Hace un año tres meses envié una carta a El Especialista en la que contaba que mi hija de 16 años sufría de tartamudez, es decir, un trastorno del habla. Cuando le tocaba hablar en público se ponía muy nerviosa y se cohibía delante de sus compañeros de clase. La mayoría se le reía cuando hablaba, lo que aumentaba su problema, por eso prefería quedarse callada. En cambio, otros sí la comprendían y no se le burlaban.
La terapeuta de lenguaje que respondió la carta que envié y que luego la atendió en su consultorio nos entrevistó a mí junto con mi esposo y nos explicó que había muchos casos de tartamudez en el país y en el mundo. Después de esta introducción habló a solas con nuestra hija y luego nos reunió a todos. Nos dijo que una solución para descubrir el problema de mi hija era hipnotizándola. Usó música de fondo muy baja y le iba diciendo que estaba en un sitio muy bonito; esto era para que fuera abriendo poco a poco su mente.
Según la terapeuta, la tartamudez de mi hija fue causada por un trauma de la infancia. Alrededor de los 5 años había experimentado un gran susto que la impresionó demasiado.
Después mi hija se sometió a cuatro o cinco sesiones con la terapeuta. A raíz de la segunda consulta noté una mejoría. Incluso en la tercera perdió el miedo a salir por las noches, sin la terapia no lo habría logrado, ya que padecía de mucho temor, lo peor es que nunca nos decía nada de lo que le pasaba. En cambio ahora es más segura de sí misma; yo diría que en un 85% ella ya puede expresarse en público y su tartamudez no es tan notoria.
Anita
Pasaje, El Oro
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