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María Elisa Camargo

Una guayaca de exportación

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Es actriz y cantante. Fue a Colombia a estudiar Economía y debutó en la actuación. A sus 23 años, acaba de grabar su cuarta novela, dos de estas con Televisa de México.

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María Elisa, en el extremo izq., en su papel de María Alegría, en la telenovela ‘La marca del deseo’.

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María Elisa se dio a conocer como cantante en ‘Factor X’.

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La ecuatoriana, a la derecha, fue portada de la revista mexicana Maxim en julio del 2009.

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En el extremo izq.,  con el elenco de ‘Verano de amor’ (Televisa).

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“El secreto es la responsabilidad,  estoy dedicada realmente a mi carrera. Y la perseverancia, he ido a muchos casting que me han dicho que no y he seguido”.


Sigue siendo tan guayaca como cuando se fue. No ha perdido el acento, los modismos, su gusto por el caldo de bola y el cebiche ni ha dejado de sentir nostalgia cada vez que llega a su casa de la adolescencia (en la cdla. La Garzota), se encuentra con sus amigos del colegio Nuevo Mundo o recorre Samborondón y Las Peñas.

De padres colombianos radicados en Ecuador, María Elisa Camargo dejó su natal Guayaquil recién graduada del colegio para estudiar Economía en la Universidad de Los Andes, en Bogotá. Allá su vida dio un cambio radical: incursionó en un reality de canto que la catapultó a la actuación y la llevaron luego a trabajar en Televisa.

Ustedes tal vez no sepan que es guayaquileña, pero de seguro la ha visto actuando en las telenovelas: La marca del deseo, Verano de Amor y Hasta que el dinero nos separe (versión mexicana), que transmiten los canales locales.

Después de tres años sin visitar Guayaquil, estuvo una semana reencontrándose con su gente, sus amigos y los rincones que más ama de la ciudad. Recibió a La Revista en su casa, sin poses y al pie de la piscina en la que –asegura– aún extraña tomar el sol.

Desde que era adolescente, María Elisa se vinculó al modelaje en la academia de Denisse Klein y a la actuación en los talleres de teatro de Alejandro Pinto.

Tuvo ese ‘bichito’ desde niña aunque en su familia no haya ninguna herencia artística. “Lo más chistoso es que ni siquiera fue algo que mis papás incitaron. Mi papá es ingeniero, mi mamá arquitecta y de ahí para allá nada. Pero se ve que ya lo tenía adentro”, dice ella.

En Salinas solía adecuar las cortinas que separaban su cuarto del de sus papás para improvisar un telón de teatro. Armaba obras con sus amigas, se inventaban libretos y hasta cobraban. Tenía 8 años.

“Siempre era el tema de actuar. Luego en el colegio Nuevo Mundo, tengo unos videos que dan pena ajena. Agarrábamos una cámara, armábamos sets y hacíamos efectos”. No era su única pasión. El canto le quitaba el sueño. Estaba en cuanto coro y concurso hubiera, aunque nunca entrenó su voz ni tomó clases de canto.

“Nunca lo tuve como una opción real de vida. Lo veía tan lejos, tan inalcanzable”, cuenta ella.

El viaje
En Colombia se dedicó a estudiar, pero como estaba acostumbrada a tener sus propios ingresos producto del modelaje, quería trabajar para mantenerse sola.

Su mejor amigo en Colombia, el actor Daniel Arenas (Los Reyes), le consiguió una entrevista para un programa en vivo llamado ‘Hola Escola’. En Guayaquil, ella había participado en el Dr. Expertus y en un programa de turismo sobre Manta y tenía algo de experiencia frente a las cámaras.

Fue seleccionada entre el grupo de 10 chicos que animaban y cantaban junto a César Escola. “Estando allí escuché de un proyecto llamado Factor X (un reality cuyo formato es similar a ‘American Idol’) y un amigo del grupo me decía ‘tienes que ir, con tu voz vas a arrasar’”.

Ella le dijo que se animaba si él la acompañaba toda la fila. Cumplió su palabra y pasó 12 horas en cola para hacer la audición. En Colombia, unas 45.000 personas fueron a la convocatoria. Seleccionaron 200 y luego a 12. Ella logró quedar en ese grupo.

“No lo podía asimilar, pero dije bueno tengo que pulir mi voz”.

Entró al reality. Estuvo un mes de los tres que duró el programa, pero fue tal el éxito que le abrió las puertas en Colombia.
“A la semana nos íbamos a una ciudad distinta a hacer presentaciones. La primera semana en Bogotá no podía creer la cantidad de gente que había.

Se terminó y dije voy a empezar a sonar puertas”, cuenta ella.

Las primeras que buscó fue RCN, el canal que habría producido el reality. “Yo decía ustedes me conocen como cantante pero yo también actúo”. Los cursos que había hecho en Ecuador le sirvieron. Empezó a hacer casting y obtuvo su primer papel en la versión colombiana de Floricienta.
Era la bajista de la banda Flor. Le gustó porque pudo combinar la música con la actuación.

Cuando terminó la novela, retomó la universidad pero continuaba haciendo algún casting que surgiera para tener ingresos.

Así llegó a La marca del deseo, la versión de Las Juanas adaptada inicialmente para Miami y transmitida por Telefutura. Fue seleccionada como una de las cinco protagonistas luego de pasar siete castings. “Yo hacía el show, bailaba, cantaba pero me decían no eres tan conocida. Querían a alguien con nombre y yo solo había hecho una novela. Pero me lo gané al final y enfrenté la responsabilidad”.

Dejé otra vez la universidad porque grababa mitad en playa y mitad en Bogotá.

En la novela ella es María Alegría, de las cinco hermanas la más jovial, chistosa y además artista. Por su voz, le encargaron la grabación de todas las canciones que se escuchan en la novela. Desde la principal hasta la de las escenas de amor. Cantó 21 temas en total.

“Ahí lo combiné con todo porque salía del set de grabación a un estudio de música y además mi personaje tenía que hacer conciertos dentro de la novela. Ahí empecé a ganar un poco más de nombre”.

Cantante
Después de la actuación, María Elisa quería impulsar su carrera como cantante y nuevamente tocó puertas. Por Facebook conoció a un empresario venezolano que alguna vez había trabajó con Paulina Rubio y Shakira y que ahora es su mánager: Miguel Sierra Alta. “Le puse un mensajito y le mandé mis canciones. Parece que le gustó, pero me dijo yo vivo en Miami, si quieres ven y hacemos los contactos”.

Ella no se animó en un principio y como estaba en mitad de la novela no fue. Por coincidencia, la producción mandó a los protagonistas a Miami a promocionar La marca del deseo y ella aprovechó para conocerlo.

Él le presentó a Adrián Posse, un productor de música. Le cantó y pudo grabar sus primeros temas inéditos. Se fue 4 meses a Miami para producir su disco, pero como el proceso es largo y ella aún no iba a ver ganancias, debía buscar un trabajo para pagar sus gastos y el apartamento que rentaba allá.

“Entonces me dijeron que el productor de RBD, Pedro Damián, está haciendo castings en México.

Pero yo nunca había estado allá, no estaba familiarizada con el acento que seguro te lo exigen. Me dijeron prueba y lo hice”.
Se fue a México sola. A diferencia de Colombia, allá no conocía a nadie ni tenía familia.

Su mánager tenía allá a una representante, una colombiana que la ayudó con los contactos. Conoció a Pedro Damián y lo primero que le dijo fue “hagamos las pruebas porque vienes con una mezcla de acento ecuatoriano-colombiano”.

Para La marca del deseo ella tuvo que aprender a neutralizar el acento, pero acá tenía que parecer mexicana. “Empecé a hacer pruebas y era como un reality porque éramos 30 personas haciendo pura improvisación y en mexicano; yo no me sabía los términos de ellos. La sudé realmente”.

Esa especie de reality era en verdad un proceso de eliminación. Cada día iban menos personas a las pruebas. Después de una semana la llamaron: “Me dijeron ya te quedaste con un papel. ¿Qué papel? El de la antagónica. Casi me muero. Tenía de protagonista a Dulce María... Te quedas abrumada. Ves a todas tus estrellas y cantantes que has visto desde chiquita”.

En la novela, una adaptación de la argentina Verano Eterno, ella es la rubia mala que llega de Italia y quiere quitarle el novio a todas. Trabajó con Dulce María, Enrique Rocha, Juan Ferrara. “Fue una experiencia increíble y una responsabilidad grande”. Se instaló en México. Sola, en un departamento en el D.F. para trabajar de lleno en la novela. Así que tuvo que postergar el disco. Y la universidad.

Verano de Amor le dio presencia en México, tanto que fue portada de la revista Maxim.

Hace cinco meses terminó la grabación, pero hizo una prueba para un personaje en la versión mexicana de Hasta que la plata nos separe y obtuvo el papel.

“Al productor le gustó mi propuesta y me extendieron mi papel. Fue increíble porque yo moría por María la del Barrio y la protagonista Itati Cantoral era a la que tenía que molestar yo. Entonces cuando la veo digo es la mala de María la del Barrio”, cuenta entre risas.
Allí también comparte papeles con Pedrito Fernández. “Actuar con ellos es lo máximo, son gente tan sencilla. Me dieron confianza para no intimidarte”. Aunque tuvo una intervención corta, acabaron de llamarla para que reaparezca en la novela. Estaba a la espera de que le confirmen la fecha para volver a grabar.

Aunque extraña Guayaquil y no descarta trabajar acá si sale una buena propuesta, por ahora María Elisa piensa quedarse en México.

Quiere terminar su compromiso con Hasta que el dinero nos separe y está en conversaciones para trabajar de planta con Televisa.

Su disco está detenido, pero irá a Miami a grabar dos sencillos para promocionarlos y empezar a desarrollar su carrera musical.
También tiene en planes ir a Los Ángeles a actuar. Su sueño es hacer cine. Y piensa trabajar para ello.

Mientras tanto, disfruta de su corta estadía, de su casa, sus amigos, la comida y se da un tiempo para ir a ver su virgencita de Schoenstatt, de la cual es devota.

“He sentido acogida, hay gente que tiene años luchándola y no llega. Saltarme de mi primera novela a un coprotagónico y de ahí a un antágonico en Televisa es dar pasos grandes y para mí ha sido una bendición y una responsabilidad muy grande”. Es su cuarta novela. Y a los 23 años cree que lo mejor de su carrera aún está por venir.


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