Siempre fui un hombre insoportable. Me invadía el coraje, era sarcástico y explosivo, sobre todo cuando no estaba de acuerdo con los demás. Mi forma de ser era la fiel copia de mi padre. En cambio, mi madre era tranquila y equilibrada. Constantemente me decía que nadie me iba a soportar, que debía aprender a escuchar y a respetar las opiniones de los demás. Tomé conciencia de mi mal comportamiento cuando me enamoré por primera vez, a mis 27 años, e hice sufrir a mi novia. Ella me amaba, pero decidió apartarse de mí porque no me soportaba.
Decía que se sentía incómoda cada vez que protestaba en una tienda, restaurante o en cualquier sitio. Ella siempre me pedía que cambiara, porque mi grave error era pensar que tenía la razón en todo. Cuando me dejó, me dolió tanto que recién comprendí que debía mejorar mi carácter. Acudí hace dos años donde un psicólogo de El Especialista, experto en inteligencia emocional. Me ayudó mucho a comprender que mi comportamiento no era el adecuado, que tenía frustraciones, baja autoestima y que mis explosiones de mal carácter eran consecuencia de mis traumas de la infancia y problemas con mi padre. Aprendí a reconocer mis defectos y mis errores.
Además, a tener autodominio y a respetar el criterio de los demás. No es fácil. Es un proceso que toma su tiempo, pero estoy seguro de que seguiré mejorando.
Fabricio,
Guayaquil
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