
Anuncio de Diario EL UNIVERSO en julio de 1966, sobre la vermú dominical de los cines.
El cine Presidente abrió sus puertas el 24 de mayo de 1955 para proyectar la película Sinuhé, el egipcio.
Salas de Supercines en el centro de Guayaquil donde antes funcionaba el cine 9 de Octubre.
El cine Presidente como luce actualmente en las calles Luque y Pedro Moncayo.
Cuando las luces se apagan, comienza la magia del cine. Siempre ha sido así. Soy adicto al cine desde antes de nacer. La historia es que mi abuelo administró cines y mi padre fue operador de varias salas y mi madre que no se perdía un estreno, iba conmigo adentro.
De pequeño desde la luneta vi los estrenos del cine mexicano que mi padre proyectaba en el cine barrial Juan Pueblo –Gómez Rendón y Abel Castillo–. La galería estaba abajo. Ahí nacían los gritos de protesta contra el operador desde “¡No robes Mantequilla!” –es que existió un operador de cine apodado Mantequilla y dicho apodo fue asignando a todos en Guayaquil– hasta insultos a mi abuela y golpes a los asientos de madera.
El público también se rebelaba cuando la proyección se suspendía porque los rollos no llegaban de las otras salas. Los corredores eran los encargados de trasladar a puro pedal de bicicletas esas cajas de aluminio con la película. Y ocurría que a veces se quedaban tubo bajo, los asaltaban o sufrían algún accidente de tránsito.
Recuerdo cuando una tarde de los sesenta cuando fugado del colegio con unos compañeros fuimos al cine Victoria –frente al parque del mismo nombre– donde por unos centavos de más permitían el ingreso de menores.
El doble era Pánico en el parque de la aguja, retrato de adictos a la heroína que se drogaban en un parque de Nueva York, actuaba Al Pacino y ahora sé que es una de sus películas preferidas y la otra era Camino a Katmandú, de unos hippies fumones que pregonaban el amor libre y la paz. ¿Pornografía?, no. Unos cuantos desnudos y nada más. Pero otra trama ocurría en la oscuridad, como verdaderos murciélagos, un puñado de homosexuales estaba a la caza de jóvenes fogosos.
Por esas cosas dignas de Guayaquil en esa sala vi excelentes películas como Decamerón, Cuentos de Canterbury, El sexualista y otras más.
A partir de la segunda mitad de los años cincuenta, el centro de Guayaquil y barrios aledaños, vivieron el boom de las salas de cine pero décadas después, con el auge de la TV, el alquiler de películas en betamax y VHS, la televisión por cable, internet y ahora con la venta de filmes piratas de estreno en formato DVD a un dólar para ver en casita, el negocio se vino abajo.
La mayoría de las salas centrales cerraron. Ahora las grandes cadenas de cines con tecnología de punta están afincadas en los malls de Guayaquil y Samborondón y las antiguas sedes de cines se han transformado en supermercados, bingos, templos evangélicos, emisoras de radio o salas de cine porno.
El domingo pasado fui tras esos antiguos cines centrales. El tradicional 9 de Octubre (Nueve de Octubre y Rumichaca) es ahora Supercines 9 de Octubre. Otra es la suerte del antiguo Lux (Colón y Pío Montúfar) actual Quito2 que como Presidente (Luque y Pedro Moncayo) proyectan películas porno.
El Presidente fue inaugurado hace 56 años con el eslogan: La autoridad de los cines. Era una sala de lujo con aire acondicionado y capacidad para 1.810 espectadores, pantalla gigante, sonido estéreo, fuentes y efectos de agua decoraban su fachada. En la gala de inauguración se presentó el pianista Eric Tait y la orquesta de Carlos Arci. La primera película que proyectó fue Sinuhé, el egipcio.
Las entradas costaban 15 sucres la luneta y 3,60 la galería. Pero los tiempos cambian. El domingo anterior ofrecía 3 películas porno de los ochenta a cambio de $ 2,50 y $ 1,50. Fue cuando me recordé que la última vez acudí a ver Crash, basada en la novela de J.G. Ballard. En la sala habíamos cuatro gatos y una docena de ratas hambrientas mordisqueando nuestros zapatos. Pero todo sacrificio era válido con tal de disfrutar de mi Holly Hunter.
Testimonios de película
Porque no hay que ir al cine solo, invité a esta función al legendario cinéfilo Gerard Raad, quien por años dirigió el Cine Fórum de la Casa de la Cultura y actualmente el de la Politécnica. Él recuerda que antes la gente se vestía de gala para ir a los estrenos cinematográficos.
El Presidente era de lujo, sus empresarios traían las mejores películas de Estados Unidos y Europa. Pero curiosamente competía con el popular cine Apolo (Seis de Marzo y Diez de Agosto) que proyectaba películas mexicanas. Era cuando una película de Gregory Peck competía con la de Arturo de Córdoba del Apolo que tenía una galería alta que lanzaba desde escupitajos, naranjazos a papel quemado pero aún así “en el Apolo vi grandes películas de la época como Nido de ratas o De aquí a la eternidad y también películas francesas de la Nueva Ola”. Raad no olvida al tradicional Nueve de Octubre donde a más de películas se presentaban los espectáculos teatrales, ballet, ópera y artistas populares. Evoca también a los cines: Guayaquil, –ubicado en el edificio Gran Pasaje–, al Ponce –luego cine Metro– al Tauro, a los Policines que fueron los primeros dentro de un centro comercial (Policentro).
Ahora Raad obligado por su adicción cinematográfica acude a las salas de los mall aunque “ahora el público es mucho peor por el teléfono celular que rompió todas las convenciones sociales, la gente llega tarde con su bandeja y el que no come canguil es mal visto, todo el mundo lo mira con sospecha y desprecio”, dice con su característico sentido de humor.
La narradora guayaquileña Gilda Holst cuando era adolescente acudía al Presidente pero como lo escribió en su cuento Intermedio o Borrador, ir al bar durante el intermedio era un pretexto para encontrarse con los chicos que también iban a comprar Tropical y Coca-Cola en botella pequeñita, guargüeros, canguil, sándwiches de mortadela en pan briollo, alfajores, milky-way, tangos y hot-dogs.
“Recuerdo que el cine Presidente inauguró el aire acondicionado, así que se tuvo que ir con suéter al cine. Y bueno, ya no pasan dos películas, ya no hay intermedio, ya no se puede fumar, hay peligro de padecer hipotermia en algunas salas desoladas y según yo, a 2 grados bajo cero, pero ¡por fin, se va a ver la película!”, exclama la Holst.
El cineasta Fernando Mieles que el año pasado estrenó Prometeo Deportado recuerda que al primer cine que entró por primera vez fue al Centenario (actual bar Barricaña), a una función dominical de vermú de dos niños con un boleto.
“Recuerdo perfectamente la sensación de entrar en la oscuridad de la mano de mi madre, al tanteo y encontrarme de pronto en la gran pantalla con las imágenes de El Gato con Botas. La segunda, que me impactó muchísimo, solo descubrí mucho tiempo después que había sido La bella y la bestia, de Jean Cocteau”. No olvida cuando más tarde empezó a colarse en “los cines pornos de donde me sacaban de la oreja”, pero una vez en el cine Guayas en una tripleta supuestamente porno encontró una joya: Bella de día, de Buñuel, eran esas cosas maravillosas que solo pasaban en Guayaquil”.
Luego frecuentó todos los cines de la ciudad y especialmente los cines fórum de la Casa de la Cultura que dirigía Gerard Raad. Ahora no soporta a la gente que habla en voz alta o conversa por celular mientras ve la película. O revisan sus mensajes y hasta chatean con la luz encendida de la pantalla matando la magia del cine a los otros y lo peor es que si reclama, ellos se ofenden. Eso lo alejó de las salas.
“Antes ir al cine a ver una película era todo un acontecimiento que te podía cambiar la vida” –confiesa Mieles–, ahora es una actividad más pero creo que estoy volviendo al ritual del cine. No como antes pero… me gusta hacerlo. Solo que tampoco hay mucha oferta”.
Hoy es domingo, de pronto, buscaré la oscuridad de un cine. Aunque cuando se prendan sus luces, se apagará la magia.
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Comentarios (3)

escrito por Luis Franco, octubre 17, 2011
Yo tambien comparto con Uds. la addicion al cine my cine favorito era el presidente alli vi peliculas como Ben-Hur y de Elvis Presley y otros en ese tiempo las peliculas eran cinescope. El apolo mostraba tambien las peliculas italianas de cowboy con Clint Eastwood que se hizo muy con famoso con las peliculas spaguetti como las llamaban. Yo vivia en diez de agosto i seis de marzo al frente del cine central donde mostraba palicuals mexicanas y me colaba a veces a galeria a ver los estrenos. que recuerdos
escrito por luis araujo, octubre 16, 2011
hola .1971 fue la primera vez que acudi al cine presidente que en esa epoca ir al presidente era lo mas bacano , no hay esa epoca de los cines de guayaquil me acuerdo que frente al cine presidente queda o quedava la chifa china que chaulafan mas rico que el comia cuando salia del cine presidente que anos mas chevere 





































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