¿Cuánto cuesta ser universitario?
Ana María Garavito Martínez.
Cristhian Guerrero.
Los costos de cursar una carrera universitaria abarcan muchos otros valores que los estudiantes deben afrontar y prever antes de inscribirse.
Luego de la fiesta de graduación comienza el dilema. ¿Qué carrera estudiar?, ¿en qué universidad? y, sobre todo, ¿cómo financiarla? Es un problema al que se enfrentan año tras año los bachilleres de los colegios a nivel nacional que quieren acceder a un título superior. Por eso, si está considerando seguir una carrera universitaria, es recomendable que planifique con la debida anticipación su presupuesto.
Según Elizabeth Larrea de Granados, vicerrectora académica de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil (UCSG), antes de escoger una universidad hay muchos aspectos que deben tomarse en cuenta: la calidad de las carreras, el prestigio de la institución, sus precios, titulaciones y cualificación del personal académico, sus investigadores, docentes o supervisores de práctica, entre otros.
El estudiante debe considerar que el costo de una carrera tiene relación directa con la infraestructura científica, académica y pedagógica que puede brindar una universidad. Incluso se relaciona con las prácticas preprofesionales dentro y fuera del perímetro urbano.
Entonces, un estudiante para definir a cuál universidad aspira a ir deberá fijarse no solo en el valor económico, sino en el servicio que puede brindarle, como por ejemplo, calidad del currículum, infraestructura académica, tecnológica y científica, tanto para la investigación como para el desarrollo de habilidades.
¿Qué dicen los estudiantes?
De acuerdo con una investigación de opinión realizada del 22 al 26 de octubre por la empresa Consultor Apoyo, en la que se encuestó a 354 estudiantes de establecimientos superiores como la Universidad de Especialidades Espíritu Santo (UEES), la Universidad Laica Vicente Rocafuerte, Escuela Superior Politécnica del Litoral (Espol) y la UCSG, el 40,1% de estos cree que estudiar es entre caro y extremadamente caro.
La sensación de gasto, sin considerar la matrícula, es distinta dependiendo del tipo de universidad en que se estudia. Los de la UEES declaran que es mayor al de otras. Para los estudiantes de la Laica, la percepción es media. En cambio, los de la UCSG sienten que el esfuerzo económico es mayor.
“Entonces, estudiar sí es costoso para nuestros estudiantes de clase media”, refiere Julia Helena Carrillo, gerente de Consultor Apoyo.
El informe también indica que, en promedio, los estudiantes de las cuatro universidades mencionadas gastan lo mismo en transporte. Aunque pocos de los que están en las universidades públicas tienen vehículo propio.
Mientras que los gastos en alimentación, vivienda y demás varían de acuerdo al estrato socioeconómico y al lugar de origen de los estudiantes.
En comida, la mayoría de universitarios gasta unos $ 25 mensuales en consumo de refrigerios en los alrededores de sus centros de estudios.
Más costosas, más baratas
Las carreras que tienen un costo superior, dice Larrea de Granados, son aquellas con un alto nivel de infraestructura científico académica y que exigen que sus estudiantes se movilicen continuamente, lo que se conoce como espacios móviles de aprendizaje: los alumnos tienen que realizar sus prácticas fuera de los predios.
Para el doctor José Apolo Pineda, vicerrector académico de la Universidad Estatal de Guayaquil, los alumnos son beneficiados en gran parte por la gratuidad. No obstante, menciona que en carreras como odontología, ingenierías, turismo, gastronomía, el alumnado tendrá que realizar gastos de material didáctico, ya que eso no cubre la institución.
Más aspirantes, menos aprobados
El ingeniero Florencio Pinela, director del Departamento de Admisiones de la Espol, indica que no basta con aplicar la gratuidad de la educación superior en el país si el nivel académico de los bachilleres no les permite aprobar siquiera los exámenes de admisión a las universidades.
“Si bien la gratuidad permitió que un mayor número de estudiantes accedan al examen de ubicación en nuestra universidad, esa mayor afluencia no significó que una mayor cantidad de ellos tuviera el nivel académico requerido para ingresar”, señala.
“Al menos en nuestra universidad, que mantiene un alto nivel de rigurosidad, la gratuidad nos ha servido para que podamos escoger de un grupo más grande.
Antes teníamos 4.000 alumnos inscritos en el prepolitécnico, ahora tenemos cerca de 8.000, pero no vemos un aumento en la calidad de esos estudiantes”, comenta.
“El año pasado se inscribieron 7.830 aspirantes, de los cuales se seleccionaron alrededor de 3.000 para el propedéutico, de esos se inscribieron 2.750 aproximadamente, pero solo 1.500 estudiantes ingresaron. Si comparamos los 1.500 que aprobaron, con 7.830 que se inscribieron inicialmente, es un porcentaje muy bajo”, detalla.
Pinela espera que este panorama mejore con la aplicación de los programas de bachillerato internacional en algunos colegios fiscales.
Refiere, además, que la Espol cuenta con un programa de ayudantías para colaborar en cierta medida con los gastos de los estudiantes. “El número de becas que se mantiene es relativamente grande. Tenemos a los ayudantes de actividades varias, que son estudiantes con calificaciones superiores al promedio de su unidad académica y que realizan tareas de toda índole, en laboratorios, en la parte administrativa, los que trabajan con los docentes, los que trabajan en biblioteca. Los estudiantes laboran allí y reciben un pago y con eso se ayudan para su transporte y su alimentación”, explica.
Otras ayudas
Algunas universidades dan a los estudiantes facilidades para adquirir material didáctico a un menor costo, mediante convenios con proveedores. También se benefician en algunos casos con servicios gratuitos: médico, odontológico, psicológico, de recreación, y en otros reciben créditos educativos.
Además, como estímulo a los deportistas y a aquellos que realizan actividades culturales y sociales, se les conceden descuentos en sus pensiones, entre otros beneficios.
En todo caso, queda en manos de los estudiantes informarse de cuál es su mejor opción a la hora de decidir su futuro académico.
“Hay gratuidad, pero en ciertas carreras como odontología, turismo, gastronomía, entre otras, el alumno deberá pagar su material didáctico”.José Apolo Pineda, vicerrector académico de la Universidad de Guayaquil
“Todas estas situaciones hacen que las universidades trabajemos unos costos que no tienen que ver con los parámetros ni los estándares de contabilidad, sino fundamentalmente con los de calidad de la educación”. Elizabeth Larrea de Granados, vicerrectora académica de la Católica
“Si bien la gratuidad permitió que más estudiantes se presenten al examen de ubicación, el nivel académico de los aspirantes no ha cumplido con las expectativas”.Florencio Pinela, director del Departamento de Admisiones de la Espol
ANA MARÍA GARAVITO MARTÍNEZ, 20 AÑOS
‘LAS COSAS NO SON FÁCILES’
Desde Sincelejo (Sucre-Colombia) a Ecuador, Ana María Garavito vino con el sueño de estudiar medicina en la Universidad Estatal de Guayaquil, por considerarla una de las mejores. Y lo está cumpliendo. En la actualidad cursa el cuarto año de su carrera, pero “las cosas no son fáciles”, expresa.
Adaptarse a una nueva ciudad, conocer sus costumbres y comenzar a vivir “días de grande” es todo un reto. No gasta mucho mensualmente en la universidad, sin embargo, sí necesita tener los recursos económicos pertinentes para poder transportarse y alimentarse.
“Mi carrera no es costosa, pero se gasta mucho en transporte, ya que las clases que me imparten son en distintos lugares, por ejemplo, en los hospitales. Además, siempre tengo que ver qué comida como afuera”, comenta.
Al vivir sola, tiene que tratar de suplir estas necesidades “como pueda”. Su mamá, desde Colombia, ha sido su pilar.
Los amigos que ha conseguido en el país le han hecho su permanencia más divertida. Sin embargo, dice que algunos no han sido “muy amables” con ella por ser extranjera.
No obstante, Ana María siempre tiene una actitud positiva ante todo. “Hay que ponerle ganas. El mundo está lleno de sacrificios”.
CRISTHIAN GUERRERO
VINO A GUAYAQUIL A BUSCAR LA EXCELENCIA
Cristhian Guerrero, de 22 años, cursa la carrera de Ingeniería Electrónica y Telecomunicaciones en la Escuela Superior Politécnica del Litoral (Espol). Aunque él nació en Esmeraldas, lleva seis años viviendo aquí en Guayaquil junto con sus tíos, mientras termina sus estudios universitarios.
“En Quinindé vivíamos en la finca de mi abuelo y hasta cuarto grado yo estudié en una escuela rural; quinto grado lo estudié en Quito, sexto grado y primer año en Guayaquil; luego volví a Quinindé y allí terminé hasta quinto año. Pero decidí venir a Guayaquil, para terminar sexto año y ambientarme al ritmo de estudios aquí, antes de entrar a la Espol, porque sí es un poco distinto”. Recuerda que desde muy pequeño sus papás siempre buscaron lo mejor en educación para él y su hermana y que ahora él quiere continuar en esa misma línea. “Siempre me gustó perseguir la excelencia y que se me exija mucho”, dice.
Admite que el mayor sacrificio para los estudiantes que dejan su hogar para estudiar la universidad es estar lejos de su familia.
“Al principio fue muy difícil, porque siempre se los extraña; pese a que mis tíos me quieren como si fuera su hijo, no es lo mismo que estar con mis padres”, resalta. Sin embargo, recalca que las recompensas lo valen. “Al ver que ya estoy terminando mi carrera, mi mamá casi llora. Creo que el mayor orgullo de los padres es que aunque ellos no lo hayan conseguido, sus hijos lleguen mucho más lejos”.







