Soy un hombre de 35 años y empecé a beber desde los 17. Hace casi dos años lo dejé gracias a la comunidad de Alcohólicos Anónimos al aceptar que tenía un problema. Fue duro para mí, pero era el primer paso a dar para tener un cambio. Puedo decir que nunca me quedé dormido en las calles, ni robé ya que yo tenía una idea de que alcohólicos eran los de los parques y sin familia, así es el estigma de la sociedad.
Eso me hizo siempre dudar de que no tenía problema con la bebida, pero ahora sé que no es la cantidad ni cada qué tiempo se consume, sino el efecto que produce en mí si bebo. Mi fondo fue que sin haberme preparado ingresé a una gran empresa. Ese era mi sueño y empecé desde abajo y poco a poco fui ascendiendo, yo ya casi ni bebía puesto que estaba entregado a seguir escalando. En dos años en esa empresa ya tenía el cargo de administrador, me sentía casi realizado. De repente, sin darme cuenta, empecé nuevamente a consumir licor cada vez que estaba libre y ya empezaba a faltar, y en mi segunda falta me sacaron, lo perdí. Eso me hizo reflexionar y aceptar que tenía un problema y pedí ayuda en A.A.
Ahora sé que el alcoholismo es una enfermedad que está en la mente por no saber manejar mis emociones A.A. no es religioso, pero sí espiritual. En el tiempo que llevo se ha producido un milagro en mi vida. He tenido muchas circunstancias duras y difíciles como la muerte de una sobrina, pero la mano de A.A. ha estado ahí para escucharme. Yo solo les puedo decir a las personas que tienen un problema con la bebida que se den una oportunidad y que no desprecien lo que no conocen y así se evitan años de sufrimiento y somos anónimos. Si alguien necesita ayuda puede llamar a los teléfonos 231-2882 y 230-9023, es la oficina de información a nivel nacional de Alcohólicos Anónimos.
Wylly,
Guayaquil
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