Víctor Escalante calcula que ha pintado y repintado unas
500 pangas en General Villamil, Playas
Las pangas de Playas lucen imágenes religiosas y escudos de equipos de fútbol de los que son devotos los pescadores.
Desde hace 30 años, don Pili Escalante es uno de los más imaginativos pintores de pangas pesqueras en Playas.
Están frente al mar. Aguardando para salir a pescar. Todas adornadas, desde su proa, por atractivos dibujos. Y es que en General Villamil, Playas, el arte popular navega a bordo de sus pangas.
El varadero es el escenario –próximo al rompeolas- donde se ubican unas pocas balsillas y un gran número de pangas –lanchas a motor– de los pescadores artesanales.
En ese balneario, durante la temporada playera, el día comienza cuando los nativos instalan carpas, sillas y parasoles multicolores para alquilar a los turistas. Pero durante todo el año, ese lugar es escenario de febriles faenas de pesca. Porque desde esa rada parten y llegan las pangas bautizadas con nombres de santos, vírgenes, familiares y adornadas con curiosos y folclóricos.
Frente a ese mismo mar está Víctor Hugo Escalante Yagual, de 59 años y más conocido en Playas como don Pili, uno de los notables pintores de esos navíos pesqueros.
Cuando uno observa algunas de esas proas que lucen un cóndor de inmensas alas extendidas o un enfurecido tiburón con sus fauces abiertas, rápido relaciona ese arte popular contemporáneo con una de las partes más llamativas de un barco antiguo: el mascarón de proa que era una escultura de madera tallada y ornamentada o pintada, según la jerarquía de la embarcación que embellecía.
Aunque los vikingos colocaban figuras totémicas para espantar malignos espíritus marinos, en tanto que griegos y fenicios instalaban representaciones de dioses para darle confianza a su tripulación y proteger sus aventuras. El advenimiento del casco de hierro, inició la desaparición de los mascarones que fueron reemplazados por arabescos pintados a ambos lados de la proa. Al comienzo del siglo XX, los grandes navíos desecharon los adornos de proa obedeciendo las normas de la ingeniería y la construcción naval.
Imaginería popular
El arte nació con Víctor Escalante. De aquello me entero ese domingo cuando partimos de su taller de la barriada Las Peñas hacia la playa donde va a retocar un par de pangas. En el trayecto, don Pili cuenta que fue el mejor dibujante de su escuela. Pero en 1964, al finalizar la primaria, se dedicó a la pesca porque ese era el oficio de su padre. Durante 18 años salió a pescar, primero en bongo –bote con dos palos de balsa a los costados- y luego en las actuales pangas de fibra.
Pero sus arduas jornadas de pesca las compartía con otras actividades artísticas y artesanales de supervivencia. Entre esas, el dibujo publicitario siendo César, su hermano mayor, su maestro. Así se inició como pintor de lanchas pero entonces las cosas eran diferentes. “No se utilizaban aún las imágenes, ni los santos de ahorita, la Marina solo exigía tres datos: el nombre del bote, el número de la matrícula y el dibujo de la bandera”, evoca Escalante.
Afirma que hace 30 años recién comenzó la costumbre de decorar las pangas. El mentalizador y realizador fue Héctor Zapata, un dibujante del cercano puerto de Engabao. Cuando así pintadas las pangas comenzaron a salir desde ese puerto se encontraban mar afuera con los pescadores de Playas, Data, Posorja fue entonces que estos empezaron a imitar tan pintoresca iniciativa. Pero surgió un pequeño inconveniente, la Marina prohibió que se pinten esas imágenes. “Entonces la gente luchó porque las lanchas se veían bonitas y eran una atracción –recuerda don Pili-. Y así quedó hasta la vez”.
En la actualidad hay cerca de 15 pintores –la mayoría reside en Engabao–, siendo Escalante en su natal Playas uno de los iniciadores y quizá el más solicitado.
Siempre han sido los dueños de las embarcaciones los que deciden qué imágenes –religiosas, aves, animales de mar, escudos de equipos de fútbol– y leyendas –frases populares, nombres de santos, familiares, apodos– debe realizarlos.
Echando números, don Pili calcula que ha pintado y repintado unas 500 pangas. Para dicha tarea se utiliza pintura esmalte normal. El tiempo que le toma depende de la cantidad de frases y dibujos encargados. Pero emplea entre uno a dos días y medio.
El valor de dicho trabajo va de $ 20 a $ 40. Escalante, después de estar tantos años embarcado en ese arte, asegura que ahora pinta de memoria a la mayoría de los santos que son la devoción de los pangueros. Eso sí, siempre le pone su toque creativo a cada uno de sus trabajos.
Ahora solo da color a las pangas los fines de semana y en su tiempo libre porque labora en el Departamento de Publicidad de Exteriores del Municipio de Playas.
Sus otras artes
Víctor Escalante no solo pinta pangas. Desde joven aprendió a construir pequeñas balsillas en palo de balsa que las vendía a los turistas. Actualmente realiza réplicas de yates veleros, pronto espera elaborar la fragata Guayas. Además, realiza murales paisajísticos y hasta eróticos para centros nocturnos. Recientemente pinta sobre lienzo, aluminio y madera, cuadros de su inspiración.
También reproducciones de obras célebres pero reformateadas por él para que funcionen como rótulos para participar en el proyecto The full dollar collection of contemporary art, que organiza la compañía de arte contemporáneo Full Dollar, liderada por el antropólogo Xavier Andrade quien conoció el arte popular de Víctor Escalante cuando realizó una investigación para Gráfica Popular –libro editado por Juan Lorenzo Barragán.
A criterio de Andrade: “Don Pili conjuga una tradición de negociaciones en la construcción de la imagen que supone el acuerdo entre el comerciante demandante y su arte. Su trabajo es de sumo interés para estudiosos de cultura popular, arte y antropología”.
Ese domingo, don Pili empleando pintura esmalte, pinceles y su talento, le dio nueva vida a esa imaginería popular que navega a bordo de las pangas de Playas.
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