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El abuso también se aprende … en casa


Por fortuna cada vez son menos los padres que golpean a sus hijos para disciplinarlos… pero más los niños que le pegan a sus padres para doblegarlos. Si bien es normal que los pequeños expresen su frustración pegándole a otros porque no saben defenderse con palabras, es inadmisible que los padres permitan que los niños los golpeen.

Las razones para que esto ocurra son muchas. Una de ellas es que las películas y las series de televisión le establecen a los niños que agredir a los demás está bien, y hasta puede ser una hazaña que se les premia como pasa en los videojuegos. Esto ha dado lugar a que ellos sean hoy mucho más beligerantes y capaces de atropellar a quien se les antoje. Otra razón es que la camaradería e igualdad con sus mayores que ahora caracteriza las relaciones familiares ha llegado al extremo de que ya no hay diferencia jerárquica entre padres e hijos. Y de la sumisión de los hijos a la tiranía paterna, hace un par de generaciones, pasamos a una relación en la que son los padres los que están sometidos al abuso de sus hijos.

Es tan insólito y desconcertante que un niño se atreva a golpear a sus  padres que no sabemos cómo manejarlo cuando esto ocurre. Y como no tenemos un modelo de qué hacer, recurrimos a diversas medidas inefectivas, que van desde suplicarles que no lo hagan hasta pegarles para que aprendan a no hacerlo. Y con esto último lo que les enseñamos es que es correcto golpear cuando nos golpean.

La solución es cuestión de ejemplo y de actitud más que de castigos.  Por el bien de los niños hay que ponerle punto final a su agresividad desde el comienzo. Ellos necesitan percibir a sus padres como personas dignas, capaces de protegerlos y de contenerlos. Y por eso debemos impedir que nos golpeen, exigiéndoselo con firmeza, pero sin ruegos, ni golpes, ni insultos.  Somos nosotros los que les establecemos a los hijos lo que es apropiado en el trato con los demás … y al demandarles respeto hacia nosotros les estamos enseñando a respetar a sus semejantes.  El abuso, al igual que el respeto, también se aprenden en casa.

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