El empresario guayaquileño Roberto Peña (d) con Friederike Vette, su representante para Alemania y el norte de Europa.
Bolsos con el logo de Pure London
La diseñadora Zandra Rhodes admira la coleccion de zapatos de Miista, London
Coleciones de primavera-verano 2012 se exhiben en la feria
Vista panoramica del centro de exposiciones Olympia
Modelo sobre la pasarela de Pure London
Él es el empresario Roberto Peña de Ecua-Andino
A pesar de los disturbios callejeros, La Revista estuvo en la feria Pure London, donde un stand de sombreros de Ecuador captaba la atención.
Mientras las revueltas sociales reventaban en las calles de la capital británica, la feria de moda Pure London (Puro Londres) parecía ajena a lo sucedido. Cientos de compradores de almacenes y boutiques del mundo se daban cita en una de las tres ferias más relevantes de la industria de la moda después de Premium en Berlín y Pret-a-Porter en París. Inevitablemente, los disturbios sí afectaron el número de visitantes.
Para los fieles clientes de la exposición, esta es una cita infalible. Pure London congrega a más de mil marcas de ropa de mujer, zapatos, accesorios y pasarelas que atraen a deseosos compradores de Gran Bretaña, Europa y 70 países alrededor del mundo. Representantes de importantes tiendas por departamentos de las opulentas zonas de Mayfair, Oxford Street y Knightsbridge se muestran alerta para descubrir o pescar algún diseño que será una pieza clave en sus vitrinas. “Es un verdadero mérito de los expositores y visitantes de la feria, mostrar un espíritu positivo a pesar de que las revueltas hayan caotizado la ciudad”, dijo el director de Pure, Steve Newbold. La fiesta de la moda continuó bajo el techo del centro de exposiciones de Olympia, en el oeste de Londres.
Esta temporada se presentaron 43 expertos y gurús del mundo de la moda, dígase críticos de televisión, analistas de tendencias de high street y diseñadores. Zandra Rhodes, respetada diseñadora inglesa, acaparó la atención del auditorio, al igual que escaparatistas de Selfridges, editores de revistas especializadas como Drapers que aconsejaron a los miembros de la industria cómo vender y posicionar sus productos.
Casualmente, hace pocos días, el periódico inglés Daily Mail anunciaba que Londres había robado a Nueva York el título de capital de la moda. Y esta nueva conquista se la debe a la figura de la duquesa de Cambridge, Kate Middleton, que impone tendencias y arrastra a seguidores. Otro detonante ha sido Alexander MacQueen, el diseñador fallecido el año pasado, cuyo imperio y legado se mantiene bajo la diseñadora Sarah Burton. No cabe duda de que el efecto dominó beneficia a todos los que viven de la moda.
Sombreros Montecristi: a la conquista de mercado británico
El sombrero de paja toquilla, mal llamado Panama Hat, ha sido una prenda básica del verano británico. Se sabe que una mañana de 1906, el rey Eduardo VII se despojó del formal morning suit y lo reemplazó por un traje de lino y un sombrero Montecristi. Después lo perpetuaría el ex primer ministro británico Winston Churchill.
Personajes británicos y una historia fascinante sirven de herramientas al empresario guayaquileño Roberto Peña, uno de los seis socios de la empresa Ecua-Andino, a vender sus sombreros de paja toquilla en Pure London. “Es la tercera vez que participamos en esta exhibición y los resultados son efectivos. La feria combina tendencias y ventas: una perfecta fusión”.
Pobladores de las zonas de Montecristi, Jipijapa, La Pila, Sígsig tejen a mano los sombreros que Ecua-Andino comercializa en el exigente mercado europeo a precios que varían entre 60 y 800 euros. “Desde hace cinco años los organizadores del Roland Garros nos compran el sombrero clásico para sus clientes vip”, afirma. El clásico, conocido como Fedora o Borsalino en Italia, es el más popular y se vende entre 50 y 60 euros. Un sombrero Fino Montecristi se lo comercializa en 125 euros, que a su vez las boutiques de Mallorca lo exhiben en sus vitrinas a 640 euros.
El premium, el Super Fino Montecristi, hilado en La Pila, solo se lo comercializa bajo pedido y su precio puede llegar a los 3.000 euros. “Es casi una seda”, dice Roberto. “El mercado inglés es muy exigente, nos interesa cumplir las demandas de los clientes y que conozcan nuestro producto”. Lo satisface trabajar con cerca de los tres mil tejedores del Ecuador que aún se dedican a este arte y firman sus obras como sello de autenticidad. Y lo complace reivindicar el país de origen del cotizado sombrero de paja toquilla, orgullosamente made in Ecuador.
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