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Desde Sea World

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Después del incidente, Tilikum (foto) no ha salido en el espectáculo con ballenas y los entrenadores no se meten a la piscina de Sea World.


Una visitante recuerda un show que hace poco se convirtió en una triste noticia mundial.

Al enterarme de la noticia realmente me impacté, pues aunque había varías teorías de cómo se había suscitado la muerte, unos decían que cayó al estanque, otros que la orca saltó y la agarró por la cintura, algunos opinaban que la llevó hacia el fondo del estanque y otros que le dio vueltas sin parar alrededor de este hasta que se ahogó. En fin, la única realidad era que la entrenadora de 40 años estaba muerta, y que el animal cedió a su instinto depredador.

Esto me llevó a pensar inmediatamente en el show que unos 20 días atrás había presenciado, donde vi interactuar a estos animales con los humanos, y sí, el espectáculo es hermoso. Todo está increíblemente organizado, sincronizado y hay un trato amoroso con estas criaturas, pero me acuerdo que varias veces pensé “los entrenadores pasan demasiado tiempo en el agua, qué riesgo tan grande”. Y justamente en una parte mientras la orca nada rápidamente y lleva a su entrenadora parada sobre la boca yo solo pensaba “si algo saliera mal...”.

Y efectivamente días después algo salió mal. Puede ser que la orca quería jugar y no midió su fuerza, o un movimiento de su entrenadora no conocido la despistó, o simplemente algo se disparó en la mente de Tilikum, pero si nos ponemos a pensar, más allá de la trágica muerte, ¿qué se le puede pedir a un animal salvaje?, al depredador más grande que es entrenado y tratado como si fuera un dulce perrito.

Si a los seres humanos, con toda su educación y nivel de razonamiento, muchas veces “se les raya el disco” bajo determinadas circunstancias y actúan como animales salvajes, o simplemente con un comportamiento totalmente impropio. ¿No es apostar demasiado y confiarse en exceso?

Diría que los humanos caemos en el error de muchas veces creernos más de lo que somos, pero eventos como este nos recuerdan que la fuerza de la naturaleza es imparable, que los instintos son los instintos, y que cada cual nace en el hábitat que le corresponde estar para ser feliz.

Los espectáculos se han reanudado, todo está en marcha otra vez, la única diferencia es que por el momento, mientras hagan más estudios, los entrenadores no entrarán al agua. Pero a pesar de la tecnología, oportunidades siempre hay, y nadie puede predecir en qué momento uno de ellos puede atacar otra vez, no por maldad sino por esencia. El que se arriesga paga el precio.

Elizabeth Cruz, una guayaquileña que reside en Orlando, comentó hasta el cierre de esta edición, que anteriormente los entrenadores interactuaban con las ballenas. Hoy es diferente. “El espectáculo ha cambiado. Antes había una relación muy estrecha entre entrenadores y las ballenas. Pero hoy no se pueden ni meter a la piscina con las ballenas. Ellos solo les dan instrucciones con las manos o silbatos. Es decir, las indicaciones desde lejos. Ni siquiera podían tocarlas”, dijo.
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