De los fracasos que una persona puede sufrir en la vida, tal vez el más doloroso es el de haber perdido una relación sentimental, mucho más si se trata de un matrimonio, todavía más si hay hijos de por medio. Debido a los cambios radicales que este golpe impone en el estilo de vida y en el manejo emocional de los involucrados, hay personas que tardan mucho tiempo en recuperarse, y otras jamás volverán a ver la vida como antes. Si en estas circunstancias le pedimos a la vida que nos conceda otra oportunidad para buscar la felicidad afectiva, ¿cómo podremos estar seguros de que ahora sí tendremos éxito?
Las respuestas no son optimistas, empezando con las estadísticas: El 60% de los segundos matrimonios terminan en divorcio; de estos, casi el 40% en los primeros 10 años. Un segundo matrimonio jamás será como el primero, que estuvo basado en muchísimas ilusiones, que ahora ya no existirán. La inmadurez e inocencia con que se empezó la primera vida (y que justificó muchos errores) no tendrán cabida en este nuevo escenario. Las responsabilidades (hijos, obligaciones económicas, etcétera) adquiridas en el primer intento tendrán también una fuerte influencia sobre el segundo.
¿Cómo sentirse preparado para enfrentar un desafío de esta magnitud y esperar tener éxito? No es fácil por ningún lado, pero con seguridad lo primero que hay que lograr es que del primer matrimonio no permanezcan vestigios emocionales destructivos como sentimientos de culpa, rencores, o la noción de que no se tuvo ninguna responsabilidad por el fracaso (ambos fallaron). Esto se logra mediante el paso de un tiempo prudencial, mucha reflexión madura e inteligente, y terapia personal si es necesario. Un error que puede ser mortal para una segunda relación es pensar que la clave para ser feliz es haber encontrado a la persona “correcta”. Más de medio mundo es correcto, y medio mundo está divorciado. Más importante es compartir el afecto, y la vida, con una persona de valores similares y expectativas realistas sobre el futuro de una relación que exigirá aun más comprensión, paciencia y solidaridad que la primera.
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