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Coleccionista innato

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Melvin Hoyos

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Melvin Hoyos asegura que su mayor satisfacción como coleccionista es  “ver, observar y aprender”.


Todo empezó en la escuela. A sus 7 años sintió curiosidad por las formas de los borradores y sacapuntas, y empezó a reunir aquellos que eran diferentes. Cuando menos lo pensó, había formado una pequeña colección. Fue así como Melvin Hoyos Galarza, arquitecto e historiador, descubrió que tenía una afición particular por coleccionar. Desde objetos cotidianos como cucharas de plata hasta extraños como insectos y conchas.

Por eso bromea que en su casa, ubicada en Durán, ni siquiera las mascotas son por unidad (tiene cinco perros). Allí cada rincón guarda piezas que evocan una época, traen a colación la variedad del mundo, hacen añorar su infancia a más de uno e invitan a conocer la historia. En su biblioteca, cuenta, tiene clasificados 30.000 libros, más de 3.000 cómics, medallas conmemorativas, monedas.

Y en su estudio, carros de colección o de series animadas y piezas importantes como un reloj de oro que perteneció al presidente José Luis Tamayo y que fue un recuerdo de cuando se inauguró la Columna de los Próceres, o las invitaciones para la inauguración del Monumento a Bolívar en 1889.

“Coleccioné desde cajetillas de cigarrillos, de las cuales todavía conservo algunas, pasando por cómics, y llegando cuando tenía unos 10 o 12 años a las estampillas”. Esto último promovido por su padre, Fabio hoyos. “Me hizo filatelista. Comencé a coleccionar sellos postales particularmente de Ecuador y aprendía de su origen e historia”.

Ese fue su primer acercamiento con la historia porque no se trataba solo de reunir piezas; también de investigar sobre ellas.

Sin embargo, pese a su afición por coleccionar e investigar decidió estudiar arquitectura. Era una especie de herencia artística que tenía por el lado paterno (de origen colombiano). Su padre pintaba y su tío Gabriel Hoyos Mejía, cuenta él, trabajó para Disney en la ilustración de Mickey Mouse.

Primer trabajo

“Me gustaba el arte pero quería hacer algo más práctico y qué más práctico que la arquitectura, aunque dentro de esta yo me vinculé mucho más con la investigación de la historia de la arquitectura”, señala él. Por eso cuando se graduó de arquitecto su primer trabajo fue como asistente del historiador Julio Estrada Ycaza. La primera tarea que le encargó: realizar una investigación sobre Historia de la Artesanía Arquitectónica Guayaquileña.

Desde entonces se vinculó a archivos del país como el Aurelio Espinoza Pólit en Cotocollao y el Archivo Histórico del Guayas (AHG).
“Julio Estrada me pidió que haga una investigación sobre numismática, pero particularmente sobre historia de las medallas ecuatorianas; paralelo a eso hacía lo de la arquitectura y sobre la moneda ecuatoriana, porque yo comencé a coleccionar monedas”.

Luego siguió coleccionando otros elementos, como conchas. Viajando por las playas del Ecuador fue recogiendo caracoles y conchas que tuvieran características diferentes y armó su colección de 1.300, 730 diferentes. “Yo no recojo por recoger, trato de conocer qué es lo que estoy recogiendo y compro libros, folletos y boletines de investigaciones que se hagan sobre esos temas. Comenzamos a hacer clasificación de acuerdo a las familias de los moluscos”, dice.

Va ligado al oficio que escogió para el resto de su vida: hacer y contar historia. “Yo me siento muy bien en un lugar en el que todo huele a pasado. He buscado mucho lo que tenga que ver con la historia de mi tierra, de Guayaquil”.

Eso explica que aunque hizo algunas obras como arquitecto y diseñador, se vinculó más a la profesión por la cátedra que imparte de Teoría del color e Historia del Arte. Esta última es una de sus pasiones y por ello a fines de los años setenta fue a París a estudiarla.

Del museo a la biblioteca
Melvin Hoyos trabajó como ayudante de Julio Estrada hasta 1988, en que este salió del Banco Central. Sin embargo, él se quedó como investigador de la entidad y entre 1989 y 1990 pasó a trabajar al Museo como investigador-asistente del arqueólogo Olaf Holm. Al retirarse, él le dejó en su cargo como director del Museo del Banco Central.

En 1992, el alcalde León Febres-Cordero pidió su cambio en comisión de servicio al Municipio de Guayaquil para el proyecto de rescate de la Biblioteca Municipal. Desde entonces se quedó al frente de la entidad, luego asumió la jefatura de la creada Dirección de Biblioteca, Museo y Artes hasta que se modificó –en la administración de Jaime Nebot– por la de Cultura y Promoción Cívica, que dirige hasta la fecha y que maneja la Biblioteca y el Museo de la ciudad.

Fue su primer reto en la función pública. La biblioteca, recuerda, era un caos: “Tres años sin agua, los cables que iban por dentro de las paredes se los habían robado, se habían extraviado 17.000 tomos y tenían 70 empleados y un solo bibliotecario. Todos los empleados eran de aseo de calles”.

Su recuperación tardó cuatro años. Hubo que mejorar el edificio, implementar sistemas de climatización y hacer un concurso de méritos para reclutar a bibliotecarios de todo el país.

El proceso se llevó a cabo con doña Ana Rodríguez de Gómez, directora de Educación y Cultura, que tenía a su cargo la biblioteca.

Después vino el reto de armar –en seis meses– el museo histórico de la ciudad. Con la asesoría del cuencano René Cardoso se armaron los guiones museológico y museográfico. Se integró un equipo multidisciplinario y se armó un taller en el mismo museo para cumplir el plazo. Desde entonces se han ido implementado salas y se han desarrollado programas con la comunidad en torno a la historia.

Ahora, Melvin Hoyos asume una nueva función, que lo lleva de vuelta a ese Archivo Histórico al que se vinculó para realizar sus investigaciones con Julio Estrada.

La Junta Cívica de Guayaquil reactivó la semana pasada el Patronato del Archivo de Historia del Guayas, una entidad que administrará el Archivo Histórico del Guayas (AHG), y él fue designado presidente del mismo.

Él asegura que sus funciones como presidente ejecutivo serán establecer junto con el directorio las políticas de conducción del AHG, pero que la parte operativa y la ejecución de dichos planes estarán a cargo de Eduardo Estrada, su director ejecutivo.

Por eso no requerirá de estar allí a diario sino cuando haya reuniones con el directorio.

Aclara que va a ayudar en la búsqueda del financiamiento y que se establecerán ciertos cambios en la medida de las necesidades. Entre ellos, utilizar el archivo para la comunidad y ver las posibilidades de publicar las investigaciones que en él se realizan.

También hacer que órganos como el boletín informativo de la institución se sigan alimentando con los escritos de los investigadores que colaboran ahí.

“Es importante conocer los activos con los que tiene el archivo en cuanto a documentos y libros. Entre los planes está publicar un documento bibliográfico que contenga la bibliografía del archivo”. La idea es que la ciudadanía sepa lo que hay y pueda servir como órgano de consulta.

¿No afectará sus funciones en el Municipio? Él asegura que no. Y compara que así como en la Dirección de Cultura hay jefaturas a cargo del Museo, de la Biblioteca y de Promoción Cívica, el patronato podría ser como un departamento más a su cargo. Eso sí aclara que en el sentido de ver los lineamientos generales y vigilar la ejecución”. La idea, dice, es dar un aporte a la cultura y la historia de Guayaquil.

Un homenaje a Efrén Avilés
Melvin Hoyos es autor de doce libros referentes a historia de la ciudad, a numismática y filatelia.

Seis de sus textos los editó en coautoría con el historiador Efrén Avilés Pino.

El último, que dejaron avanzado antes del fallecimiento de Avilés (en diciembre pasado) será presentado en marzo próximo como un homenaje póstumo.

Se trata de un libro sobre los planos de Guayaquil, en el cual se aprecia cómo fue evolucionando la urbe desde su primer registro: el plano de Dionicio Alcedo y Herrera (1740) hasta los planos levantados por el Comité de Vialidad de la ciudad en 1960.

“Es hasta ese año porque lo que hacemos tiene perspectiva histórica y no puede tener menos de 60 años”, explica Hoyos.

Con Efrén Avilés escribió los libros Historia del Palacio Municipal, Memorias urbanas, El libro de Guayaquil (en cuatro tomos), la reedición de este texto; Parques, plazas y monumentos y ahora Los planos de Guayaquil.

El libro de Guayaquil levantó polémica porque señala que el 9 de octubre de 1820 fue la fecha en que por primera vez un territorio de la Audiencia quedó libre de manera real y efectiva.

“No hay nada que le duela más a la gente que una verdad oculta se la digan a gritos”, señala él.
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