Soy una madre de cuatro hermosos hijos, hemos viajado debido al trabajo de mi esposo por varios países de Latinoamérica, nuestra situación económica era muy buena, pero se acabó, regresamos al país y la verdad es que hemos invertido todos nuestros ahorros en la educación de los chicos y lo necesario, decidimos abrir una cafetería la cual manejé, porque mi esposo consiguió trabajo en otra ciudad, pero lamentablemente quebramos, estoy superpreocupada por el futuro de mis hijos, de mi matrimonio, en fin, de mi familia.
Nunca he sido muy exigente, somos muy modestos en nuestro nivel de vida, a pesar de haber tenido un nivel de vida muy alto, lo que queremos es sentirnos tranquilos y poder dar a los chicos su educación y una vida normal. El problema soy yo, siempre he sido muy depresiva y ahora estoy peor, lloro todo el tiempo, no tengo deseos de hacer absolutamente nada, solo pienso de manera muy negativa. La verdad es que adoro a mi familia, es lo único que tengo y no quiero perderla. Mi esposo está también muy preocupado porque me siento mal. Él trabaja mucho, es muy buen esposo y padre.
N.N.,
Guayaquil
Hay una capacidad que permite a las personas sobreponerse a las adversidades de la vida, a eventos catastróficos o traumáticos para reconstruir e incluso mejorar las situaciones anteriores. Se llama resiliencia. Más que una lucha contra aquello que nos causa temor o depresión, es un lugar de confianza desde donde respondemos íntegramente para resolver lo que nos causa dolor o miedo. Desde su corazón, centrada y confiada en el amor que manifiesta, primero por su esposo y luego por sus hijos, en ese orden, permítase fluir.
En situaciones como la sufrida por su familia se pueden observar dos posibilidades: el que haya sufrido eventos traumáticos en su familia, que permanecen en usted, consciente o inconscientemente y que ahora surgen como una forma de lealtad ante el dolor de los que nos precedieron. O el hecho de que estos eventos traumáticos estén relacionados con la falta de reconocimiento hacia uno de sus progenitores –sobre todo la madre–, por cualquier motivo, justificado o no, que crea tener para rechazarlos.
Los padres son la raíz de la vida, más allá de lo que hayan hecho bien o mal. Quien toma a sus padres, toma la vida, el éxito y la felicidad. Quien los rechaza, también rechaza el éxito y la felicidad. El momento doloroso que vive es algo que representa aquello que ha sido rechazado. Si lucha contra la situación, si se lamenta de la misma sigue en la postura de rechazo. Si se pregunta: ¿qué me quiere decir esta situación?, ¿qué me quiere enseñar?, y luego mira hacia su madre y hacia su padre, y desde su corazón los reconoce y les dice: “Sí, de ustedes lo tomo todo, tal y como es, con gratitud, para honrar con mi vida haciendo lo mejor, a ti papá, a ti mamá, y a todos aquellos que me hicieron un lugar”, algo se transforma y el dolor y la depresión se retiran, así como la situación inestable y dolorosa. La base de este movimiento interior es la confianza y el amor que permiten fluir y tomar la vida. Ya no es necesario permanecer leales al dolor anterior.
Al contrario, este dolor y el que usted ahora sufre se desatan, se liberan, permitiendo a usted y a su familia fluir, tomar la vida con felicidad. La mirada con que reconocemos a nuestros padres genera un brillo interior que todo lo ilumina a su alrededor, desde su propio rostro, el rostro del amor.
Óscar Nieto Barquet,
psicólogo clínico.
Telfs.: 238-0467, (09) 849-6326.
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