Desde hace una década, endulza los paladares de los turistas en la Ruta del Sol con exóticas creaciones, desde un pie de maracuyá hasta un cheesecake de guayaba.En la comuna La Entrada, en el límite entre la provincia de Santa Elena y Manabí, su nombre ha ganado fama entre turistas y residentes y su producto es símbolo de buen sabor. Benito Pincay Baque, más conocido por su dulcería Los Dulces de Benito, ha puesto un sello propio a sus postres que se distribuyen a lo largo de la Ruta del Sol.
Sin planificarlo, Benito se vinculó a la pastelería y ha hecho de ella una especialidad, a base de experiencia. Emigró a Guayaquil a los 16 años en busca de mejores oportunidades. En La Entrada “la cosa estaba difícil, no había trabajo. Uno ya empezaba a ser joven y necesitaba tener su propia plata”, cuenta él.
Encontró trabajo en el área de la construcción como albañil, pero después de poco tiempo se quedó desempleado.
Lo primero que consiguió fue un puesto de auxiliar en una panadería: Panipan, en Urdesa.
Allí limpiaba las latas de los hornos, los pisos e instrumentos. Después pasó a ser ayudante de mesa y hacer bolitas de pan. A Benito le gustó el oficio y fue ascendiendo.
“Ya de Panipan salí como maestro panificador”, indica. Pasó a trabajar a Pasteles y Compañía del Policentro, donde aprendió sobre pastelería, y luego pasó a los hoteles Ramada y Oro Verde.
Tomó cursos de capacitación en pastelería, pero su profesión la hizo tomando lo mejor de los chefs de cada lugar. “Ellos me enseñaban y yo iba aprendiendo poco a poco. Hice mi carrera con la experiencia”.
De los hoteles fue a laborar al Guayaquil Tenis Club, también en el área de pastelería. Fue una época en la que estuvo tentado a emigrar a España en busca de otras oportunidades. Pero el viaje nunca se concretó y mejor cambió de planes.
Como había comprado un horno e instrumentos para hacer pan, pidió vacaciones y en ese mes se animó a probar suerte en su comuna. Abrió una panadería para cubrir las necesidades del sector. Y desde el primer día tuvo acogida. Desde entonces trabaja “los 365 días del año desde las cinco de la mañana hasta las nueve de la noche”.
En sus inicios elaboraba solo panes, pero “vendía cualquier cantidad y me entusiasmé y como mi esposa se quedó en Guayaquil con mis hijos al mes me los traje con todo”. De sus vacaciones regresó para presentar su renuncia y dedicarse de lleno a su panadería.
Un día un español que tiene una casa en el sector de La Entrada le preguntó si sabía hacer dulces y ante la afirmación de Benito le solicitó que le elaborara un par. “Los hice, los probó y fueron el boom. Él me recomendó con bastante gente”, señala él.
Los primeros postres que sacó a la venta fueron el cheesecake de frutilla, el pie de limón y el de maracuyá. Cada fin de semana le compraban hasta cinco postres enteros. Ahora distribuye a hosterías y hoteles del sector y en Salinas.
Luego la variedad de dulces se amplió. Hoy estima que tiene unas 20, entre las que se incluyen tres leches, bien me sabe de coco, turrón de chocolate, tiramisú, torta de chocolate, queso de coco, cheesecake de oreo, frutilla, chocolate y guayaba, y los de mayor demanda: pie de limón y maracuyá.
Benito cuenta que en un día de feriado se llegan a vender hasta 70 pies enteros. El costo de los postres enteros varía entre 9 y 15 dólares. Las porciones cuestan 1,40. Al principio no creía que esta zona, que algún día lo vio partir por falta de oportunidades, sería tan rentable. “Ahora estoy superconvencido de que esto va a seguir creciendo”.
Sus cuatro hijos: Christian, de 23 años; Liseth, de 18; Dayana, de 13, y Jandri, de 6, están vinculados al negocio. El primero ya sabe los secretos de la cocina y sus preparaciones, mientras que los demás colaboran con la atención de la dulcería.
Normalmente trabajan cinco personas en la dulcería; en época de demanda se duplica.
Su esposa, Alexandra Cantos, confiesa que aún no aprende de todo el oficio de pastelero, pero apoya en todo lo posible a su esposo. Por eso es común verla atendiendo, sacando algún postre del horno u ofreciendo degustar sus especialidades a los turistas.
Tienen planes de expansión. Quiere abrir un local en el parador turístico de La Entrada y dejar la panadería actual solo para producir.
Su mayor éxito es que la gente no se vaya defraudada de su producto y para lograrlo la base ha sido su dedicación al trabajo.
“Hacer postres diferentes al de otra dulcería. Estar ahí permanentemente tratando de innovar”, manifiesta satisfecho Benito Pincay, de 42 años.
Su mejor promoción ha sido el boca en boca entre los comensales. Por eso su nombre y su sabor se siguen propagando en cada postre. Y en cada rincón de la Costa.
Guayaquil
El sabor de Benito estará pronto en Guayaquil, en un local que se abrirá en Entre Ríos, Samborondón, antes del primer semestre del año. Lo hará en alianza con un socio guayaquileño, al que proveerá de sus postres. Dice que está consciente de la competencia, pero también seguro de su producto, sobre todo de las recetas propias que le han dado fama a Los Dulces de Benito. Cuenta con un punto de venta en Salinas.






