Los vínculos afectivos pueden debilitarse por la falta de principios y valores. También por los resentimientos que se han transmitido de generación en generación.Cada día las personas están más bombardeadas por el placer de los sentidos que casi ya no se escucha hablar de los principios y valores que antes eran una norma en la educación familiar. Y es precisamente la falta de este compromiso que incide para que existan rupturas familiares.
Estas separaciones han existido a través de los tiempos, la diferencia es que actualmente se goza de mejores tecnologías comunicacionales y estadísticas, donde la sociedad cree que son mayores las rupturas en el presente en relación con el pasado. Pero no es así.
Según el psicólogo clínico Samuel Merlano, estas rupturas se han transmitido de generación en generación porque las crisis que las generan son realmente internas; donde se involucran la afectividad, la comunicación, la sexualidad y las virtudes de las personas (la tolerancia, el respeto, la paciencia o la aceptación).
“Las personas suelen echar la culpa de las separaciones o distanciamientos familiares a los elementos externos como son el trabajo, las tecnologías, los hobbies, entre otros, pero estos son solo el espejismo de las verdades que se ocultan internamente y en donde al igual que esos animalitos que dañan las raíces de esos grandes árboles, asimismo, existen estos factores invisibles donde a veces las familias silenciosamente lo callan, lo ignoran o lo evaden”.
Merlano refiere que a través del tiempo se van demostrando los síntomas iniciales de una gran ruptura, como son los resentimientos, rencores, amarguras, ofensas, heridas emocionales y en el peor de los casos sentimientos estructurados como odio o venganza, entre otros.
Un ejemplo de resentimiento es el de Ramiro. Él tiene 24 años y dos problemas serios: su carácter y su dificultad afectiva. ¿La razón? Sus padres no le brindaron amor, sino maltrato físico y psicológico en el proceso de su crecimiento.
“Cuando estaba en el colegio me costaba integrarme con mis compañeros y siempre hacía problemas, porque sentía celos al ver que otros eran el centro de atención o se mostraban más atractivos ante una chica”.
Años más tarde, en el trabajo, a Ramiro le costaba formar parte del equipo laboral y eso fue motivo de despido. “Cuando me invitaban a participar de algún proyecto siempre me excusaba diciendo que estaba muy ocupado y si me insistían mucho me irritaba al punto de ser áspero con mis palabras creando malestar y conflicto con mis compañeros”.
Su despido, dice, causó que se acrecentara su malestar emocional echándole la culpa a sus padres, porque no supieron transmitirle afecto, aceptación y tolerancia. “También tuve problemas con mis relaciones afectivas, porque era agresivo, celoso y controlador, asfixiando así la relación”.
Ramiro asegura que no puede ver a su padre, porque guarda un fuerte resentimiento, por la forma como él lo maltrató: “Un día me dijo: ¡haré de cuenta que tú no existes! Eso me produjo dolor, enojo y tristeza”.
Rupturas frecuentes
La psicóloga clínica Rosita Sánchez Laserna indica que el maltrato verbal, emocional o físico es una de las rupturas familiares más frecuentes. Lastimosamente la historia familiar de estas personas está plagada del mismo maltrato, lo que conlleva a la repetición de patrones y a ver inconscientemente como natural este tipo de trato.
Merlano refiere que así, como en el caso de Ramiro, en cualquier familia donde haya ausencia de afecto, de comunicación y aceptación, estos factores siempre serán un generador de problemas emocionales que van carcomiendo las relaciones intrafamiliares y, por ende, las relaciones interpersonales. Por lo tanto deberían evitarse.
“Existen familias en las que la ausencia afectiva ha creado problemas en los componentes familiares de sus propios hijos e hijas, a tal punto de que todos hayan tenido fracasos matrimoniales por su “analfabetismo afectivo”.
Son personas, agrega, que les cuesta transmitir amor como abrazos o besos a los seres que quieren y, por el contrario, les muestran mucha rudesa, irritabilidad y agresividad, porque no saben cómo manejar esos sentimientos negativos”.
Frente a estos casos, refiere el psicólogo, las personas afectadas dentro del núcleo familiar tienen que hacer conciencia de que estas emociones dañinas pueden ser reemplazadas por emociones positivas. Deben sanar las heridas emocionales a través del perdón y de poner punto final a las experiencias vividas en el pasado. Y a partir de ahora al igual que un niño que empieza a caminar deben hacer pequeños comportamientos de cambio donde se transmitan expresiones afectivas.
“Muchos dirán que no es tan sencillo cambiar, porque no les nace demostrar afectividad. Sin embargo, con terapia psicológica el paciente va comprendiendo que estos se van dando con las nuevas acciones y posteriormente tendrán los sentimientos positivos”.
Muchas expectativas
La psicóloga clínica Sonnia Navas Gafter dice que los conflictos familiares se agudizan cuando las personas tienen elevadas expectativas frente a las actitudes de sus parientes y, por ende, sus exigencias son iguales. Por ejemplo, en un hijo adulto que espera que su madre se encargue de cuidar a sus hijos cuando él va a divertirse con su esposa; y si ella no lo hace, su hijo se ofende o resiente y transmite este malestar a los otros miembros de la familia creando un caos en el sistema. En vez de asumir su rol de adulto.
Esto, agrega, generalmente se da por falta de madurez, exceso de posesión o por no aceptar el rol actual que se tiene. Toda expectativa exagerada genera conflictos y no permite que las relaciones afectivas entre los miembros de la familia se den con naturalidad.
Otros conflictos familiares suelen darse con los suegros, porque la familia política no siempre tiene los mismos intereses que los yernos o nueras y, además, con la familia de origen, sin contar las innumerables dificultades que puede haber con hijos adolescentes o en las familias reconstituidas. Ante estos inconvenientes familiares, la solución está en el diálogo frontal y la aceptación de las características individuales de cada ser humano.
Por último, otra forma de evitar las rupturas, dice Rosita Sánchez, es mediante una estructura de educación en principios y valores y, sobre todo, enseñando a los hijos a asumir desde pequeños las consecuencias de sus actos y aprendiendo a transmitir amor.
Agenda
Conferencia ‘¿Quién se robó mi familia?’, disertada por fray Nelson Medina. Es organizada por la Fundación Educar en Cristo con el propósito de continuar con el programa de becas para 470 alumnos de la escuela y colegio de la fundación. También para alimentación de 100 niños del comedor de Puerto Hondo, entre otros programas.
Fecha: 9 de septiembre del 2011.
Horario: 20:00.
Costo: $ 10.
Lugar: Palacio de Cristal, en el Malecón.
Informes: 299-1553, 299-0963.
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