Soy una joven soltera de 31 años con una buena educación, un trabajo que me gusta y un grupo de excelentes amigos con quienes me divierto y farreo. Hasta ahí mi vida era perfecta, pero algo me preocupaba y era ver que mis amigos iban uno a uno casándose o comprometiéndose y yo seguía sola, a pesar de que me considero una mujer bonita y simpática.
Yo me sentía feliz por ellos porque encontraban a alguien que complemente sus vidas, pero a la vez me sentía mal porque pasaba el tiempo y yo no tenía un novio con quien compartir algo más que una amistad. Incluso tenía un compañero de trabajo que me gustaba y según yo también le gustaba, pero nunca me invitó a salir; llegué a pensar que estaba equivocada. No entendía qué me estaba pasando, por qué nadie se acercaba a mí.
Todos me conocían como una persona positiva, que siempre estaba de buen humor, pero cuando llegaba a mi dormitorio me deprimía mucho. Un amigo que había leído algunos casos en El Especialista me aconsejó consultar a uno de los profesionales. Al principio dudé, pero después me decidí. El psicólogo me hizo ver todas las cualidades que yo tenía como persona y eso me hizo sentir segura. Además me dijo que todo tiene su tiempo y que si aún no había llegado la persona ideal para mí, en algún momento lo haría. Así sucedió y al cabo de unos días coincidí en un sitio con mi compañero de trabajo que me gustaba, empezamos a salir y dos meses después me pidió ser su novia, y acepté feliz. Después de todo es verdad que todo llega en su momento.
Ana María,
Guayaquil
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