Los motivos son diversos y más de uno le resultará familiar: “Tengo ganas de tomarme una cerveza con mis amigos, hablar de fútbol o jugar play station”, “quiero ir de compras, ponerme al día con mis amigas y tomarnos un café”. Pero sin pareja. Las razones cambian, pero el pedido implícito es el mismo: quiero o –más bien– necesito mi espacio.
Realizar actividades personales, sin su pareja, resulta saludable a la relación. La clave está en negociar.
Sí, ese espacio para desarrollar otras actividades personales que no incluyen al novio, la enamorada o el cónyuge. El tema genera reclamos y más de una pelea entre las parejas.
Diana, 23 años y recién casada, es clara: “Él puede salir con sus amigos, siempre que me avise; el problema es que cuando los hombres te quieren conquistar dejan todo de lado, el fútbol, las salidas, para dedicarse a ti, y cuando ya los aceptas entonces reclaman el espacio, cuando tú ya te has quedado mal acostumbrada a ellos”.
Ramiro, 27 años, cree que es un asunto de comunicación. Dice que cuando empiezas a salir con alguien dedicas más tiempo a conocerte, pero luego hay la confianza para decirle que quieres realizar determinada actividad a la que has estado acostumbrado. “Y eso no quiere decir que no la ame o que voy a salir para irme con otras mujeres, hay ratos en los que uno necesita estar solo entre hombres”.
Reclamar un espacio para cada persona no tiene por qué convertirse en una guerra de sexos.
Sonnia Navas, magíster en Terapia Familiar Sistémica, asegura que es saludable y una respuesta propia del ser humano requerir un espacio para poder realizar actividades profesionales, deportivas, sociales. “Lo importante es que este sea negociado en pareja, es decir, que cada quien delimite el terreno que será compartido y el que no”.
El psicólogo Eduardo Santillán coincide con ella. Explica que es “imprescindible” que cada integrante de la pareja tenga su espacio por salud mental, familiar y conyugal. “El hecho de que tengan vida en común no implica que el cónyuge tenga que ser la sombra (...), cada uno debe entender que su rol es de un participante activo, no de subyugada o subyugado”.
Pero ¿qué pasa cuando uno de los dos se opone? La especialista asegura que la base de toda relación es la comunicación y el respeto y generar confianza mutua. Por tanto es necesario dejar de lado la postura de dominancia, centrarse en lo positivo que encontramos en la pareja y aprender a negociar.
“Tener siempre presente que nadie puede llenar todos nuestros vacíos afectivos eso es humanamente imposible”, señala ella.
Pedir un espacio está presente en ambos géneros, pero en distintas formas de expresión. El hombre por su naturaleza práctica pide con claridad lo que necesita, la mujer ve la situación de forma más subjetiva.
Santillán ofrece una fórmula: desarrollar cinco factores claves para fortalecer la confianza y entender el espacio del otro: la amistad, la admiración, la atracción personal (que no es solo física), tener proyectos y actividades en común y metas personales. (K.V.)






