Luis junto a su esposa e hijos.
Niños escuchando atentos los cuentos que narra el Biblioburro.
Alfa y Beto los burros de Luis. Son una “pareja” muy mimada.
Cerca de 5.000 títulos de libros posee Luis en su Fundación.
El colombiano Luis Soriano, más conocido como el Biblioburro, estará en Guayaquil contándonos una loable idea educacional.
De niño, Luis Humberto Soriano Bohórquez sufría de estrabismo, así que refugiarse en libros, especialmente los de mitología griega, lo ayudó a pasar inadvertido para que no se burlaran de él.
Incluso su mayor aspiración en aquella época era ser archivista de documentación, para trabajar en una biblioteca “como la de Alejandría”, comentó Luis, más conocido internacionalmente como el señor Biblioburro.
Sí, tal como lo lee, Biblioburro (de libro y burro). Es que Soriano, con muchos libros agarrados a dos burros, Alfa y Beto, recorre los campos de Colombia. Su objetivo es llevarles a los niños ese conocimiento madre que, lamentablemente por situaciones socioeconómicas, no está al alcance de todos.
Soriano conoce cómo es vivir en pobreza económica, pero no emocional, y sabe también cómo todo puede conspirar para que se cumplan los sueños. Su historia se construye en un ambiente lleno de colores y con gente que solo tiene deseos de salir adelante.
La Gloria
Luis es del departamento de Magdalena, en Colombia, vive dentro de uno de sus municipios, Nueva Granada, en el regimiento La Gloria.
Según él, crecer en el campo es “lo más bacano que le puede pasar a un niño... y lo más chévere que le puede pasar a un adulto es quedarse ahí”.
“La gente de La Gloria siempre está alegre porque los hace felices cortar árboles, coger pajaritos, sembrar yuca... lo simple de la vida”, agregó.
Sin embargo, por circunstancias ajenas a su voluntad, tuvo que salir de su hogar con sus hermanos para ir a estudiar la primaria y secundaria en la ciudad de Valledupar, a casa de su abuela. Sus padres tuvieron que quedarse en el campo.
Soriano contó que la experiencia que vivió como niño de campo que migra a la ciudad fue “terrorífica”.
De joven las cosas cambiaron y logró adaptarse, pero su corazón latía aún por La Gloria.
A la docencia
El día después que Luis terminó su bachillerato, su padre recibió una carta en la que le decían que su hijo había sido nombrado maestro de la Escuela Rural Mixta de La Gloria.
Soriano se había convertido en el primer bachiller de su pueblo, logro que no podía pasar desapercibido.
No obstante, se arriesgó y asumió el reto. Pero no sabía que iba a toparse con estudiantes de primero de primaria que tenían 21 años de edad y que no tenían ni idea de cómo agarrar un lápiz.
Le tocó enseñarles a leer y escribir a todos. Luis se considera un profesor muy riguroso, pero como persona “un mamador de gallo completo”.
Al pasar los años, Soriano se puso la meta de profesionalizarse, estudió cinco años a distancia y obtuvo la licenciatura de español y literatura.
Nace el Biblioburro
En el año 97 entró en “crisis”. Sus alumnos no le hacían los deberes, peor aún leían. Tenía que hacer algo, así que un domingo por la tarde agarró a sus dos burros, Alfa y Beto, les amarró un par de libros y decidió ir a las localidades cercanas a ayudar a los muchachos con sus tareas. Y no solo esto, comenzó a leerles libros para que escucharan formidables historias.
No todo fue fácil, la recepción que tenía con los niños era fantástica, sin embargo, en esa época tenía que identificarse constantemente con los paramilitares que resguardaban la zona para recorrer los pueblos.
“Al principio tuve inconvenientes con ellos, pero luego se dieron cuenta de que era un trabajo netamente social”, aseguró.
Luis comenzó a recolectar libros de todo tipo: cuentos, literatura infantil, de investigación, entre otros. Algunos los prestaba y los que servían de material de apoyo los obsequiaba.
El Biblioburro se dedicaba seis horas diarias todos los sábados y domingos a recorrer distintas veredas de la costa colombiana. En la actualidad le falta visitar algunas zonas de su país. Como parte de sus planes está terminar de recorrer su tierra.
Para él, una de las cosas más gratificantes es ver cómo los niños le gritan a lo lejos: “Ahí viene el Biblioburro” y corren a atrapar un libro. Eso sí, su única exigencia es “que tengan las manitos limpias”.
Confesó que le encanta leerles a los niños la fábula colombiana Rin, Rin renacuajo: “El hijo de rana, Rin Rin renacuajo salió esta mañana muy tieso y muy majo con pantalón corto, corbata a la moda, sombrero encintado y chupa de boda”, nos relató Soriano este pequeño fragmento en entrevista por vía telefónica desde La Gloria.
Pero personalmente su favorito es Margarita DeBayle, de Rubén Darío.
“Margarita, está linda la mar, y el viento lleva esencia sutil de azahar; yo siento en el alma una alondra cantar: tu acento. Margarita, te voy a contar un cuento”, exclamó el Biblioburro.
Soriano se siente orgulloso de su labor. Un ejemplo de esta, entre muchos, es Madelis. Exalumna de 30 años que siguió sus pasos. Es maestra, tiene su propia escuela y posee una caligrafía excepcional.
La fundación
Hace año y medio la idea del Biblioburro pudo constituirse como una fundación. A Luis lo contactó un grupo de amigos de la Universidad de Magdalena para llevar a cabo las gestiones pertinentes para crearla.
“El objetivo principal de la fundación es llevar enseñanza, nuevo aprendizaje, tecnología, etcétera, a los niños que no tienen acceso a esto. El sueño del futuro es tener un Biblioburro interactivo, que no solo lleve libros sino, por ejemplo, computadoras portátiles”, agregó.
Eso sí, aclaró, nunca se reemplazarán los burros:
“La idea de llevar tecnología no es suprimir a mis burros ni a la información escrita, es mostrarles a los niños que tienen que educarse, para cuando lleguen a adultos o salgan de su localidad no los vaya a atropellar la tecnología”.
Su fundación no pide ayuda a marcas, ni a empresas, ni a otros entes o instituciones, sino que se forja por la colaboración voluntaria de personas que han querido ayudar. Por ejemplo, el edificio de su sede fue construido gracias al apoyo de un poblador de la localidad que al ver que Luis tenía regados los libros por toda su casa, quiso darles un lugar físico.
No obstante, hay una empresa, aseguró Luis, que los ha ayudado incondicionalmente: Caja de Compensación Familiar de Magdalena (Cajamag). También la fundación se mantiene económicamente por el sueldo del Biblioburro.
En la actualidad, la idea del Biblioburro se aplica en Chile, Indonesia, Italia, Francia, España, entre otras naciones.
Soriano asiste personalmente a los países que lo invitan para contarles a las personas su historia e inducirlas a realizar esta práctica.
Por su labor ha obtenido reconocimientos como el de Colombiano Ejemplar, por el Gobierno de su país; Héroe, por la CNN, entre otros.
El Biblioburro concluye que solo con ganas se puede transformar una localidad, obviamente sin olvidarse del ingrediente principal, el amor que le pone a cada instante a la actividad que realiza.
En Ecuador
La Fundación de Diario EL UNIVERSO trae al Biblioburro a Guayaquil. Se tiene previsto que realice una charla el próximo miércoles 17 de agosto a las 16h:30 en las instalaciones de esta institución (Escobedo 1204 y 9 de Octubre), la cual va dirigida a profesores. La entrada es gratuita y cumplirá con el objetivo de destacar la importancia de la lectura presente en el programa Biblioburro, sus ventajas y dificultades.






