles para luego venderlos al menos dos veces al mes.
La labor de Patricia, en solitario, no marca una diferencia en la lucha local, nacional y global por proteger el ambiente, que resulta la gran meta que el ser humano se ha impuesto en este siglo. Pero resulta una colaboración valiosa al sumarla a la de cada vecino, ciudadano y ecuatoriano con ganas de brindarle un soplo de vida al planeta.
Abramos los ojos
Los papeles no son el único material reusable. El vidrio, el plástico, el aluminio y el cartón también son objetos bien recibidos en la mayoría de los centros de acopio del país. Julissa Ulloa, encargada de las compras de la compañía Cartopel, en el sector La Prosperina (norte de Guayaquil), señala que anualmente se observa un mayor entusiasmo de las personas hacia el reciclaje.
“Hace cinco años recibíamos entre 300 y 400 toneladas de papel y cartón mensuales, pero hoy esa cifra ha subido a 800 toneladas al mes”, indica esta empleada cuyo trabajo es negociar las compras. “Compramos un mínimo de 20 kilos. Hay muchas personas que llegan a traernos el material en su vehículo. Y cuando el monto es superior a 300 kilos enviamos nosotros alguno de nuestros camiones a recoger la carga sin costo extra”, explica.
Estefanía Barcia, empleada de Recividrio, en Mapasingue Oeste, señala que semanalmente reciben unas 20 toneladas de vidrio, mayormente de empresas. La cifra también tiende a elevarse, agrega, lo cual demuestra la cada vez mayor toma de conciencia de las personas hacia el reciclaje.
Respetando tachos
Para que esta tendencia mantenga el ascenso resulta imprescindible la educación, especialmente a los niños, indica Fernando Delgado, gerente de Operaciones de la Fundación Malecón 2000, entidad que desde abril del 2004 ha mantenido un programa denominado Manejo Integrado de Desechos, que tiene como sede el Malecón del Salado.
Esa iniciativa apunta específicamente a la educación. “Salimos tablas (sin ganancia) con la venta del material que recolectamos”, agrega Delgado sobre este programa que desde su inicio ha recogido 39 toneladas de plástico, 217 toneladas de vidrio y 20 toneladas de cartón, generando ingresos de 14.224,03 dólares.
Solo en el año anterior recolectaron 14 toneladas de plástico, 42 de vidrio y 5 de cartón, que se vendieron a 2.764,24 dólares.
Pero la mayor ganancia de este proceso está en la concienciación. El programa ha traído a 28.500 estudiantes de planteles fiscales y particulares para aprender sobre el proceso de reciclaje, desde la labor de cada persona al distinguir el tipo de material que sirve para se proceso, hasta el impacto positivo que tiene en el ecosistema.
Por ejemplo, recuperar 2 toneladas de plástico equivale a ahorrar el consumo de una tonelada de petróleo. Así también evitamos incinerarlos, práctica que origina emisiones de CO2 que contribuyen al calentamiento climático y otros contaminantes peligrosos para la salud y el medio ambiente.
Otro dato: cada tonelada de aluminio (latas de bebidas) que se recicla evita la extracción de 4 toneladas de bauxita, mineral no renovable cuya producción acaba anualmente con miles de kilómetros cuadrados de selva amazónica.
Cualquier aporte resulta valioso, porque lo ideal es que se multiplique por cada habitante. Aquello puede ocurrir en casa, como lo hace Patricia, en el lugar de trabajo o en la calle, ubicando la basura según el tipo de tachos destinados a cada material.
Esto es un largo camino que recién estamos iniciando en la ciudad. Por ejemplo, la estación de reciclaje emplazada junto al patio de comidas al lado del Museo Antropológico y de Arte Contemporáneo (MAAC), en el malecón Simón Bolívar, muestra que la mayoría de personas aún no respeta en qué tacho botar los plásticos, el papel o el vidrio. “Como máximo el 40% de los desechos está ubicado adecuadamente”, indica Delgado (Fundación Malecón 2000). “Cuando viví en Alemania, en el año 1978, abajo de mi casa ya había tachos de basura que indicaban dónde botar los vidrios y dónde el papel. Y la gente los respetaba”, agrega.
En Ecuador quizás estamos algo retrasados con la cultura del reciclaje, pero avanzamos con pasos de esperanza por cada ciudadano que actúa con conciencia ecológica para ayudar a la ciudad, al país y al planeta. Pero, sobre todo, a sí mismo, a sus hijos y a sus nietos.
Perlas verdes
Reciclar es una alternativa para reducir el volumen de los desperdicios sólidos. Este proceso consiste en volver a utilizar materiales que fueron desechados y que aún son aptos para elaborar otros productos o refabricar los mismos.
Una tonelada de papel nuevo requiere 17 árboles (2.385 kilos de madera), y 26.500 litros de agua.
Un árbol ayuda a producir 176 cuadernos universitarios.
¿Cuánto tardan en ser absorbidos por la tierra? Papeles (2 a 4 semanas), vidrios (indefinido), latas de aluminio (de 200 a 500 años), botellas plásticas (de 500 a 1.000 años), latas de conservas (de 50 a 100 años) y envases de tetrapack (de 30 a 45 años).
Las ventajas del reciclaje son las siguientes:
Se ahorra energía, agua potable, dinero y esfuerzo. Se reducen los costos de recolección. Se reduce el volumen de los residuos sólidos. Se conserva el ambiente y se reduce la contaminación. Se alarga la vida útil de los sistemas de relleno sanitario. Se protegen los recursos naturales renovables y no renovables. Se ahorra materia prima en la manufactura de productos nuevos con materiales reciclables. Se reduce el daño al ecosistema y a sus recursos naturales. Se reduce la cantidad de desechos arrojados a las calles, parques, carreteras y playas. Se colabora con la preservación de los recursos naturales previniendo la contaminación del agua y del aire.
Compartir
Enviar email
Comentarios (0)

Escribir comentario





