Con tono melancólico y voz enérgica, él recuerda, suspira, gesticula, mueve sus manos, recita sus poemas y en prosa compone la historia de su vida.José Enrique Zúñiga nació en Babahoyo, en una lancha que navegaba por el río del mismo nombre. Su madre acudió al hospital, pero no la pudieron atender, así que decidió regresar a casa, pero este poeta montubio no quiso esperar y nació sobre las aguas del pacífico río que hoy contempla.
Es el mayor de seis hermanos, de padre y madre, porque dice que no puede dar una cifra exacta de los hijos que tanto su madre como su padre tuvieron fuera del matrimonio; ambos ya fallecieron. La infancia y adolescencia de don Jotita, como lo llaman sus amigos, la vivió en las calles.
Bastante rebelde, se califica a sí mismo. Su madre abandonó el hogar cuando él tenía 12 años, y su padre inició un nuevo compromiso. José no se quiso quedar en casa y se fugó. Desde entonces transitó en las viviendas de los amigos y muchas veces amaneció en las calles. Pero no lo recuerda con tristeza, porque el famoso dicho de “preguntando se llega a Roma” le calza perfectamente, pues incluso salió del país, explica este hombre que pese a las circunstancias nunca se desapegó de los libros.
“El poeta no nace, se hace”, afirma el hoy secretario de la Casa de la Cultura Núcleo de Los Ríos y profesional en educación media. Dice haber sentido la necesidad de escribir a partir del sentimiento de soledad que experimentó en su infancia. El también caricaturista y profesor universitario mantuvo una vida agitada entre los viajes y sus trabajos esporádicos para mantenerse económicamente.
Amiguero, espontáneo, conversador, él describe detalles personales sin resistencia, sus amores, decepciones o los residuos de resentimiento que guarda con momentos de su infancia. Pero nada ha impedido que este hombre de 71 años deje sus amores, como él los llama: la lectura, escritura, poesía y oratoria.
Hasta entonces ha publicado cinco libros, Tarjeta de visitantes, Diccionario biográfico de Babahoyo, Sonetario de Los Ríos, Más allá de la luz y Coplas del coplero, en los que con diferentes estructuras este hombre deposita sus sentimientos.
Él comparte sus emociones con su esposa y sus cuatro hijos, aunque estos ya viven en Guayaquil ejerciendo sus profesiones. El poeta no solo rima, es un caballero multifacético, que también ha incursionado en la política, siendo dos veces concejal de su ciudad, y proyecta muchas más ideas sobre papel. (G.J.S.)
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