Ilustración del nuevo teatro Sánchez Aguilar en Samborondón.
Carlos Sánchez A., empresario y propulsor de la educación y la cultura.
Ramón Barranco y Marion Ecalle
Luisa Caputti de Cuesta, actual directora de la Fundación Sociedad Femenina de Cultura.
María Clara Crespo de Correa, presidenta de la Fundación Casa de la Música.
Interior del Museo que funciona en la calle Cuenca entre Bolívar y Rocafuerte, Quito.
Mario Ribadeneira, filántropo del museo Casa del Alabado.
Históricamente, la empresa privada y algunos gestores han ejecutado grandes obras culturales en el país. Presentamos el proyecto más reciente, el teatro Sánchez Aguilar, junto a tres instituciones de Guayaquil y Quito.
Aunque el término mecenas comenzó a utilizarse durante el Renacimiento para referirse a los “benefactores de las artes y las letras”, dicha palabra tiene su origen en Cayo Cilnio Mecenas (Circa 70-80 a.C.), noble romano que fue un impulsor de las artes. Para no ir muy lejos en Ecuador también han existido los mecenas, aunque mayoritariamente apoyando a la educación y la salud. Siendo muy breves veamos: En 1821 para adquirir la imprenta municipal se constituyó un fondo presidido por don Francisco María Roca Rodríguez, Triunviro de Octubre, quien donó 500 pesos.
Un personaje más cercano es Juan José Plaza Aguirre que en 1952 logró la entrega de un terreno municipal para la Escuela de Bellas Artes que funcionaba en un vetusto edificio de madera. Después, con la colaboración de firmas comerciales y el apoyo económico de Joseph Gorelik, de la Pepsi Cola, se construyó el actual edificio que ahora lleva su nombre.
Así mismo en Quito, el abogado Mariano Aguilera en 1917 legó su casa al Municipio y estableció que con dichas rentas se entregara anualmente tres premios a los mejores estudiantes de Bellas Artes, ese es el origen del prestigioso Premio Mariano Aguilera. Como el mecenazgo también viste de falda: Isabel Tobar Guarderas, a fines de los años veinte del siglo pasado, vendió su hacienda Chiche-Tobar y donó dicha suma a la Municipalidad de Quito que instituyó el Premio Isabel Tobar Guarderas a la mejor obra de ciencias sociales editada cada año.
En nuestros días, el mecenazgo –con recursos procedentes del sector privado local o extranjero– no trata de sustituir la inversión gubernamental que obligatoriamente debe invertir en cultura. Pero dicho mecenazgo genera un aumento de la conciencia cívica y de identidad de las empresas, fundaciones o instituciones no gubernamentales que con su filantropía favorecen el desarrollo sociocultural y permite el acceso de la ciudadanía a una programación cultural de alta calidad. Es un mecenazgo generado por personajes –que presiden fundaciones y empresas privadas– que en la mayoría de los casos, mantienen un perfil bajo pero luchan por hacer realidad sus ideales culturales.
Teatro Sánchez Aguilar
Hay sueños que se convierten en realidad. Pero no como un acto de magia. Se construyen con perseverancia, sabiduría y desprendimiento. Es el caso de Carlos Sánchez Aguilar. Empresario que hace 72 años nació en Zaruma. Y que en 1989 con el lema: “Educar es Liberar”, constituyó la Fundación Sánchez Aguilar. Ahora, 21 años más tarde, emprende un ambicioso proyecto cultural: un teatro en Samborondón.
En un inicio, la finalidad original de la fundación era solo la educación. Todos los años, la fundación paga los estudios secundarios a los 100 mejores alumnos de escuelas de escasos recursos. Así se iniciaron y lo siguen haciendo. Pero en el ínterin, también han construido dispensarios médicos y guarderías en sectores marginales de Guayaquil que han sido donados a fundaciones, sociedades, iglesias, parroquias, etc., para que administren y preserven esas obras. Una obra que enorgullece a Carlos Sánchez, presidente de la fundación, es el albergue que construyeron para hospedar a los familiares y niños que acuden al hospital Roberto Gilbert que antes debían aguardar por una consulta en plena intemperie. El albergue es manejado por las voluntarias hospitalarias de Asvolh que trabajan en la Junta de Beneficencia.
Cuando indagamos desde cuándo y por qué surge la idea del teatro. Él, Carlos Sánchez, con una leve sonrisa de satisfacción, cuenta que hace 42 años adquirió –junto a amigos y socios– unos terrenos en Samborondón en los que realizaron proyectos inmobiliarios. Pero siempre en él existió el deseo de destinar un excelente espacio a un proyecto sin fines de lucro. En todo este tiempo barajó diferentes posibilidades desde la construcción de un hospital hasta un museo. Así la idea fue creciendo. “¿Por qué no un teatro? –reflexiona–.
Un teatro para promover la cultura, al talento nacional que existe en las diversas expresiones artísticas y también dar cabida a una programación internacional. “Será una obra que confiamos perdurará y será querida por la comunidad. Nosotros como Fundación queremos hacer un trabajo que promueva la cultura. Además, siempre han existido benefactores, emprendedores en mayor o menor nivel. Creo que ha sido una tradición guayaquileña si no miremos la Junta de Beneficencia de Guayaquil.
El sueño es legar algo que no solo sea comercial sino que perdure para las futuras generaciones y que eleve el espíritu”.
“La realización del teatro es muy importante para mí y mi familia, será nuestro legado cultural a la comunidad”.
Carlos Sánchez A.
La obra
El terreno donde actualmente se construye el teatro es una amplia manzana ubicada frente al centro comercial Las Terrazas en Samborondón, en el lado posterior se ubica el Parque Histórico, y está rodeada por urbanizaciones, edificios de departamentos, oficinas y a escasos metros están Village Plaza y Río Centro. En el edificio funcionará el teatro Sánchez Aguilar que tendrá 900 butacas y el teatro más pequeño Sala Zaruma –en honor a su ciudad natal– de 150 localidades. Al lado del edificio funcionará el patio de parqueo con 270 espacios. Además existe un área donde próximamente se construirá un edificio complementario en el que funcionarán academias, salas de ensayos, talleres relacionados con las artes y la cultura.
La obra física de pilotaje se inició en el mes de octubre del 2010. La construcción avanza rápidamente y se prevé que esté lista en marzo del 2012 para su posterior inauguración e inicio de la temporada de verano con una programación que se planificará a su debido tiempo.
Desde la parte alta de Las Terrazas, Carlos Sánchez observa cómo su sueño se hace realidad y explica que el diseño arquitectónico del teatro lo realizó la firma Perkins Eastman, de Nueva York; el diseño técnico: tramoya, iluminación, sonido, acústica, etc., es también de factura norteamericana. Propuestas que son ejecutadas por especialistas ecuatorianos. En cuanto a la gestión cultural, una tarea de más largo alcance (manejo y producción teatral, programación sostenida, contactos, promoción), la lleva a cabo la firma europea Kiblos (ver recuadro).
Sánchez Aguilar cree que el Estado debe apoyar la educación y que el nuestro lo hace en menor o mayor grado -aunque nunca será suficiente–, así mismo piensa que es necesario que se apoye a la cultura. “Porque los teatros en el mundo lo construyen los gobiernos, los municipios directamente o con donaciones –manifiesta–, en este caso, nosotros hemos logrado el aporte financiero de fundaciones privadas del exterior que apoyan proyectos culturales, hemos tenido la suerte de que confíen en nosotros y nos apoyen para construirlo y brindarlo a la comunidad”.
Además, hemos tenido el irrestricto apoyo del Municipio de Samborondón con su alcalde, ingeniero José Yúnez Parra, quien creyó en el proyecto desde el inicio.
A Las Terrazas llegan los ruidos y gritos de los obreros que construyen el teatro. Carlos Sánchez no se cansa de mirar, de desentrañar el avance de esa obra. Entonces, cuando escucha la pregunta de que si cree que ciertos empresarios son los soñadores y mecenas del siglo XXI. Sonríe y dice: “No conozco lo que sucedió hace 50 años o más atrás, pero mientras las obras se realizan más rápido es todo más fantástico. La realización del teatro es muy importante para mí y mi familia, será nuestro legado cultural a la comunidad”, asevera volviendo la mirada al teatro en construcción. Los ruidos y los gritos de la obra no cesan. El movimiento diario continúa hasta cada fin de semana.
Apasionados por Latinoamérica
Kiblos –empresa europea de servicios culturales– es la destacada y experimentada suma de Marion Ecalle y Ramón Barranco. Ella es francesa y especializada en producción de eventos culturales. Él es español y músico de profesión que desde 1982 realiza gestión cultural: producción teatral, artes escénicas y promoción. Se conocieron en el Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá 2006. Cuando se enteraron que en Guayaquil existía el proyecto de un teatro en construcción, enviaron una propuesta de gestión que fue aceptada por la Fundación Sánchez Aguilar. Su tarea consiste en realizar un estudio de cómo va a funcionar dicho teatro y qué tipo de programación tendrá.
“Será un teatro de artes escénicas, por tanto de toda arte que se pueda subir a un escenario, incluso artes plásticas. Habrá teatro, danza, ópera, musicales, música”, comenta Marion entusiasmada.
A Barranco le ha sorprendido que en Guayaquil existiendo un buen número de salas de teatros, la promoción y producción sean escasas.
“No hay uno con las características que tendrá el teatro Sánchez Aguilar: una programación estable todas las semanas del año –refiere Ramón–, esa es una de las ideas que nuestro plan de acción va a proponer y la fundación lo tiene muy claro”.
Manifiestan su entusiasmo con el proyecto de la fundación que estimulará el teatro y las artes. “No quiere un teatro que esté cerrado –cuenta Marion–, que solo se abra para las representaciones sino que será un punto dinámico donde habrá otros tipos de proyectos”.
Disfrutando del río Guayas, cuentan que se asociaron porque ambos son apasionados de la cultura latinoamericana.
Teatro Centro de Arte
Aunque hace pocos meses, Luisa Caputti de Cuesta asumió la presidencia de la Fundación Sociedad Femenina de Cultura que regenta el Teatro Centro de Arte, ella no olvida que fue en 1993 cuando ingresó al recién creado coro de señoras y que posteriormente formó parte del directorio.
Un intenso brillo ilumina su mirada al evocar que desde muy pequeña tuvo inquietudes artísticas que eran fomentadas por sus padres. Así de niña estudió ballet y música. Además, nos recuerda que Annunziata Caputti, su hermana, fue una excelente declamadora que logró reconocimiento nacional e internacional.
Es necesario tener presente que la Fundación Sociedad Femenina de Cultura se fundó en agosto de 1966 por acción de 11 voluntarias, siendo Inge Bruckman de Hollihan su principal mentalizadora y presidenta hasta el año anterior.
En un inicio, la Fundación, cuya finalidad es trabajar por la difusión cultural y artística en todas sus manifestaciones, se veía precisada a realizar sus eventos artísticos en casas particulares, iglesias, parques o teatros alquilados como los tradicionales: Olmedo o 9 de Octubre que más que teatro eran salas de cine. Es en 1976 que emprenden el proyecto de un teatro propio, aspiración que empieza a hacerse realidad con la donación de un terreno por parte de Municipalidad de Guayaquil.
Después de múltiples gestiones, el Teatro Centro de Arte fue inaugurado el 16 de enero de 1988, con el apoyo del presidente Ing. León Febres-Cordero, siendo desde entonces el teatro más emblemático de Guayaquil, junto al Centro Cívico –que por algunos años estuvo cerrado y que actualmente forma parte del Ministerio de Cultura–.
En estos 23 años de vida cultural, en su teatro principal -960 butacas- y en el experimental -250 asientos-, se han presentado importantes espectáculos nacionales y extranjeros, además, como centro de artes ha realizado diversos eventos culturales y también mantienen activas sus escuelas de danza, música, pintura, teatro, ballet.
En agosto del año anterior, Luisa Caputti aceptó el desafío de dirigir esta nave cultural.
Una de sus primeras acciones fue lograr el apoyo económico del Banco de Guayaquil y American Express. Apoyo que también es de gestión porque esa entidad bancaria contrató a la compañía chilena Amable para que diseñe el nuevo sitio web del teatro. Caputti no olvida ponderar el apoyo permanente de Xavier Simon Isaías y de la Municipalidad de Guayaquil.
Cree que nuestra legislación debe sumarse a las de otros países que contemplan el mecenazgo cultural como necesario y vital en aras al desarrollo de una nación. “Un país necesita que se permita destinar, por lo menos, el 10% del valor de los impuestos que las empresas generan al fisco, destinándolo al desarrollo cultural comprobado, efectivo y cierto.
“El Estado debería secundar esa política cultural. Pero se argumenta que el impuesto a la renta no es de la empresa sino del fisco. Es verdad. Pero, ¿cuál es el argumento fiscal para privar a la cultura de ese beneficio si está comprobado que solo a través de la cultura, de la educación, del conocimiento y de la creatividad puede desarrollarse un país?”, plantea ella.
La Sociedad Femenina de Cultura no recibe el apoyo del Ministerio de Cultura pero Luisa Caputti admite que uno de sus logros es que la Orquesta Sinfónica de Guayaquil realice una vez al mes una presentación gratuita en el Teatro, gestión aprobada por Luis Silva, subsecretario de Cultura, pues dicha orquesta cuenta con ese auspicio gubernamental.
En tal caso, el Teatro Centro de Arte, en breve implementará un programa de membresías –$ 120 como aporte anual– para levantamiento de fondos y financiar parcialmente ciertas actividades.
Otros proyectos que lleva a cabo es el coro infantil, integrado en su mayoría por niños de los barrios populares cercanos a Mapasingue y Bastión Popular, dirigido por los maestros Fernando Gil y la ucraniana Luchiana Hakman.
Un coro y sus integrantes no solo aprenderán a interpretar canciones sino también a leer las partituras, “Estos niños verdaderamente van a entrar en el mundo de la música”, dice feliz Luisa Caputti quien cuenta que todas las mañanas cerca de 100 niños acuden gratuitamente al Centro de Arte a aprender artes, música, folclore, baile, teatro.
En lo que se refiere a la programación, comenta que cada una de las 16 personas que conforman el directorio, tiene a su cargo a un grupo que organiza como mínimo un evento al mes en el Teatro y Centro de Arte. Admite que desearían no solo alquilar el teatro para espectáculos de afuera, sino generar sus propias iniciativas.
Una de las ideas es formar su propio grupo de teatro, propuesta que ha comenzado con un proyecto de coproducción teatral con actores y directores independientes.
“No podemos concebir un Teatro Centro de Arte sin teatro generado desde su interior”, autocríticamente manifiesta
Luisa Caputti.
Algunos Eventos
1. Presentaciones gratuitas, una vez al mes, de la Orquesta Sinfónica de Guayaquil, a partir de abril.
2. Presentación del Swiss Trío Jazz de Suiza, el 7 de mayo.
3. Taller de Danza Contemporánea dictado por la artista norteamericana Jennifer Archibald, desde el 17 al 27 de mayo.
4. Coproducciones teatrales con artistas nacionales a partir de mayo.
5. Presentación de la Orquesta Filarmónica de San Petersburgo (82 maestros en escena) y el solista Maxim Mogilevsky, el 8 de noviembre.
CASA DE LA MÚSICA
A finales de la década de 1930, Hans Neustaetter y Gisela Tolziner, una pareja de alemanes de raíces judías, llegaron al Ecuador huyendo de la inminente expansión del nazismo por toda Europa que finalmente desencadenó la Segunda Guerra Mundial.
Con pocos recursos los Neustaetter se radicaron en Quito y su espíritu de trabajo hizo que rápidamente emprendieran exitosos negocios. Él se dedicó a la industria del acero y Gi, como la llamaban sus conocidos, se dedicó a la confección de elegantes sombreros, sin tener experiencia previa en esta actividad.
Agradecidos por las oportunidades que encontraron para crecer social y económicamente en el país, la pareja alemana ejecutó una serie de acciones encaminadas a ayudar a los sectores más vulnerables. Construyeron puentes en zonas periféricas, brindaron ayuda a hospitales y hospicios y mejoraron la calidad de vida en algunas cárceles.
Pero una de las pasiones que compartían Hans y Gi era su amor por la música por lo que, por varios años, asistieron económicamente a la Orquesta Sinfónica Nacional.
A la muerte de su esposo, en 1993, Gi siguió con uno de sus sueños que era construir un espacio dedicado a la música en Quito. Es así como nace el proyecto de crear la Casa de la Música en la faldas del volcán Pichincha.
María Clara Crespo de Correa, presidenta de la Fundación Casa de la Música, hace un recuento de cómo se fue concretando este proyecto. “Gi fue testigo de cómo en aquella época Quito estaba falto de espacios para escuchar música. El Teatro Bolívar fue destruido por un incendio y el Sucre estaba muy descuidado”, explica Crespo.
Con 87 años esta mecenas del arte y especialmente de la música decide entregar todo su patrimonio, $ 3,2 millones, para la concreción del proyecto. En sus viajes por Europa había conocido auditorios con excelentes acústicas y ella quería lo mismo para la capital.
Por eso encargó a la prestigiosa Casa BB Müller de Alemania el diseño de los planos acústicos para la Casa de la Música, los que fueron llevados adelante por los arquitectos Belisario Palacio e Igor Muñoz.
Gi se dedicó durante seis años a buscar los mejores accesorios para la Casa, para lo cual no escatimó esfuerzo. Sin embargo, murió antes de su inauguración, que se realizó en 2005, y nunca pudo escuchar cómo quedó la acústica del escenario, detalle que se convirtió en una de sus mayores obsesiones.
La Fundación Casa de la Música es una organización sin fines de lucro, resultado de la fusión de dos entidades culturales: la Sociedad Filarmónica de Quito, que durante más de cincuenta años desarrolló una intensa labor de difusión cultural y educativa, y la fundación Casa de la Música Hans y Gi, que se sigue nutriendo económicamente de aportes de la empresa privada.
María Clara Crespo considera que mantener esta independencia económica de entidades estatales es muy importante “porque nos permite trabajar libremente sin que nadie nos imponga eventos ajenos a la cultura”, señala.
Además, este aspecto ha servido para dar certeza a los donantes, todos privados, de que el dinero que aportan es usado en beneficio del crecimiento de los nuevos valores musicales que empiezan a destacarte en el mundo del arte.
La presidenta de la Fundación considera que uno de los mayores problemas para que en el Ecuador haya pocos donantes para el arte es la situación económica del país, pero resalta que la música siempre recibe un cariño muy especial.
“En estos 35 años involucrada en este mundo he encontrado gente que siente mucho amor por la música. No siempre su aporte puede ser económico, pero nos entregan su tiempo y voluntariado para sacar adelante los proyectos emprendidos. En el país hay gran mística”, asevera Crespo.
“En estos 35 años involucrada en este mundo he encontrado gente que siente mucho amor por la música. No siempre su aporte puede ser económico, pero nos entregan su tiempo y voluntariado”.
Gisela Tolziner
MUSEO CASA DEL ALABADO
Las fachadas, puertas, paredes o ventanas de las casas del Centro Histórico de Quito, si se las mira con un mínimo de detenimiento, guardan una gran cantidad de sorpresas que incluyen figuras con formas humanas y animales y también frases que evidencian parte de la idiosincrasia de nuestra gente.
Ese es el caso de una edificación, que data aproximadamente de 1671, ubicada en la calle Cuenca, entre Bolívar y Rocafuerte, que posee un portal de piedra en el cual ha sido tallada la frase “Alabado sea el Señor”.
De ahí nació la idea de llamarla la Casa del Alabado, y desde hace casi un año funciona en ese sitio un museo que alberga una de las colecciones más grandes de arte precolombino ecuatoriano de culturas como la Machalilla, Chorrera, Bahía, Cosanga, Carchi, Manteño o Cañari, que datan de 4.000 a.C.
La Casa del Alabado se define como una institución cuyo objetivo primordial es contribuir al desarrollo de la cultura en Ecuador y es el resultado de la fusión de las colecciones privadas de tres personas que aprecian el arte desde diferentes perspectivas.
Uno de ellos es el empresario Mario Ribadeneira, quien tuvo en sus manos, por primera vez, una pieza precolombina hace 40 años y desde entonces este vicio, como él lo llama, no ha podido parar. “Mi casa se llenó de objetos precolombinos las últimas cuatro décadas. Pero llegó la etapa, hace unos 20 años, que empecé a pensar en la forma para compartir esta satisfacción con otra gente”, manifiesta.
Sin embargo, la idea del museo recién empezó a tomar cuerpo hace unos cinco años cuando los también coleccionistas Iván Cruz y Daniel Klein editan el libro Arte Precolombino del Ecuador en donde se incluyeron varias piezas de la colección privada de Ribadeneira. “Allí vimos que teníamos muchas cosas en común, entonces dijimos vamos con el museo”, explica el empresario.
Actualmente, la Casa del Alabado cuenta con un patrimonio arqueológico de cerca de 6.000 piezas en total. Pero en exhibición permanente se mantienen 500 figuras.
El museo cuenta, entre otras cosas, con sistemas de temperatura e iluminación especial que le permiten preservar las obras de las civilizaciones que vivieron en el territorio ecuatoriano hace miles de años. Estas condiciones cumplen, además, los estándares propuestos para museos reconocidos internacionalmente.
Ribadeneira prefiere no arriesgarse a cuantificar sobre la inversión hecha en todo el proceso de crear la Casa del Alabado, pero explica que las piezas solo cuando están juntas adquieren un valor que se convierte en incalculable, no solo en lo económico, sino sobre todo en lo histórico y estético.
La idea de estos tres visionarios, desde el principio, no fue crear únicamente un sitio de exhibición de arte precolombino, sino también un espacio para la investigación, los estudios culturales en donde los niños y jóvenes puedan encontrar una parte de su identidad y desde allí revalorizarla descubriendo que sus antepasados eran capaces de hacer obras de arte tan valiosas como los griegos o romanos.
Mario Ribadeneira espera también que esta iniciativa particular, que ha tenido gran aceptación en la capital, se convierta en el punto de partida para que otras personas u organizaciones decidan invertir con fondos propios en favor del arte y la cultura. “Soy optimista y deseo que este tipo de cosas sucedan con más frecuencia en Ecuador porque son positivas y las necesitamos”, resalta.
En abril próximo la Casa del Alabado cumple su primer aniversario. Para celebrarlo realizará una muestra temporal que tratará sobre amuletos y figuras en miniatura precolombinas.
“Soy optimista y deseo que este tipo de cosas suceda con más frecuencia en Ecuador porque son positivas y las necesitamos”.
Mario Ribadeneira
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