Una de cada seis personas sufren algún tipo de alteración al tomar un avión, según la Organización de Aviación Civil Internacional.
El capitán Renato Donggillio, la psicóloga Marly Ayala de Rezzio y la ex jefe de cabina Elena Gui dictan seminarios para volar sin miedo.
Una de cada seis personas sufren algún tipo de alteración al tomar un avión, según la Organización de Aviación Civil Internacional. Hay trucos para hacer menos tenso el viaje.
Recuerda que el avión estaba próximo a aterrizar en República Dominicana y había mucho viento. Ya se había advertido a los pasajeros mantenerse en sus asientos con los cinturones de seguridad puestos cuando de pronto una mujer se paró y empezó a gritar: “Nos vamos a matar, nos vamos a matar, este avión se va a caer”. La nave estaba descendiendo y Elena le decía: “Señora, estamos aterrizando, tranquila, el avión no se está cayendo, mire la pista, todo está bien”.
Era inútil. La mujer estaba en shock. Tomó con fuerza por los brazos a la jefe de cabina y mirándola a los ojos le dijo: “Mi amor, no tengas miedo, yo sé que nos vamos a matar, reza conmigo”.
La escena era contemplada por los demás pasajeros y la señora se negó a sentarse. Elena debió aterrizar de pie junto a la pasajera, lo cual está contraindicado por seguridad.
La actriz dejó su trabajo como azafata hace 13 años, pero junto con una psicóloga y un capitán de vuelo iniciaron en octubre pasado un programa de seminarios-talleres para ayudar a las personas a perder el miedo cuando deben hacer un viaje aéreo.
Según la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), una de cada seis personas sufre alteraciones de distinta índole al momento de volar.
Se calcula que solo el 5% de los pasajeros aborda un avión sin temores de ningún tipo.
Información proporcionada por Tagsa (Terminal Aeroportuaria de Guayaquil S.A.), indica que hasta octubre de este año el tránsito de pasajeros por el Aeropuerto Internacional José Joaquín de Olmedo de Guayaquil fue de 3’010.161 personas. Si se toma como referencia esas cifras, solo 150.508 habrían viajado sin temor alguno, el resto tuvo distintos niveles de preocupación, aunque no lleguen al pánico.
El miedo extremo a volar puede unirse a otras fobias como la claustrofobia (miedo a espacios cerrados), acrofobia (miedo a las
alturas) o agorafobia (miedo a tener ataques de pánico en lugares de donde no se puede escapar), todo esto sumado a una sensación de no tener el control.
Precisamente, una viajera frecuente, que pidió mantener su nombre en reserva, asegura que su miedo es porque no tiene el control del avión. “Cuando voy en carro no me asusto porque yo manejo, además, ¿qué probabilidades de salir viva de un accidente aviatorio tengo?”, se pregunta.
Se justifica además en que alguna vez que iba rumbo a Miami pájaros ingresaron a las turbinas del avión, empezó a oler a quemado y debieron regresar. Comenta que en vuelos locales se tiene prohibido tomar aviones pequeños, porque se mueven mucho. Ella busca en fármacos o licor una manera de calmarse para volar, pero no lo logra, “voy de todos los colores”, relata.
El capitán de vuelo Renato Donggillio, quien junto a Elena Gui y la psicóloga Marly Ayala de Rezzio ofrecen los seminarios ‘Perder el miedo a volar’, dice que se debe explicar a las personas cómo opera una aeronave y que es una de las maneras más seguras de viajar. Normalmente se teme a lo desconocido. Con ello coincide la psicóloga.
“En los seminarios trabajo con terapia cognitiva, es decir, cuando la persona entiende a lo que va, va tranquila, porque nuestros miedos se producen por cosas desconocidas. Entonces, prácticamente tenemos entregarle nuestra vida a un piloto del que no sabemos nada”, agrega Marly Ayala.
Ella advierte que es necesario que el viajero temeroso sepa cómo se trabaja en el área de pilotos, cuál es el mantenimiento de la nave y su situación técnica, qué significado tiene cada luz o señal que se enciende, entre otros.
Aunque no lo parezca, las recomendaciones que hace la tripulación sobre puertas de emergencia, equipos de auxilio que tiene el avión y otras dan tranquilidad a quienes las escuchan porque saben cómo deben actuar si se presenta una emergencia, a diferencia de quienes las ignoran y pueden caer en pánico solo al pasar por un área de turbulencia, porque al abordar se bloquearon para no oír por el mismo pavor a lo que creen, es un peligro, advierte Gui.
Donggillio recuerda que hasta hace un tiempo se recomendaba al viajero visitar la cabina de mando, pero las regulaciones internacionales se hicieron más severas a partir del 11 de septiembre del 2001 con el ataque terrorista aéreo que en Estados Unidos acabó con las torres gemelas, causando la muerte de cientos de personas. Desde entonces prácticamente estas áreas fueron blindadas.
Justo el 11 de septiembre de este año, la diseñadora gráfica Candy Wong, a sus 22 años, tomó por primera vez un avión para ir de vacaciones a Colombia. La joven recuerda que nunca antes había viajado por ese medio porque desde niña soñaba con accidentes aéreos y le aterraban.
La noche anterior casi no pudo dormir y asegura que sintió escalofríos al abordar. Tampoco probó alimento.
La coincidencia de la fecha fue traumática para Candy, porque tratando de calmar su pavor tomó un periódico y se encontró con fotos y reseñas del 11-S que la intranquilizaron todo el trayecto. Para ella fue una tortura y todavía no sabe si se atreverá a volver a usar ese medio de transporte en algún momento.
Alina Cedeño, propietaria de un local en San Marino, asevera que con ella nada funciona. Subir a un avión la pone tensa. A Quito prefiere viajar por tierra y hace meses debió ir a Miami por trabajo pero lo sigue postergando, aunque su pasaporte confirma múltiples salidas del país.
Lo ideal, afirma Marly Ayala, es dictar los seminarios de control del miedo a volar en aeropuertos. Sin embargo, refiere, son válidos en cualquier espacio.
La especialista dice que en los seminarios es posible perder el miedo a volar, pero cuando hay un lapso largo entre un vuelo y otro es necesario repetirlo cuantas veces la persona lo crea necesario. Aclara que casos de fobia requieren un tratamiento profesional más largo e incluso en otros países se recurre a vuelos cortos de prueba en compañía de un psiquiatra para preparar al viajero antes de un trayecto largo.
Añade que el temor es más intenso en quienes se desplazan una o dos veces al año. Los nervios son menores en los viajeros frecuentes. “Hay un momento en que la sobreexposición a un miedo hace que este se pierda”.
Elena Gui hace referencia a quienes recurren a las bebidas desde la sala de espera “para darse valor” o los que dicen “me tomo una pastilla y duermo automáticamente al ponerme el cinturón de seguridad”.
Por regulaciones no se debe permitir abordar a estas personas, porque al superar los efectos de fármacos o alcohol no se sabe cómo van a reaccionar, advierte al comentar que la tripulación es responsable de esto y la gente debe estar clara que al tratar de calmarse con esos métodos podrían enfrentar un contratiempo mayor: no viajar.
La ecuatoriana María Fernanda Drouet, quien es azafata hace ocho meses de Qatar Airways y antes fue auxiliar de vuelo de Lan por más de tres años, confirma que cuando se observa a una persona muy nerviosa se le recomienda cancelar el vuelo.
A criterio de Drouet en los casos complicados se aconseja que busquen ayuda médica para que se les prescriba un calmante, ya que la línea aérea no los suministra.
Las rutas de vuelo de Druet son desde Medio Oriente hacia cinco continentes y su perfil de pasajeros es variado. Afirma que los casos de más ansiedad son previo a emociones fuertes como separaciones de seres queridos, pero la tripulación está preparada para dar ayuda, aunque, insiste, no proporcionan ansiolíticos.
Modelo: Martha Pine
Locación: Aeropuerto Internacional José Joaquín de Olmedo.
Consejos de los especialistas
La psicóloga Marly Ayala es clara en que nadie debe automedicarse. En casos necesarios hay que acudir a un psiquiatra porque no se puede predecir la reacción de una persona ansiosa a bordo.
El capitán Renato Donggillio dice que la tripulación debe controlar a una persona que entra en pánico, porque este es contagioso, los demás pueden asustarse o al menos empiezan a preguntar si realmente pasa algo con el avión.
La psicóloga agrega que el pasajero debe estar consciente de que volar es la forma más segura de desplazarse. Hay que conocer cómo funciona el avión, por qué se producen las turbulencias, qué función tiene cada sonido o luz que se activa en la nave.
La ex auxiliar de vuelo Elena Gui cree que las personas nerviosas deben evitar sentarse en la parte de atrás del avión porque ahí se sienten más los movimientos.
Las personas que son hiperactivas, cuando ya ha pasado una hora de vuelo, pueden pararse de sus asientos, ir al baño y regresar, es una manera de estirarse y relajarse.
El capitán añade que hay líneas aéreas que enseñan rutinas de ejercicios a bordo para distraer a los pasajeros.
En tanto, María Fernanda Drouet recomienda a las personas tensas al volar llevar artículos que lo distraigan durante el viaje como naipes o libros. “Aunque durante el vuelo pueden disfrutar del sistema de entretenimiento (música, cine) no viene mal llevar algo extra”, comenta.
Con ella coincide Elena Gui, quien dice que al despegar o aterrizar son muy útiles los crucigramas, rompecabezas y otros juegos de mesa no electrónicos. En el resto del vuelo, “cuando las señales lo permiten se puede escuchar la música favorita, usar laptop, todo ese tipo de cosas que nos hagan sentir como en casa, nos hagan sentir seguros”.







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