Una alimentación a base de frutas y vegetales puede contribuir a mejorar la salud física y a reducir el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares.Para muchos, ser vegetariano es equivalente a alimentarse solo a base de ensaladas o frutas y vivir privado del consumo de carne de res o pollo. Pero en la actualidad, el vegetarianismo es más que un régimen alimenticio, constituye un verdadero estilo de vida.
“Las personas piensan que ser vegetariano es igual a comer un plato lleno de hojas verdes por almuerzo y no es así”, dice Natalie Cortez, de 29 años, quien ha sido ovolactovegetariana desde su infancia.
Según ella, el llevar este tipo de alimentación le ha permitido conocer más acerca de su nutrición y por ende mantener una mejor salud física. “Es muy raro que veas a un vegetariano a quien lo aquejen mil males, como dolor de cabeza, agruras, eructos, dolor abdominal, alergias, etcétera, todas estas muy comunes y parte de la vida diaria de todos aquellos que no son vegetarianos”, asegura.
Según explica el doctor Luis Rivero, médico homeópata, esto se debe a que una dieta vegetariana contribuye a aumentar la resistencia frente a enfermedades infecciosas ocasionadas por virus, bacterias y parásitos, refuerza considerablemente los niveles de energía anímica y física y reduce el riesgo a desarrollar afecciones al corazón y cáncer.
Olga Guevara Urquizo, doctora naturista, detalla que la gran cantidad de fibra que se consume bajo este régimen actúa como una escoba dentro del tracto intestinal y facilita la expulsión de los residuos, eliminando todas las toxinas del cuerpo.
En el caso de las mujeres embarazadas, una alimentación natural permite que su cuerpo asimile de mejor forma los nutrientes. Y en los niños contribuye al crecimiento y a la correcta formación y desarrollo de su organismo.
La carne, ¿un enemigo?
Las toxinas contenidas en la carne constituyen los principales elementos dañinos y que contaminan el cuerpo humano. “Hay dos tipos de componentes que son los que más enfermedades causan: los alcaloides: purina y tomaínas, que son terribles toxinas absorbidas por quienes comen carne”, dice Rivero.
“Nuestro hígado es insuficiente para eliminar los daños causados por el consumo de carne, por lo que rechaza aquello que no puede procesar y posteriormente se convierte en ácido úrico, causando enfermedades como reumatismo, gota, ciática, albuminuria, cálculos renales, artritis y diabetes”, añade.
Sin embargo, el dejar de consumirla puede no resultar tan sencillo. Cristina Scotty, médica argentina dedicada a purificaciones energéticas, sostiene que no es posible este cambio en el tipo de alimentación si es que no existen motivos internos que ayuden a permanecer fiel. “Me gustaba la carne en todas sus formas. Era 100% carnívora, pues me crié cerca del campo de Córdoba, en el interior de Argentina, donde mi tío mataba un ternero y enseguida lo asaba. Pero luego apliqué el derecho a elegir de manera consciente lo que quería para mi vida y tuve convicción para mantener mi decisión”, relata.
Poco tiempo después comprobó sus beneficios. “Todo funciona muy bien. La piel se limpia. Se duerme mejor y hay mayor claridad en los sentidos. La inteligencia se agudiza y mis exámenes médicos son mejores que cualquier persona de mi edad”, afirma.
El proceso de transición de una persona carnívora a un régimen vegetariano total debe ser de forma paulatina, hasta conseguir que el cuerpo se adapte por completo. “El cuerpo tiene que ser lavado y limpiado, y eso ocurre poco a poco en el momento en que se cambia la alimentación”, asegura la doctora Guevara.
Ante ello se recomienda iniciar dejando en primer lugar las carnes rojas, posteriormente las blancas y finalmente los mariscos, pero siempre bajo una guía médica.
“Podemos prescindir fácilmente del 10% de proteínas (contenidas en la carne) comiendo mantequilla, queso, huevos criollos, yogur; granos secos y tiernos como la lenteja, garbanzos, alverjas, habichuelas, fréjol rojo tierno; cereales y frutas oleaginosas como el aguacate, nueces, almendras, avellanas, etcétera.
Estos alimentos contienen los aminoácidos formadores de las proteínas”, explica Rivero.
Platos sanos y variados
Uno de los grandes mitos acerca de la cocina vegetariana es que es limitada o que está llena de privaciones. Sin embargo, Natalie asegura que este tipo de alimentación ofrece una inmensa variedad de recetas igual de deliciosas. “Con carne de soya puedes hacer los mismos platos, desde carne apanada y puré hasta caldo de salchicha o caldo de bolas de verde. Yo he servido lasaña de carne de soya a personas que no son vegetarianas y no han notado la diferencia. La cocina vegetariana es más saludable, sin grasas, es más fácil de digerir para tu organismo y principalmente no lo contamina”, afirma.
En el local Toque de Naturaleza, ubicado en el Mall del Sol, su administradora, Juanita Tutivén, comenta que en los últimos cinco años se han incrementado los clientes que acuden a diario para adquirir productos a base de soya.
Entre estos podemos encontrar todo tipo de carnes como hamburguesas o filetes y embutidos. También leche de soya saborizada, fideos integrales, mantequilla de ajonjolí, queso de soya, y más.
Sin embargo, sean cuales sean las razones que nos motiven a realizar un cambio en nuestra alimentación, la doctora Guevara considera que lo principal es que las personas alcancen un estado de conciencia acerca del efecto que tiene lo que ingerimos sobre nuestro cuerpo. “No es suficiente el conocimiento del vegetarianismo, sino creer realmente en sus ventajas”, asevera. A lo que Cristina Scotty añade: “Dentro nuestro hay un alma que desea evolucionar y se eclipsa por intoxicación física. Démosle mayor calidad de energía para que aflore y se exprese”.
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