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Sigue tu corazón

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Conozcamos la fuerza interna que nos hace  seguir lo que sentimos en nuestras entrañas y confiar en nuestras corazonadas.

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Traducción de una frase de Henry David Thoreau (1817-1862), escritor y filósofo estadounidense, que fue encontrada en un paraje de la serranía.


Conozcamos la fuerza interna que nos hace seguir lo que sentimos en nuestras entrañas y confiar en nuestras corazonadas.

En el transcurso de nuestras vidas nos hemos encontrado con situaciones que muchas veces nos han hecho morder el polvo. Sin embargo, hay otras en las que la vida nos devuelve el aliento que nos inspira a seguir adelante.

Frente a estas decisiones talvez trascendentales hemos recibido alguna vez el buen consejo “sigue tu corazón”.

Pero, qué puede decirnos nuestro corazón que vaya más allá de lo que la inteligencia, o el conocimiento, o la experiencia sentencian. Para unos es el sexto sentido que lleva a una madre a anticipar el peligro que corren sus hijos; el olfato de un bombero que anticipa en cuestión de segundos que el techo de una casa en llamas va a desplomarse; o la voz interior que hace que un alto directivo tome una decisión correcta ante un importante negocio.

Esta sensación de anticiparnos a un hecho de una manera consciente o inconsciente, sin la participación del pensamiento es lo que la psicología define como intuición. Es, en otras palabras, el conocimiento que no sigue un camino racional para su construcción y formulación y, por lo tanto, no puede explicarse o incluso verbalizarse.

Podemos relacionar ese conocimiento o información con experiencias previas, pero por lo general somos incapaces de explicar por qué llegamos a una determinada conclusión. Las intuiciones suelen presentarse más como reacciones emotivas repentinas, sucesos o sensaciones, que como pensamientos abstractos elaborados.

El cerebro humano consta de dos hemisferios que manejan áreas muy diversas de actividad, y funcionan de modo muy diferente, aunque complementario. Podría decirse que cada hemisferio tiene su personalidad y, en cierto sentido, perciben su propia realidad; o talvez deberíamos decir, perciben la realidad a su manera pero de forma complementaria. Mientras el hemisferio izquierdo procesa la información analítica y secuencialmente, paso a paso, de forma lógica y lineal; el hemisferio derecho es intuitivo en vez de lógico, piensa en imágenes, símbolos, sentimientos y emociones, tiene capacidad imaginativa y fantástica, espacial y perceptiva, maneja por decirlo así de manera automática nuestras funciones básicas.

Estas dos fuerzas de nuestro cerebro confrontan a toda hora los caminos planteados por Johann Friedrich Schiller, filósofo alemán: “Ambos buscamos la verdad, tú, fuera, en la vida, yo dentro en el corazón y así la encontraremos sin duda cada uno. Si el ojo está sano encontrará fuera al Creador; si está sano el corazón reflejará en su interior al Mundo”.

Con el modo de procesar la información usado por el hemisferio derecho, lugar del conocimiento holístico (del griego holos o totalidad), se producen las llamaradas de intuición, momentos en los que todo parece encajar sin tener que explicar las cosas en un orden lógico. Cuando esto ocurre, uno suele exclamar espontáneamente «¡Ya lo tengo!». El ejemplo clásico de este tipo de exclamación es el exultante «Eureka» (¡lo encontré!) atribuido a Arquímedes.

Aunque no debemos confundir la intuición con el instinto, estas son dos facultades muy cercanas, ya que ambas se procesan en el mismo hemisferio (derecho). Podríamos decir que la intuición es nuestra versión evolutiva y humana del instinto que poseen los animales (aunque nosotros tenemos las dos).

La palabra “corazón” que proviene del latín cor o cordis, y del griego kardia, se ha usado por años para describir al núcleo en donde se generan todos nuestros pensamientos, creencias, valores, motivaciones y convicciones; en definitiva, el centro de operaciones desde donde se direccionan las decisiones que impactan cada área de nuestra vida.

Laura Pausini en su canción Ascolta il Tuo Cuore nos invita a seguir nuestro corazón y a escucharlo hasta donde nos lleva el alma; pero cuidado con usar siempre esa estrategia, porque en general seguir tu corazón significa hacer cualquier cosa que te parezca bien hacer en el momento, sea esta correcta o no.

Al seguir nuestro corazón o actuar por intuición “pensamos sin pensar”, tomamos decisiones no tan simples en segundos desde lo profundo de nuestras entrañas, pero por qué algunas personas son brillantes a la hora de decidir y otras son torpes una y otra vez; por qué algunos siguen su intuición y triunfan, mientras otros acaban siempre dando un paso en falso; cuál es el funcionamiento real del cerebro en el trabajo, en clase, en la cocina o en la cama; y por qué las mejores decisiones suelen ser las más difíciles de explicar.

Malcolm Gladwell, sociólogo y psicólogo canadiense, aclara que los buenos tomadores de decisiones no son aquellos que procesan más información o que dedican más tiempo a deliberar, sino aquellos que han perfeccionado el arte de hilar fino, de extraer los pocos factores que realmente importan a partir de una cantidad desmesurada de variables.

Si aceptas el desafío, debes tener la convicción de no solo seguir tu corazón sino decidir cómo guiarlo, sin que los factores externos influencien sobre él.

Educar la inteligencia intuitiva
La inteligencia intuitiva es un mecanismo oculto, que vive dentro de nuestro inconsciente. Esta es la razón por la que a veces tomamos decisiones con mucha seguridad; pero si nos preguntan el porqué, no sabemos explicarlo.

Nuestro cerebro cuenta con un componente que nos permite sacar conclusiones certeras en cuestión de segundos denominado inconsciente adaptativo, constituyéndose en uno de los campos de estudio más importantes de la psicología moderna.

Todos tenemos ese potencial, pero como todo en la vida, es necesario entrenarlo y practicarlo.

Vivimos en un mundo que da por sentado que la calidad de una decisión está directamente relacionada con el tiempo y el esfuerzo dedicados a adoptarla, por eso desconfiamos de esta clase de cognición rápida.

Cuando nuestra facultad de cognición rápida fracasa, lo hace por razones muy concretas y sólidas, y esas razones pueden identificarse y conocerse. Es posible aprender cuándo conviene escuchar a nuestro potente ordenador de a bordo y cuándo desconfiar de él.

En momentos difíciles
Ya sea en lo sentimental, en lo afectivo, en lo rutinario o en lo profesional podemos valorar que una decisión es la correcta en la medida de su nivel de espontaneidad; pero actuar espontáneamente implica tener gran inteligencia. Y conseguir esto es difícil porque la mayoría de las personas podemos tener reacciones falseadas, deformadas y reprimidas por falta de inteligencia emocional en el momento más importante.

Muchas veces nos encontramos abatidos, sin saber dónde ir, pensando si aquello que tanto nos preocupa tendrá el final que deseamos. Es que el momento de tomar decisiones muchas veces es el punto en donde puede cambiar drásticamente nuestro destino.

La experiencia nos dice “nunca cortes un árbol en época de sequía (invierno en países de cuatro estaciones); podrás darte cuenta al momento de la cosecha que de ese tronco marchito salieron brotes nuevos”, por eso no deben tomarse decisiones importantes en tiempo adverso o cuando nos encontramos en un estado de ánimo difícil. Después de la sequía y con paciencia llegará una época de bonanza. Talvez esto no se cumpla siempre, lo que sí es cierto es que una decisión importante para nuestra vida no puede postergarse indefinidamente.

Con frecuencia, muchas personas recurren a lo que sienten cuando necesitan tomar una decisión difícil; pero la conclusión de ciertos estudios psicológicos señala que esto no es siempre una buena idea, porque los sentimientos de las entrañas en ciertas ocasiones indican un camino que no resuelve el problema y más bien tienden a empeorarlo.

Esto lo demuestran los últimos estudios publicados por la revista de la Asociación para la Ciencia Psicológica, en los que se señala que el nivel de confiabilidad de nuestra intuición varía con respecto a las modificaciones físicas que sufre nuestro cuerpo diariamente. Y es que, cuando hablamos de la intuición procedente del cuerpo, o seguir lo que sentimos en nuestras entrañas, o confiar en nuestras corazonadas, según explica Barnaby D. Dunn, psicólogo del Consejo de Investigación Médica de la Unidad de Cognición y Ciencias del Cerebro en Cambridge, hay realmente un vínculo muy directo entre los latidos del corazón y las decisiones que tomamos.

Los estudios del Dr. Dunn pueden ayudar a explicar cómo la toma de decisiones puede ser positiva o negativa; y si bien no indican que el corazón sea el que nos dice qué decisión debemos tomar ni tampoco apuntan a que este mejore la toma de decisiones, sí logra encontrar evidencias de que hay algo que nos hace confiar o desconfiar en nuestro corazón.

Los investigadores trataron de encontrar un vínculo entre el corazón y la mente, y lograron determinar que las personas que son más conscientes de sus latidos del corazón eran capaces de tomar las mejores decisiones basadas en una corazonada.

“Saber cuándo confiar y cuándo descartar las intuiciones puede estar relacionado en la medida en la que los individuos toman decisiones óptimas en momentos cruciales de sus vidas”.

Reconozcamos las señales
La neurociencia admite que, para que brote la respuesta intuitiva a un problema, antes debemos ser capaces de identificar e interiorizar suficientemente la situación; después, y de manera que no nos resulte consciente, debemos poder incubar una solución.
Luego, y en cualquier momento, emergerá la señal intuitiva. Cualquiera sea el caso, una vez que de manera repentina ha brotado la intuición, y se ha reconocido y registrado como tal en la conciencia, será el turno de la razón analítica para complementarla.

Hay que reconocer esa especie de sexto sentido que es nuestra intuición, y no la confundamos con el instinto, con una opinión, con un deseo, con una apuesta al futuro o con una reflexión. Estemos atentos a estas señales intuitivas repentinas (frases, gestos, imágenes, sensaciones y emociones) y procuremos registrarlas en la conciencia antes de que sucumban a su censura.


Importante
• Los prejuicios
• El exceso de información
• La rigidez en el proceso de toma de decisiones
• El estrés
Comentarios (1)Add Comment
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escrito por Lola Villacreses, septiembre 25, 2011
Gracias por su analisis! Muy util en nuestro diario vivir! Hay un libro llamado Anda donde el Corazon te lleve de Susana Tamaro, que lo lei en italiano cuando eramos novios con mi esposo. Se lo recomiendo. Saludos desde Galapagos, Lola

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